Casados por obligación

Capítulo 7: Una confesión accidental

Después de escuchar la respuesta de Jesús, Tania pasó el resto de la fiesta intentando actuar con normalidad.

Pero no podía.

Cada vez que lo veía, recordaba aquellas palabras.

"Sí... creo que sí."

Su corazón se aceleraba sin control.

Esa noche, cuando la reunión terminó, Jesús se ofreció a acompañarla a casa.

El camino estuvo extrañamente silencioso.

—¿Todo bien? —preguntó él.

—Sí.

—Estás muy callada.

—Estoy cansada.

Jesús no pareció convencido.

Al llegar, Tania se despidió rápidamente y entró a la casa.

Pero al cerrar la puerta, apoyó la espalda contra ella y suspiró.

—¿Qué me está pasando?

Mientras tanto, en la sala, Fernanda, Ani, Diego y Camila estaban reunidos.

—Tengo información importante —dijo Jatziry entrando corriendo.

—¿Qué pasó? —preguntó Diego.

—Jesús dijo que le gusta Tania.

Todos gritaron emocionados.

—¡LO SABÍA!

—¡YA CAYERON!

—¡ESTO ES HISTÓRICO!

Al día siguiente, Tania decidió ir a la biblioteca para distraerse.

Sin embargo, mientras buscaba un libro, alguien chocó accidentalmente con ella.

Los libros cayeron al suelo.

—Lo siento muchísimo.

—No te preocupes.

Era un joven llamado Daniel.

Amable, divertido y estudiante de otra facultad.

Después de ayudarla, comenzaron a conversar.

Lo que ninguno de los dos notó fue que Jesús acababa de entrar al edificio para recogerla.

Y los vio riendo juntos.

Otra vez.

Cuando Tania salió de la biblioteca, encontró a Jesús esperándola.

—Hola.

—Hola.

—¿Sucede algo?

—¿Quién era él?

Tania sonrió de inmediato.

—¿Celoso otra vez?

—No.

—Sí.

—Tal vez.

—Jesús...

—Solo preguntaba.

Tania soltó una carcajada.

—Se llama Daniel y solo me ayudó con unos libros.

Jesús pareció relajarse.

—Bien.

—Definitivamente estabas celoso.

—No tanto.

—Claro.

Mientras caminaban hacia el automóvil, comenzó a llover de repente.

En cuestión de segundos quedaron empapados.

Ambos corrieron buscando refugio y terminaron bajo el techo de una pequeña cafetería.

Entre risas y gotas de lluvia, se miraron a los ojos.

Por unos segundos, el mundo pareció detenerse.

Ninguno apartó la mirada.

Ninguno dijo una palabra.

Y por primera vez, ambos sintieron que aquello ya no parecía un matrimonio por obligación.

Parecía el comienzo de algo mucho más importante.

Continuará...




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