Casados por obligación

Capítulo 10: La mujer misteriosa

Al día siguiente, Tania llegó a la universidad de muy buen humor.

Las cosas con Jesús estaban mejorando y, aunque no lo admitiera, esperaba con emoción sus mensajes.

Sin embargo, esa tranquilidad desapareció horas después.

Fernanda la llamó por teléfono.

—¡Tania!

—¿Qué pasó?

—No quiero alarmarte.

—Entonces no me alarmes.

—Vi a Jesús con una mujer.

Silencio.

—¿Qué?

—Una mujer muy bonita.

—Fernanda...

—Y estaban hablando muy cerca.

—Seguramente era una compañera de trabajo.

—Tal vez.

—O una amiga.

—Tal vez.

—O una familiar.

—Tal vez.

Tania colgó.

Pero ahora no podía dejar de pensar en aquello.

Esa tarde, Jesús pasó por ella como siempre.

—Hola.

—Hola.

—¿Todo bien?

—Sí.

—Mientes muy mal.

—Gracias.

Jesús frunció el ceño.

—¿Qué ocurrió?

Tania dudó unos segundos.

—¿Quién era la mujer que estaba contigo hoy?

Jesús abrió los ojos sorprendido.

—¿Qué mujer?

—La que estaba contigo esta mañana.

Jesús tardó unos segundos en comprender.

—Ah... ella.

Y ese simple "ah" no ayudó en absoluto.

—¿Quién es?

—Una amiga.

Tania sintió una pequeña punzada en el pecho.

—Entiendo.

Jesús la observó.

—¿Estás celosa?

—¡No!

—Ajá.

—No estoy celosa.

—Claro.

—Nada de claro.

Jesús sonrió.

Por primera vez era él quien la molestaba.

Pero cuando llegaron a una cafetería para seguir hablando, la misma mujer apareció.

—¡Jesús!

La joven se acercó sonriendo.

—Hola, Valeria.

—¿Ella es Tania?

—Sí.

Valeria observó a Tania con curiosidad.

—Así que tú eres la famosa prometida.

Tania se sintió incómoda.

Y peor aún cuando Valeria abrazó a Jesús.

Sin embargo, antes de que pudiera sacar conclusiones, Valeria comenzó a reír.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara? —preguntó Tania.

—La de alguien que cree que voy a robarle al novio.

Tania casi se atragantó.

—¡Yo no pensé eso!

—Claro que sí.

Jesús soltó una carcajada.

—Te lo dije.

Entonces Valeria señaló una fotografía en su celular.

—Además, estoy comprometida.

Tania observó la imagen.

Valeria aparecía junto a un hombre sonriendo.

—¿Ves?

La tensión desapareció de inmediato.

Pero ahora era Jesús quien se divertía.

—Definitivamente estabas celosa.

—Jamás lo admitiré.

—Ya lo hiciste con tu cara.

Tania cruzó los brazos mientras todos reían.

Lo que ninguno sabía era que, por primera vez, los celos habían revelado algo importante.

Tania comenzaba a enamorarse de Jesús.

Y ya era imposible seguir ocultándolo.

Continuará...




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