Casados por obligación

Capítulo 12: La confesión que casi sucede

Después de la fiesta de cumpleaños, Tania no podía dejar de pensar en Jesús.

Cada vez que veía el collar que él le había regalado, una sonrisa aparecía en su rostro.

Y eso no pasó desapercibido para su familia.

—Está enamorada —susurró Fernanda.

—Totalmente —respondió Ani.

—Ya ni lo oculta —añadió Camila.

Mientras tanto, Jesús también estaba pasando por lo mismo.

Sus compañeros de trabajo ya se habían dado cuenta de que sonreía más que antes.

—Definitivamente es por Tania —comentó uno de ellos.

Y tenían razón.

Una semana después, Jesús invitó a Tania a cenar.

—¿Es una cita? —preguntó Diego cuando se enteró.

—No.

—¿Segura?

—Sí.

—Entonces ¿por qué te tardaste una hora eligiendo ropa?

Tania se quedó callada.

—Exacto —respondió Diego con una sonrisa victoriosa.

Aquella noche, la cena fue perfecta.

Hablaron durante horas.

Rieron.

Compartieron anécdotas.

Y cuando terminaron de caminar por una plaza iluminada, llegaron a una pequeña fuente.

El ambiente era tranquilo.

Hermoso.

Jesús respiró profundamente.

—Tania...

—¿Sí?

—Hay algo que quiero decirte.

El corazón de Tania comenzó a latir con fuerza.

—Yo también quiero decirte algo.

Ambos se quedaron mirando.

Sonriendo nerviosamente.

Parecía que finalmente había llegado el momento.

Pero justo entonces sonó el teléfono de Tania.

—¿Quién llama a esta hora? —preguntó Jesús.

Tania revisó la pantalla.

—Fernanda.

—No contestes.

—Buena idea.

Volvió a guardar el teléfono.

Sin embargo, un segundo después sonó otra vez.

Y otra.

Y otra.

Y otra.

—Creo que es una emergencia.

Cuando respondió, escuchó un grito al otro lado.

—¡¡¡SE ESCAPÓ EMANUEL!!!

—¿¡QUÉ!?

Toda la calma desapareció.

Tania y Jesús corrieron inmediatamente para ayudar a buscarlo.

Por suerte, después de media hora encontraron al pequeño Emanuel en una tienda de juguetes, admirando unos carros de juguete.

—¡Emanuel! —gritó Tania.

—Hola.

—¡Nos preocupaste mucho!

—Lo siento.

Emanuel bajó la cabeza.

Jesús sonrió y le revolvió el cabello.

—La próxima vez avisa.

—Está bien.

La situación terminó bien.

Pero la confesión quedó pendiente.

Mientras regresaban a casa, Tania y Jesús intercambiaron una mirada.

Ambos sabían que aquella conversación aún no había terminado.

Y muy pronto tendrían otra oportunidad.

Continuará...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.