Casados sin saberlo

Capitulo 6. La nueva asistente

El lunes llegó demasiado pronto para Elizabeth.

A las seis de la mañana ya estaba despierta.

Había preparado su ropa la noche anterior y había revisado al menos cinco veces los documentos que necesitaría para su primer día.

Su nuevo trabajo no era cualquier empleo.

Era la oportunidad por la que había trabajado durante años.

—Hoy empieza todo —murmuró frente al espejo.

Michell apareció detrás de ella.

—Hoy empieza tu carrera como asistente personal de un hombre que probablemente no sabe sonreír.

Elizabeth se giró.

—¿Cómo sabes eso?

Michell se quedó inmóvil.

—¿Saber qué?

—Que mi jefe no sonríe.

—Fue una suposición.

—Muy específica.

—Tengo talento para las suposiciones.

Elizabeth entrecerró los ojos.

—Algún día voy a descubrir todos tus secretos.

Michell sonrió nerviosamente.

—Ese día espero estar lejos.

Mientras Elizabeth se dirigía a la empresa, William ya llevaba dos horas trabajando.

Su oficina estaba en el último piso.

Como todos los lunes, tenía una agenda llena.

Reuniones.

Informes.

Llamadas.

Decisiones.

Y ahora una nueva asistente.

William miró la hora.

—¿A qué hora llega?

Jack, sentado frente a él, revisó su teléfono.

—A las ocho.

William frunció el ceño.

—Son las ocho menos cinco.

—Entonces llegará en cinco minutos.

—Espero que sea puntual.

Jack sonrió.

—Es una mujer responsable.

William levantó la mirada.

—¿La conoces?

—No personalmente.

—Entonces no sabes si es responsable.

—Michell dice que sí.

William volvió a sus documentos.

—Espero que sea mejor que la anterior.

Jack soltó una carcajada.

—La anterior renunció porque dijiste que no necesitabas una asistente.

—No la necesitaba.

—Por eso tenía sentido contratar otra.

William lo ignoró.

Jack se levantó.

—Voy a verla cuando llegue.

—No es necesario.

—Quiero conocerla.

—Haz lo que quieras.

Jack salió.

William volvió a concentrarse en su trabajo.

No tenía idea de que, en menos de diez minutos, conocería a su propia esposa.

Elizabeth entró al enorme edificio de Carter Holdings.

Se detuvo frente al vestíbulo.

Era mucho más impresionante de lo que había imaginado.

Todo parecía impecable.

El mármol.

Las paredes de cristal.

Los empleados vestidos formalmente.

Los ascensores privados.

Elizabeth respiró profundamente.

—Tranquila.

Se acercó al área de recepción.

—Buenos días. Soy Elizabeth. Hoy comienzo como asistente del señor Carter.

La recepcionista revisó su computadora.

—Sí. La estamos esperando.

Elizabeth sonrió.

—Perfecto.

—El señor Carter está en su oficina.

Elizabeth sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Tengo que presentarme inmediatamente?

—Sí.

—Muy bien.

Subió al ascensor.

Mientras las puertas se cerraban, miró su reflejo.

—Puedes hacerlo.

En el último piso, Jack recibió una llamada.

—Ya llegó —informó la recepcionista.

Jack sonrió.

—Perfecto.

Caminó hacia el área de recepción.

Y entonces la vio.

Elizabeth estaba de espaldas, revisando algunos documentos que le habían entregado.

Jack se quedó quieto.

Era exactamente como Michell la había descrito.

Joven.

Elegante.

Serena.

Aunque en ese momento parecía un poco nerviosa.

Jack sonrió.

—Elizabeth.

Ella se giró.

—¿Sí?

—Soy Jack.

Elizabeth reconoció el nombre.

—¿El amigo de William?

—Exactamente.

—Mucho gusto.

Jack extendió la mano.

—Bienvenida.

Elizabeth estrechó su mano.

—Gracias.

Jack la observó durante unos segundos.

Había algo extraño en aquella situación.

Él sabía que ella era la esposa de William.

Ella no sabía que él era uno de los pocos hombres que conocían aquel secreto.

—El señor Carter está esperando.

Elizabeth respiró profundamente.

—De acuerdo.

Jack señaló la puerta.

—Después de usted.

William escuchó unos golpes en la puerta.

—Adelante.

La puerta se abrió.

Elizabeth entró.

—Buenos días, señor Carter.

William continuó leyendo un documento.

—Buenos días.

Elizabeth avanzó unos pasos.

—Soy Elizabeth, su nueva asistente.

William levantó la mirada.

Y se quedó completamente inmóvil.

No porque la reconociera.

No podía reconocerla.

Nunca la había visto.

Pero algo en ella llamó inmediatamente su atención.

Era diferente de las personas que normalmente trabajaban a su alrededor.

No parecía intimidada.

Bueno...

Quizá un poco.

Pero estaba intentando ocultarlo.

William dejó el documento sobre el escritorio.

—Siéntese.

Elizabeth se sentó.

—Gracias.

William tomó su expediente.

—Tiene experiencia administrativa.

—Sí.

—Manejo de agenda.

—Sí.

—Organización de reuniones.

—Sí.

—Confidencialidad.

Elizabeth lo miró directamente.

—Siempre.

William sostuvo su mirada.

—Eso es importante.

—Lo entiendo.

Hubo un silencio.

Elizabeth esperaba la siguiente pregunta.

William continuó revisando el expediente.

—¿Por qué quiere trabajar aquí?

Elizabeth sonrió ligeramente.

—Porque es una de las mejores empresas del país.

—Eso es una respuesta corporativa.

—También es la verdad.

William levantó una ceja.

—¿Y cuál es la respuesta real?

Elizabeth dudó.

—Quiero crecer profesionalmente.

William la observó.

—¿Eso es todo?

—Y demostrarme que puedo hacerlo.

Por alguna razón, esa respuesta le agradó.

—Bien.




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