Elizabeth llevaba casi veinte minutos frente al espejo.
No porque no supiera qué ponerse.
El problema era que, por alguna razón que no quería reconocer, le importaba demasiado cómo la vería William esa noche.
Había elegido un vestido elegante, pero sencillo. Nada demasiado llamativo. Se había recogido parcialmente el cabello y había optado por un maquillaje discreto.
—Es una cena de trabajo —se recordó mientras se observaba una última vez—. Una simple cena de trabajo.
Pero la frase no consiguió tranquilizarla.
Desde aquella conversación en la oficina sobre Itzel, algo había cambiado.
Elizabeth sabía que William tenía una vida fuera de la empresa. Sabía que era un hombre atractivo y que seguramente muchas mujeres se interesaban por él. Eso no debería importarle.
Sin embargo, Itzel sí le importaba.
No porque la conociera realmente, sino porque había visto la forma en que William la miraba.
Era una mirada diferente.
Una mirada de alguien que conocía a la otra persona desde hacía mucho tiempo.
Elizabeth suspiró.
—No tengo por qué estar celosa.
Tomó su bolso y salió.
El restaurante elegido para la cena era uno de los lugares más exclusivos de Manhattan. La reunión tenía como objetivo cerrar algunos detalles de una negociación importante para Carter Holdings.
Elizabeth asistiría como asistente de William para tomar notas, organizar documentos y mantener el control de la agenda.
Cuando llegó, William ya estaba allí.
Estaba de pie junto a una de las mesas, conversando con dos ejecutivos.
Al verla, interrumpió brevemente la conversación.
Sus ojos recorrieron a Elizabeth durante unos segundos.
—Buenas noches —saludó ella.
William tardó un instante más de lo normal en responder.
—Buenas noches.
Elizabeth levantó ligeramente una ceja.
—¿Todo bien?
—Sí.
—Me está mirando como si hubiera cometido un error.
William sonrió apenas.
—No. Simplemente no esperaba verte así.
Elizabeth bajó la mirada hacia su vestido.
—¿Así cómo?
—Elegante.
Ella volvió a mirarlo.
—¿Normalmente no soy elegante?
—No dije eso.
—Pero lo pensó.
William soltó una pequeña risa.
—Eres difícil.
—Y usted demasiado serio.
—¿Usted?
—Estamos en una cena de trabajo.
—Entonces puedes seguir tratándome de usted.
Elizabeth sonrió.
—Perfecto.
William negó con la cabeza, divertido.
Por unos segundos se quedaron mirándose.
Aquella sensación volvió.
La misma que había aparecido en algunos momentos durante los últimos días.
Una tensión extraña.
Difícil de explicar.
William fue el primero en apartar la mirada.
—Vamos. Los demás ya están esperando.
Elizabeth lo siguió.
La cena comenzó de manera tranquila.
Los ejecutivos hablaron sobre contratos, inversiones y nuevos proyectos. Elizabeth tomaba notas mientras William dirigía la conversación con su habitual seguridad.
Ella había aprendido rápidamente a anticiparse a sus necesidades.
Antes de que William pidiera un documento, ella ya lo tenía preparado.
Antes de que preguntara por una fecha, ella tenía la información.
William lo había notado.
Y cada vez admiraba más su capacidad.
Pero aquella noche le resultaba particularmente difícil concentrarse únicamente en el trabajo.
Elizabeth estaba sentada frente a él.
Y cada vez que levantaba la mirada, terminaba encontrándose con la de ella.
Hasta que la puerta del restaurante volvió a abrirse.
Elizabeth levantó la vista.
Itzel había llegado.
Vestía con elegancia y caminaba con seguridad. No parecía nerviosa ni incómoda.
Por el contrario, parecía conocer perfectamente aquel lugar.
Al ver a William, sonrió.
—Perdón por llegar tarde.
William se puso de pie.
—No pasa nada.
Itzel se acercó y le dio un beso en la mejilla.
Fue un gesto natural.
Demasiado natural para Elizabeth.
—Hola, William.
—Hola.
Entonces Itzel miró a Elizabeth.
—Tú debes ser Elizabeth.
Elizabeth se levantó.
—Sí.
—He escuchado mucho sobre ti.
Elizabeth sintió un pequeño sobresalto.
—¿Ah, sí?
Itzel sonrió.
—William habla de tu trabajo.
William intervino inmediatamente.
—Porque es una excelente asistente.
Itzel lo miró.
—Eso ya lo sé.
Elizabeth no supo qué responder.
Se sentaron.
Durante los primeros minutos, Itzel participó en la conversación con naturalidad. No intentaba provocar a Elizabeth ni comportarse de manera hostil.
De hecho, era agradable.
Y eso hacía que Elizabeth se sintiera todavía más incómoda.
Porque no podía convertirla en una villana dentro de su cabeza.
Itzel era simplemente una mujer que conocía a William desde hacía tiempo.
Una mujer que tenía un lugar en su vida.
Un lugar que Elizabeth no podía ignorar.
En determinado momento, uno de los socios sonrió mientras observaba a William e Itzel.
—Disculpen la pregunta, pero pensé que Itzel era tu pareja.
El ambiente cambió ligeramente.
Elizabeth bajó la mirada hacia su copa.
William respondió con calma.
—Itzel y yo nos conocemos desde hace tiempo.
Itzel sonrió de lado.
—William nunca ha sido muy aficionado a las etiquetas.
El comentario provocó algunas risas.
Pero Elizabeth permaneció en silencio.
No quería escuchar más.
No quería saber qué significaba exactamente aquella relación.
Y mucho menos quería descubrir por qué le molestaba.
Itzel colocó una mano sobre el brazo de William mientras continuaban hablando.
Elizabeth apartó la mirada.
Sintió una punzada de celos.
Y aquello la sorprendió.
No tenía derecho a sentirlos.
William no era suyo.
Editado: 06.10.2026