Casados sin saberlo

Capitulo 11. Una verdad demasiado cerca

La recepción se celebraría en uno de los salones más exclusivos de Manhattan.

Elizabeth llevaba casi media hora frente al espejo intentando decidir si el vestido que había elegido era demasiado elegante para una asistente.

Finalmente suspiró.

—Es una recepción empresarial, no una boda.

La ironía de aquella frase le habría resultado divertida si hubiera sabido lo cerca que estaba de una boda.

Tomó su bolso y salió.

Cuando llegó al salón, William ya estaba allí.

Vestía un traje oscuro perfectamente ajustado y conversaba con varios inversionistas.

Elizabeth se detuvo unos segundos antes de acercarse.

William la vio.

Y, por un instante, dejó de escuchar lo que estaba diciendo uno de los empresarios.

Elizabeth llevaba un vestido elegante, pero discreto. Su cabello estaba suelto y su maquillaje era sencillo.

William sonrió.

—Llegaste.

—Eso parece.

—Te ves...

Se detuvo.

Elizabeth levantó una ceja.

—¿Qué?

William carraspeó.

—Elegante.

Ella sonrió.

—Gracias.

—De nada.

—¿Solo elegante?

William la miró.

—No voy a repetir el error de la última vez.

Elizabeth comprendió perfectamente a qué se refería.

—Buena decisión.

—Muy buena.

Se quedaron mirándose.

Otra vez esa sensación.

Hasta que una voz interrumpió el momento.

—William.

Ambos se giraron.

Itzel se acercaba hacia ellos.

Llevaba un vestido negro y una expresión tranquila.

—Buenas noches.

—Buenas noches —respondió William.

Itzel miró a Elizabeth.

—Elizabeth.

—Itzel.

Las dos se saludaron cordialmente.

Pero esta vez Itzel observó algo que no había notado antes.

La manera en que William había mirado a Elizabeth.

No era la mirada de un jefe hacia su asistente.

Era demasiado personal.

Demasiado prolongada.

Itzel no dijo nada.

Simplemente lo guardó en su memoria.

La recepción comenzó.

Elizabeth acompañó a William durante las primeras reuniones.

Tomaba notas, organizaba documentos y respondía algunas preguntas de los inversionistas.

Uno de ellos, un hombre mayor llamado Robert Mason, observó la interacción entre ambos.

—Hacen un buen equipo.

William respondió:

—Elizabeth es excelente en su trabajo.

—No me refería solamente al trabajo.

Elizabeth levantó la mirada.

William sonrió incómodo.

—Robert tiene la costumbre de interpretar demasiado.

—Tal vez porque observo mucho —respondió el hombre.

Elizabeth decidió no intervenir.

Poco después, una mujer se acercó a ella.

—¿Eres nueva?

—Llevo unas semanas.

—¿Y ya eres la asistente personal de William?

—Sí.

La mujer sonrió.

—Eso significa que eres buena.

Elizabeth rió.

—O que tengo mucha paciencia.

La mujer soltó una carcajada.

—Con William necesitas ambas cosas.

Elizabeth miró hacia donde estaba él.

—Eso parece.

Más tarde, Elizabeth se dirigió al área de bebidas.

Necesitaba unos minutos lejos del grupo.

Mientras tomaba agua, escuchó una conversación detrás de ella.

—¿Quién es la chica que está con William?

—Su asistente.

—¿La nueva?

—Sí.

—Pensé que William estaba con Itzel.

Elizabeth se quedó quieta.

No quería escuchar.

Pero tampoco pudo evitarlo.

—Lo está. O al menos eso parece.

—Entonces, ¿qué hace la asistente tan cerca de él?

—Trabajo, supongo.

—Ya veremos.

Elizabeth se alejó antes de escuchar más.

No quería que nadie creyera que había algo entre ella y William.

Mucho menos quería que William pensara que ella estaba provocando rumores.

Mientras tanto, Itzel había seguido a William hasta uno de los pasillos laterales.

—¿Podemos hablar?

William asintió.

—Claro.

—No quiero molestarte.

—No lo haces.

Itzel lo observó.

—¿Te das cuenta de que todo el mundo está mirando a Elizabeth?

William frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Que hablan de ustedes.

—¿De nosotros?

—Sí.

William suspiró.

—No hay un "nosotros".

—Lo sé.

Itzel hizo una pausa.

—Pero ellos no.

William guardó silencio.

—No quiero que la perjudiquen por mi culpa —dijo finalmente.

Itzel lo miró.

—Eso es exactamente lo que me preocupa.

—¿Por qué?

—Porque te importa.

William no respondió.

Itzel sonrió con tristeza.

—No necesitas decir nada.

—Itzel...

—Solo necesito que seas honesto contigo mismo.

Ella se alejó.

William permaneció en el pasillo.

Y por primera vez se preguntó si realmente estaba siendo honesto consigo mismo.

Elizabeth regresó al salón.

William la vio y se acercó.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Pareces preocupada.

—Escuché algunos comentarios.

William entendió.

—No les prestes atención.

—Es fácil decirlo cuando no hablan de ti.

—También hablan de mí.

—Pero tú eres el CEO.

—Y tú eres mi asistente.

Elizabeth lo miró.

—Precisamente.

William frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Que no quiero que nadie piense que estoy aquí por algo diferente al trabajo.

William dio un paso hacia ella.

—Nadie que te conozca pensaría eso.

—Pero no todos me conocen.

—Yo sí.

Elizabeth se quedó mirándolo.

—¿Y qué piensa usted de mí?

William sonrió ligeramente.

—Que eres responsable.

—¿Nada más?

—Inteligente.

Elizabeth sonrió.

—¿Algo más?

William la observó unos segundos.

—Mucho más.

El corazón de Elizabeth dio un pequeño salto.

—William...

—Pero no voy a decirlo.

—¿Por qué?

—Porque prometimos mantener los límites.

Ella bajó la mirada.




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