Elizabeth llevaba casi diez minutos mirando la fotografía.
No entendía nada.
La imagen mostraba una ceremonia de matrimonio. No podía distinguir claramente los rostros porque la fotografía era antigua y estaba ligeramente borrosa.
Lo único perfectamente visible era la fecha escrita detrás.
Y aquella frase.
A veces las personas que más buscamos están más cerca de lo que creemos.
Elizabeth volvió a leerla.
—¿Qué significa esto?
Guardó la fotografía dentro de su bolso.
No quería que nadie la viera.
Especialmente William.
No sabía por qué, pero tenía la sensación de que aquella fotografía estaba relacionada con él.
Y eso la inquietaba.
—Buenos días.
Elizabeth levantó la mirada.
William estaba frente a su escritorio.
—Buenos días.
Él la observó.
—¿Todo bien?
—Sí.
—No parece.
Elizabeth sonrió.
—Solo estoy cansada.
William se quedó mirándola unos segundos.
—¿Segura?
—Sí.
—Bien.
Se dio la vuelta para entrar a su oficina.
Elizabeth respiró aliviada.
Pero entonces él se detuvo.
—Por cierto.
—¿Sí?
—Mi padre quiere verte.
Elizabeth abrió los ojos.
—¿A mí?
—Sí.
—¿Por qué?
—No lo sé.
—Eso no me tranquiliza.
William sonrió.
—A mí tampoco.
Richard Carter estaba esperando en su oficina.
Era un hombre serio, acostumbrado a que las personas escucharan cuando hablaba.
Cuando Elizabeth entró, se levantó.
—Elizabeth.
—Señor Carter.
—Siéntate.
Elizabeth obedeció.
William entró detrás de ella.
—Padre.
Richard lo miró.
—William.
Después volvió a mirar a Elizabeth.
—Quería conocerte.
Elizabeth sonrió.
—Es un placer.
—He escuchado buenos comentarios sobre tu trabajo.
—Gracias.
Richard observó a su hijo.
—Y también he escuchado que has sido de gran ayuda para William.
William permaneció en silencio.
—Intento hacer mi trabajo lo mejor posible —respondió Elizabeth.
Richard sonrió.
—Eso me gusta.
Después miró nuevamente a William.
—La junta quiere comprobar que estás cumpliendo las condiciones de estabilidad antes de la reunión extraordinaria.
William frunció el ceño.
—Ya lo sé.
—No parece.
—Estoy cumpliendo.
Richard tomó unos documentos.
—Necesitamos demostrar que tu situación familiar es estable.
Elizabeth sintió curiosidad.
—¿Situación familiar?
Richard la miró.
—¿William no te ha explicado?
Elizabeth sintió que el corazón se le detenía por un segundo.
—No en detalle.
William intervino.
—No es necesario.
Richard lo ignoró.
—William está casado.
Elizabeth sintió una extraña incomodidad.
—Sí, lo sé.
Richard levantó una ceja.
—¿Lo sabías?
—Sí.
William la miró.
—Es un asunto conocido dentro de la empresa.
Richard asintió.
—Entonces sabes que el matrimonio debe parecer estable.
Elizabeth frunció ligeramente el ceño.
—¿Parecer?
William intervino nuevamente.
—Padre.
Richard suspiró.
—No quiero entrar en detalles.
Se levantó.
—Lo que quiero es que la junta vea estabilidad, no una situación temporal.
William asintió.
—Entendido.
Richard miró a Elizabeth.
—Y quiero agradecerte por el apoyo que le das a mi hijo.
Elizabeth sonrió.
—Es mi trabajo.
Richard salió de la oficina.
Elizabeth se quedó en silencio.
—Tu padre es intimidante.
William sonrió.
—Te acostumbrarás.
—No estoy segura.
Cuando regresaron a la oficina, Elizabeth dejó la carpeta sobre el escritorio.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
William levantó la mirada.
—Claro.
—¿Tu padre sabe que tu matrimonio es solo un acuerdo?
William permaneció callado.
—No exactamente.
—Entonces, ¿qué cree?
—Que es un matrimonio normal.
Elizabeth lo miró.
—Eso complica las cosas.
—Mucho.
—¿Y qué vas a hacer?
William suspiró.
—Necesito demostrar que el matrimonio es estable.
—¿Cómo?
William no respondió.
Elizabeth tampoco insistió.
Pero ambos comprendieron el problema.
Aquella tarde, William recibió una llamada de su padre.
—La junta quiere fotografías y registros de eventos familiares —dijo Richard.
William frunció el ceño.
—¿Fotografías?
—Sí.
—Eso es absurdo.
—Es lo que quieren.
—No puedo proporcionar fotografías de mi esposa.
—Entonces consigue algunas.
William se pasó una mano por el rostro.
—Padre...
—Tienes noventa días.
La llamada terminó.
William dejó el teléfono sobre el escritorio.
Jack entró en ese momento.
—¿Qué pasó?
—Mi padre quiere fotografías.
Jack palideció.
—¿De qué?
—De mi matrimonio.
Jack guardó silencio.
William lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
—Jack.
—Estoy pensando.
—Pues piensa rápido.
Jack intentó disimular.
—¿Qué harás?
—No tengo idea.
Mientras tanto, Elizabeth seguía pensando en la fotografía que había recibido.
Durante su descanso, buscó información sobre la fecha que aparecía detrás.
No encontró nada.
Guardó la fotografía.
Pero entonces recordó algo.
La ceremonia de matrimonio de William había sido privada.
Nadie fuera de un pequeño grupo sabía los detalles.
¿Quién podría haberle enviado una fotografía de una boda?
Y, sobre todo...
¿Por qué a ella?
Por la tarde, Elizabeth recibió un mensaje.
Tenemos que hablar.
No había nombre.
Solo un número desconocido.
Elizabeth sintió un escalofrío.
Respondió:
¿Quién eres?
Editado: 06.10.2026