Elizabeth permaneció inmóvil.
Frente a ella estaban Jack y William.
Y acababa de escuchar la frase que llevaba días intentando descubrir.
—¿Ya encontraste a mi esposa? —preguntó William.
Jack no respondió inmediatamente.
Elizabeth sintió que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que estaba segura de que ambos hombres podían escucharlo.
Mi esposa.
La palabra volvió a repetirse dentro de su cabeza.
—Sí —respondió finalmente Jack.
William dio un paso hacia él.
—¿Y?
Elizabeth no pudo quedarse allí.
Sin pensarlo, retrocedió lentamente y salió del pasillo antes de que cualquiera de los dos pudiera verla.
Caminó hasta el baño más cercano, cerró la puerta y apoyó ambas manos sobre el lavabo.
Respiró profundamente.
—No puede ser...
Sacó de su bolso la copia del documento que Samuel le había entregado.
Observó nuevamente el nombre parcialmente cubierto.
WILLI...
Después recordó la conversación con William.
Su matrimonio.
La esposa que nunca había conocido.
La necesidad de encontrarla.
La fecha de la boda.
La fotografía.
La frase de Samuel.
Un hombre que ya conoces.
Elizabeth cerró los ojos.
—William...
Decir su nombre en voz alta hizo que todo pareciera todavía más absurdo.
El hombre que le atraía.
Su jefe.
El hombre que casi la había besado en aquella terraza.
El hombre que últimamente le escribía por las noches.
El hombre que la hacía sentir celosa cuando estaba con Itzel.
Ese mismo hombre podía ser...
Su esposo.
Elizabeth se llevó una mano a la boca.
—¡Dios mío!
Mientras tanto, en el pasillo, William miró a Jack con impaciencia.
—¿Qué ocurre contigo?
—Nada.
—Jack.
—Te dije que estoy trabajando en eso.
William frunció el ceño.
—Mi padre me dio una semana. No puedo seguir esperando.
—Lo sé.
—Necesito saber quién es.
Jack tragó saliva.
—William...
—¿Qué?
Jack estaba a punto de decirlo.
Pero entonces vio a Elizabeth al final del pasillo.
Ella estaba allí.
Pálida.
Mirándolos.
Jack sintió que el mundo se detenía.
William siguió la dirección de su mirada.
Y la vio.
—Elizabeth.
Ella no respondió.
William se acercó.
—¿Estás bien?
Elizabeth lo miró fijamente.
Durante unos segundos no pudo pronunciar una sola palabra.
Mi esposo.
La idea parecía imposible.
Pero, al mismo tiempo, todas las piezas comenzaban a encajar.
—¿Hace cuánto tiempo está usted casado? —preguntó finalmente.
William se sorprendió.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo responda.
William la observó con atención.
—Legalmente, desde hace unos meses.
Elizabeth sintió que se le cerraba la garganta.
—¿Y nunca ha visto a su esposa?
—No.
—¿Nunca?
—Nunca.
Elizabeth bajó la mirada.
—¿Y cómo se casaron?
William guardó silencio unos segundos.
—Por poder.
Elizabeth cerró los ojos.
Ya no necesitaba más pruebas.
Era él.
Su esposo era William.
Su jefe era su esposo.
El hombre por el que estaba empezando a sentir algo era el mismo hombre con quien había firmado aquel extraño matrimonio.
—Elizabeth —dijo William—, ¿por qué me preguntas esto?
Ella levantó la mirada.
—Porque... creo que conozco a su esposa.
William quedó desconcertado.
—¿Qué?
—Creo que sé quién es.
—¿Cómo?
Elizabeth sintió que las manos comenzaban a temblarle.
No quería decirlo allí.
No quería hacerlo frente a Jack.
Y, sobre todo, no sabía qué iba a suceder después.
—Necesito irme.
Se dio la vuelta.
William la tomó suavemente del brazo.
—Espera.
Elizabeth se detuvo.
—¿Qué ocurre?
Ella lo miró.
Sus ojos estaban llenos de confusión.
—¿Cómo se llama su esposa?
William suspiró.
—Elizabeth.
El silencio fue absoluto.
Jack cerró los ojos.
Elizabeth sintió que las piernas dejaban de responderle.
—¿Elizabeth? —repitió ella.
William asintió.
—Sí.
Ella soltó una pequeña risa nerviosa.
—Eso es... curioso.
William no entendió.
—¿Por qué?
Elizabeth lo miró durante varios segundos.
Después sacó lentamente la copia del certificado de matrimonio de su bolso.
William la reconoció inmediatamente.
—¿De dónde sacaste eso?
—Me lo dieron hoy.
William tomó el documento.
Sus ojos recorrieron la hoja.
La fecha.
La oficina.
Los representantes legales.
Y finalmente el nombre de la esposa.
Esta vez no estaba oculto.
Elizabeth Morgan.
William levantó lentamente la mirada.
Frente a él estaba Elizabeth.
Su asistente.
La mujer que había conocido hacía semanas.
La mujer que había empezado a ocupar sus pensamientos.
La mujer que casi había besado.
La mujer que había invitado a cenar.
La mujer que lo hacía sentir cosas que no sabía explicar.
Y ahora entendía por qué.
—No... —murmuró.
Elizabeth respiró profundamente.
—Sí.
William volvió a mirar el documento.
—Tú eres...
—Sí.
—Mi esposa.
Elizabeth asintió.
—Y usted es mi esposo.
Jack dejó escapar el aire que parecía haber estado reteniendo durante minutos.
—Bueno...
Ambos lo miraron.
Jack levantó las manos.
—Yo puedo explicar...
—¡NO! —dijeron William y Elizabeth al mismo tiempo.
Jack cerró la boca.
—Entendido.
William seguía completamente paralizado.
—¿Tú sabías que era yo?
Elizabeth negó con la cabeza.
—No.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace cinco minutos.
Editado: 06.10.2026