Casados sin saberlo

Capitulo 22. El secreto de la fotografia

William seguía mirando la fotografía.

Elizabeth no decía nada.

El estacionamiento estaba casi vacío y, sin embargo, ella sentía que todo el mundo podía verla.

—Elizabeth —dijo William con suavidad—. ¿Quién es él?

Ella cerró los ojos.

—Se llama Daniel.

William observó nuevamente la imagen.

—¿Tuviste una relación con él?

Elizabeth negó rápidamente con la cabeza.

—No.

—Entonces, ¿quién es?

Elizabeth tardó varios segundos en responder.

—Mi hermano.

William parpadeó.

Volvió a mirar la fotografía.

El joven que aparecía junto a Elizabeth era apenas unos años mayor que ella.

Sonreía.

Ella también.

Parecían una familia normal.

Pero el rostro de Elizabeth decía otra cosa.

—Nunca me hablaste de un hermano.

—Porque no tengo contacto con él.

William bajó lentamente el teléfono.

—¿Qué ocurrió?

Elizabeth apartó la mirada.

—Hace años pasó algo.

—¿Qué?

—Una situación económica.

William esperó.

—Mi familia tenía una pequeña empresa en nuestro país. No era una gran empresa, pero nos permitía vivir. Mi hermano empezó a manejar parte de las cuentas.

—¿Y?

Elizabeth respiró profundamente.

—Hubo problemas financieros.

William permaneció en silencio.

—¿Deudas?

—Sí.

—¿A nombre de tu familia?

—Algunas.

—¿Y de tu hermano?

Elizabeth asintió.

—Daniel tomó decisiones que no debía.

William comenzó a comprender.

—¿Y tú terminaste involucrada?

—Sin querer.

Elizabeth bajó la mirada.

—Cuando descubrimos lo que había pasado, ya era demasiado tarde.

—¿Qué hizo?

—Pidió préstamos utilizando documentos familiares.

William frunció el ceño.

—¿Documentos tuyos?

—Algunos.

El silencio se hizo más pesado.

—¿Y por eso te fuiste?

Elizabeth negó con la cabeza.

—No solamente por eso.

—Entonces dime todo.

Ella lo miró.

—Mi madre enfermó. Mi hermano desapareció durante un tiempo. Las deudas comenzaron a crecer y yo tuve que hacerme responsable de muchas cosas.

William sintió que algo se apretaba dentro de su pecho.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

Elizabeth bajó la mirada.

—Porque no quería que pensaras que me casé contigo por dinero.

William se quedó inmóvil.

—Elizabeth...

—Cuando nos casamos, yo necesitaba estabilidad. Después descubrí quién eras realmente. Si te hubiera contado todo esto desde el principio, quizá habrías pensado que sabía quién eras y que había buscado casarme contigo por tus recursos.

William dio un paso hacia ella.

—Pero no sabías quién era.

—Lo sé.

—Entonces eso no tiene sentido.

—Para ti quizá no.

Elizabeth levantó la mirada.

—Pero yo tenía miedo.

William no respondió.

Porque ahora entendía algo.

Elizabeth no había ocultado aquella historia para engañarlo.

La había ocultado porque temía que él interpretara mal sus motivos.

—¿Daniel sigue teniendo problemas? —preguntó.

Elizabeth negó con la cabeza.

—No lo sé.

—¿No sabes dónde está?

—Hace años que no sé exactamente dónde está.

—¿Y alguien tiene acceso a esos documentos?

Elizabeth se quedó pensativa.

—Supongo que sí.

—¿Quién?

—No lo sé.

William miró nuevamente la fotografía.

—Entonces alguien encontró a tu hermano.

Elizabeth palideció.

—Eso es lo que me preocupa.

Esa noche llegaron al departamento de William.

Elizabeth apenas habló durante el trayecto.

Cuando entraron, dejó el bolso sobre el sofá.

William cerró la puerta.

—Siéntate.

—Estoy bien.

—No.

Elizabeth lo miró.

—No estás bien.

Ella terminó sentándose.

William se colocó frente a ella.

—Quiero que me cuentes todo lo que recuerdes.

Elizabeth respiró profundamente.

—Daniel era impulsivo. Siempre quiso resolver los problemas rápidamente.

—¿Y qué pasó exactamente?

—Cometió errores financieros. Algunos préstamos quedaron pendientes. Después aparecieron documentos que yo no reconocía.

—¿Falsificados?

—No lo sé.

—¿La autoridad investigó?

Elizabeth negó con la cabeza.

—Hubo preguntas. Muchas. Pero nunca hubo una acusación formal contra mí.

William se quedó atento.

—¿Contra Daniel?

—Tampoco sé qué ocurrió finalmente.

—¿Y por qué desapareció?

Elizabeth bajó la mirada.

—Porque tenía miedo.

—¿De quién?

Ella levantó los ojos.

—De las personas a las que les debía dinero.

William guardó silencio.

Ahora todo comenzaba a encajar.

La discrepancia.

La información sobre la familia.

La fotografía.

El misterio sobre quién había iniciado la investigación.

Pero todavía faltaba algo.

—¿Crees que Daniel pudo haber proporcionado esa información?

Elizabeth negó.

—No.

—¿Por qué estás tan segura?

—Porque si Daniel hubiera querido perjudicarme, habría podido hacerlo hace años.

William asintió.

—Entonces alguien más encontró esa historia.

Elizabeth abrazó sus brazos.

—Y ahora la está utilizando.

Al día siguiente, William llegó temprano a Carter Holdings.

Jack ya lo esperaba en su oficina.

—Por tu cara, supongo que la entrevista no salió mal.

William dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Salió bien.

Jack sonrió.

—Entonces, ¿por qué pareces querer despedir a medio edificio?

William abrió la carpeta.

—Porque apareció una discrepancia en el expediente de Elizabeth.

Jack dejó de sonreír.

—¿Qué tipo de discrepancia?

—Alguien presentó información diferente sobre su situación familiar y laboral.

Jack se quedó pensativo.

—¿Cuándo?

—Antes de que Marcus comenzara su investigación.




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