La fotografía permaneció sobre la mesa durante varios minutos.
Nadie decía una palabra.
Elizabeth seguía mirando la imagen de su padre, Arturo, Thomas Bennett y Marcus Hale.
Marcus era mucho más joven.
Pero era él.
No había duda.
William tomó la fotografía nuevamente.
—¿Estás segura de que es Marcus?
Elizabeth cruzó los brazos.
—William, podría reconocer esa cara incluso después de cien años.
Jack levantó una ceja.
—Bueno, eso es tranquilizador.
Elizabeth lo miró.
—¿Qué?
—Que tenemos una testigo con excelente memoria visual.
—Jack.
—Solo intento mantener el optimismo.
William lo miró.
—¿Podrías intentarlo en silencio?
Jack tomó su café.
—También puedo hacer eso.
Michell, que acababa de llegar a la oficina, entró justo a tiempo para escuchar la última frase.
—¿Qué está pasando?
Jack señaló la fotografía.
—Tenemos problemas.
Michell miró la imagen.
—¿Ese es Marcus?
Elizabeth asintió.
Michell dejó lentamente su bolso.
—Definitivamente tenemos problemas.
Jack levantó su taza.
—¿Ves? Ella también sabe mantener el optimismo.
Michell lo ignoró.
—¿Dónde encontraron esto?
Elizabeth explicó rápidamente lo ocurrido en la antigua oficina de Bennett.
Cuando terminó, Michell miró a William.
—¿Y ahora qué?
William dejó la fotografía sobre la mesa.
—Necesitamos saber por qué Marcus estaba con el padre de Elizabeth y Arturo.
Jack levantó un dedo.
—Y antes de que alguien lo diga, sí, ya sé que parece sospechoso.
Michell lo miró.
—Porque lo es.
—Gracias, Michell. Me ahorraste cinco minutos de investigación.
Elizabeth tomó el documento que había dejado Daniel.
—Pero hay algo más.
Lo colocó frente a ellos.
“Si algún día buscan la verdad, no empiecen por mí. Empiecen por el dinero.”
William volvió a leerlo.
—Daniel quería que buscáramos las operaciones financieras.
—Sí.
Jack tomó una libreta.
—Entonces necesitamos reconstruir lo ocurrido.
Michell lo miró.
—¿Desde cuándo eres investigador?
—Desde que me involucré en un matrimonio que empezó como un acuerdo secreto y terminó convirtiendo a mi mejor amigo en un hombre enamorado.
William levantó la mirada.
—Jack.
—¿Sí?
—No hables de mi matrimonio.
—Correcto.
Jack anotó algo.
—Entonces necesito un aumento.
William suspiró.
Elizabeth soltó una pequeña risa.
Por primera vez desde que habían encontrado la fotografía, la tensión disminuyó.
William la miró.
Y sonrió.
—Me alegra que todavía puedas reírte.
Elizabeth tomó su mano.
—Si no me río, probablemente termine gritando.
—Preferiría que rieras.
—Yo también.
Jack carraspeó.
—Qué bonito.
Michell lo miró.
—Déjalos.
—No dije nada.
—Tu cara dijo bastante.
Jack sonrió.
—Mi cara es muy expresiva.
—Tu cara pide que te calles.
—También es posible.
William negó con la cabeza.
—¿Podemos concentrarnos?
Jack levantó las manos.
—Sí, jefe.
Horas después, Jack había conseguido reunir varios documentos antiguos.
Los colocó sobre una mesa de la sala privada de reuniones.
—Tenemos un problema.
Elizabeth se sentó junto a William.
—¿Otro?
—Sí.
—¿Cuántos problemas caben en una sola semana?
Jack hizo una pausa.
—En esta familia, aparentemente todos.
William lo miró.
—Jack.
—Ya voy.
Extendió varios documentos.
—He reconstruido parte de las operaciones de la empresa de tu padre.
Elizabeth observó las fechas.
—Estos préstamos...
—Son anteriores a la muerte de tu padre.
William frunció el ceño.
—¿Y quién los autorizó?
Jack señaló las firmas.
—Algunos tienen la firma de tu padre. Otros tienen autorizaciones de Thomas Bennett.
Elizabeth se inclinó.
—¿Y estos?
Jack señaló otra serie de documentos.
—Aquí está lo interesante.
Las cantidades eran diferentes.
Pero tenían un patrón.
El dinero salía de la empresa familiar y, después de pasar por distintas cuentas, terminaba en una sociedad de inversión.
William observó el nombre.
—Hale Capital.
Elizabeth levantó la cabeza.
—¿Hale?
Jack asintió.
—Una de las primeras empresas relacionadas con Marcus.
Michell se acercó.
—Entonces sí fue él.
William negó.
—No necesariamente.
Elizabeth lo miró.
—¿Por qué lo defiendes?
William respondió con calma.
—No lo defiendo. Estoy evitando sacar una conclusión antes de tiempo.
Señaló los documentos.
—Marcus puede haber estado involucrado. Pero también pudo haber adquirido una empresa que ya tenía operaciones anteriores.
Jack asintió.
—Exactamente.
Michell cruzó los brazos.
—Entonces necesitamos saber quién creó esas operaciones.
Elizabeth miró los papeles.
—Mi padre.
William la observó.
—¿Qué piensas?
—Que quizá mi padre sabía algo.
—¿Por qué?
Elizabeth señaló una anotación escrita a mano.
—Mira esto.
William se inclinó.
En uno de los márgenes había una palabra.
“Bennett.”
—Es la letra de mi padre —dijo Elizabeth.
Jack tomó una fotografía del documento.
—Entonces tu padre estaba siguiendo las operaciones.
—O sospechaba de ellas.
William guardó silencio.
Elizabeth sintió que el pasado comenzaba a tomar forma.
—¿Y si mi padre descubrió que alguien utilizaba la empresa?
—Es posible —dijo William.
—¿Y si por eso contrató a Arturo?
Jack señaló otra fecha.
—Arturo comenzó a trabajar más directamente con la empresa aproximadamente seis meses después.
Editado: 06.10.2026