Casados sin saberlo

Capitulo 29. La verdad que nadie querpia contar

La casa permanecía en silencio.

Demasiado silencio.

Elizabeth seguía mirando la fotografía que Robert acababa de entregarle.

Daniel aparecía en ella mucho más joven, junto a Arturo Vélez.

Y detrás de ambos estaba el hombre que Elizabeth no había podido identificar durante años.

El hombre que, según Robert, había comenzado todo.

William permanecía junto a ella.

Jack vigilaba las ventanas.

Michell sostenía el teléfono con ambas manos.

—¿Creen que deberíamos llamar a la policía? —preguntó.

Jack negó lentamente.

—¿Y decirles qué?

—Que nos siguen.

—Eso sí.

—Que encontramos documentos financieros posiblemente relacionados con operaciones fraudulentas.

—Eso también.

—Que un hombre misterioso apareció en la casa de Elizabeth y nos entregó una fotografía de otro hombre misterioso.

Jack la miró.

—Creo que en ese punto nos pedirían que dejáramos de ver series de televisión.

Michell puso los ojos en blanco.

—No estamos en una serie.

Jack miró la fotografía.

—Con nuestra suerte, todavía no lo sabemos.

William ignoró la conversación.

—Robert, necesitamos respuestas.

El hombre mayor asintió.

—Lo sé.

Elizabeth dio un paso hacia él.

—Empiece por Daniel.

Robert la miró durante varios segundos.

—Daniel descubrió que el negocio de tu padre estaba siendo utilizado para mover dinero.

Elizabeth tragó saliva.

—¿Por quién?

—Al principio no lo sabía.

Robert señaló la fotografía.

—Pero Arturo sí tenía sospechas.

William cruzó los brazos.

—¿Qué sospechaba?

—Que alguien estaba creando empresas aparentemente independientes para recibir dinero de negocios familiares. Después ese dinero era transferido a otras cuentas.

Jack intervino.

—Y algunas de esas cuentas terminaban relacionadas con Hale Capital.

Robert asintió.

—Sí.

Elizabeth cerró los ojos.

—Entonces Marcus estaba detrás de todo.

—No exactamente.

William lo miró fijamente.

—Eso es lo que todos siguen diciendo.

Robert respiró profundamente.

—Marcus participó. Se benefició. Ayudó a mover algunas piezas. Pero no fue quien diseñó la operación.

—¿Quién lo hizo? —preguntó Elizabeth.

Robert guardó silencio.

Michell se acercó.

—Si vuelve a decirnos que todavía no puede contarlo, voy a gritar.

Jack la miró.

—Por favor, no.

—¿Por qué?

—Porque si gritas, quizá aparezcan los malos.

—Ya aparecieron.

Jack reflexionó.

—Buen punto.

Robert casi sonrió.

Después volvió a ponerse serio.

—El hombre que buscaban se llama Richard Coleman.

Elizabeth frunció el ceño.

—Nunca escuché ese nombre.

—Tu padre tampoco lo conocía al principio.

William preguntó:

—¿Cómo entró en su círculo?

—A través de un abogado.

Elizabeth recordó la letra de la carta.

—¿El primer abogado?

Robert asintió.

—Sí.

—¿Cuál era su nombre?

—Richard Coleman no era abogado. Era un empresario que tenía contactos financieros. El abogado que lo presentó a tu padre fue quien abrió la puerta.

Jack levantó una ceja.

—¿Y ese abogado?

Robert miró hacia el suelo.

—Murió hace años.

Elizabeth sintió frustración.

—¡Todos los que saben algo terminan muertos o desaparecidos!

Jack levantó un dedo.

—Yo sigo vivo.

Michell lo miró.

—Por ahora.

Jack bajó lentamente la mano.

—Gracias. Muy tranquilizador.

Robert caminó hacia una de las cajas que habían encontrado.

—Tu padre comenzó a sospechar que algo no estaba bien cuando Arturo le mostró ciertas inconsistencias.

Sacó varios documentos.

—Había préstamos que él nunca había autorizado.

Elizabeth observó las firmas.

—Pero algunas parecen suyas.

—Porque alguien utilizó información real para fabricar autorizaciones.

William examinó los papeles.

—Eso explica por qué algunas firmas parecían auténticas.

Robert asintió.

—No necesitaban falsificar todo. Solo necesitaban crear suficientes documentos para que las operaciones parecieran legítimas.

Elizabeth recordó algo.

—Daniel.

Robert la miró.

—¿Qué?

—Daniel descubrió esto.

—Sí.

—¿Y Arturo?

—Lo ayudó.

Elizabeth respiró profundamente.

—Entonces ¿por qué Daniel terminó desapareciendo?

Robert tardó en contestar.

—Porque encontró algo que los demás no habían encontrado.

William dio un paso adelante.

—¿Qué?

Robert sacó otro documento.

Era una copia de una transferencia.

—El dinero no terminaba realmente en Hale Capital.

Jack miró el documento.

—¿Qué?

—Hale Capital era solo una etapa.

William tomó el papel.

—Entonces Marcus tampoco tenía control total.

—No.

—¿Dónde terminaba el dinero?

Robert señaló una cuenta.

William la leyó.

Su expresión cambió.

—No puede ser.

Elizabeth se acercó.

—¿Qué?

William le mostró el documento.

El beneficiario final era una sociedad registrada fuera de Estados Unidos.

Pero el nombre del representante aparecía claramente.

Richard Coleman.

Elizabeth sintió un escalofrío.

—Entonces él era el verdadero beneficiario.

—En parte —dijo Robert.

William levantó la mirada.

—¿En parte?

Robert asintió.

—Coleman utilizaba una red de sociedades. Pero necesitaba personas dentro de las empresas para hacer que los movimientos parecieran normales.

Jack entendió.

—Marcus.

—Marcus era uno de ellos.

—¿Y Thomas Bennett?

Robert guardó silencio.

Elizabeth se tensó.

—¿Qué hizo Thomas?

—Thomas descubrió parte de la operación.

—Entonces ¿por qué desapareció?

—Porque intentó detenerla.




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