Con el paso de las semanas, Tania dejó de verlo como el extraño que le había pedido matrimonio el primer día.
Una tarde, mientras caminaban por el parque, Armando rompió el silencio.
—Tania, necesito preguntarte algo.
Ella lo miró.
—Te escucho.
—¿Has pensado en mi propuesta?
Tania respiró hondo.
—Sí... mucho.
Armando esperó en silencio.
—Al principio pensé que estabas completamente loco.
Él sonrió.
—Lo sé.
—Pero también descubrí que eres una buena persona.
Armando no apartó la vista de ella.
—Aun así, esto sigue siendo una decisión muy importante.
—Lo entiendo.
Tania permaneció unos segundos en silencio antes de hablar de nuevo.
—Aceptaré casarme contigo...
Armando abrió los ojos con sorpresa.
—...pero con una condición.
—¿Cuál?
—Quiero que este matrimonio sea con respeto, sinceridad y que nos demos el tiempo para conocernos de verdad. No quiero sentir que solo soy una solución para un problema.
Armando respondió sin dudar.
—Te lo prometo.
Tania sonrió por primera vez desde que hablaron del matrimonio.
—Entonces... acepto.
Armando extendió su mano.
—Gracias por confiar en mí.
Tania estrechó su mano con una sonrisa.
Ninguno de los dos imaginaba que aquella propuesta inesperada en una biblioteca terminaría convirtiéndose en el comienzo de una nueva etapa en sus vidas.
Continuará...