Tania dormía profundamente cuando, en medio de la noche, el sonido de un teléfono la despertó por unos segundos.
Abrió los ojos y vio que Armando tomaba su celular de la mesa de noche.
Él observó la pantalla y respondió de inmediato.
—¿Qué ocurrió?
Su voz era tranquila, pero seria.
Tania no alcanzó a escuchar la respuesta.
—Entiendo. Iré enseguida.
Armando terminó la llamada y se levantó de la cama.
Abrió el clóset, tomó un traje oscuro y comenzó a cambiarse.
Tania se incorporó.
—¿Pasa algo?
Armando volteó hacia ella.
—Perdón por despertarte.
—¿Tienes que salir?
—Sí. Surgió un asunto importante del trabajo.
—¿A esta hora?
Él asintió.
—Lamentablemente sí.
Tania no insistió.
—Ten cuidado.
Armando sonrió con tranquilidad.
—Lo tendré.
Antes de salir de la habitación, se acercó a ella.
—No me esperes despierta. Regresaré en cuanto termine.
—Está bien.
Armando salió de la casa.
Desde la ventana, Tania vio cómo un automóvil negro lo esperaba en la entrada.
Subió al vehículo y este se alejó rápidamente.
Ella permaneció unos segundos observando el camino.
—Qué extraño... —murmuró.
Nunca imaginó que el trabajo de un CEO pudiera requerir salir de casa en plena madrugada.
Sin darle más vueltas al asunto, volvió a acostarse.
A la mañana siguiente, cuando despertó, Armando ya estaba en casa.
Lo encontró en el comedor leyendo el periódico mientras tomaba una taza de café.
—Buenos días —saludó él.
—Buenos días. ¿A qué hora regresaste?
—Hace un par de horas.
—¿Todo salió bien?
—Sí. Ya está todo resuelto.
Tania sonrió.
—Me alegra.
Aunque la respuesta de Armando parecía sincera, la curiosidad de Tania comenzaba a despertar.
Aquella llamada de madrugada había sido el primer detalle que no lograba comprender.
Continuará...