Antes de irse, se acercó a Tania mientras ella desayunaba.
—Hoy tendré un día complicado.
—¿Otra vez mucho trabajo?
—Sí, pero intentaré regresar temprano.
Tania sonrió.
—Está bien. Que tengas un buen día.
Armando le dio un beso en la frente y salió de la casa.
Horas después, Tania recibió un mensaje de Elena, la secretaria de Armando.
Elena: La señora Victoria me pidió invitarla a la empresa. Quiere pasar la tarde con usted.
Tania aceptó la invitación.
Cuando llegó al edificio del Grupo Carrillo, Elena la recibió y la acompañó hasta la oficina de Armando.
—El señor está en una reunión, pero puede esperarlo aquí.
Tania asintió.
Mientras estaba en la oficina, observó algunos reconocimientos y fotografías de Armando.
En una de ellas aparecía él junto a su familia cuando era más joven.
—Parece que ha cargado con muchas responsabilidades desde hace años —pensó.
Poco después, Victoria llegó.
—Tania, qué gusto verte.
—Igualmente.
Ambas comenzaron a conversar mientras tomaban café.
—Armando siempre ha sido muy reservado —comentó Victoria.
Tania la miró con curiosidad.
—¿Reservado?
—Sí. Desde pequeño aprendió a resolver sus problemas solo.
Tania recordó todas aquellas llamadas y reuniones que él nunca explicaba.
—A veces siento que hay cosas que no me cuenta.
Victoria guardó silencio por un momento.
—Mi hijo tiene sus razones para proteger lo que considera importante.
Tania no insistió.
Más tarde, la puerta de la oficina se abrió y Armando entró.
Al verla allí, sonrió.
—No esperaba encontrarte.
—Tu mamá me invitó.
—Me alegra.
Los tres conversaron unos minutos hasta que Victoria decidió dejarlos solos.
Armando se acercó a Tania.
—¿Todo bien?
—Sí. Solo estaba conociendo un poco más de tu familia.
Él asintió.
Por un instante, pareció querer decir algo, pero se detuvo.
—Tania...
—¿Sí?
Armando la miró, pero finalmente cambió de tema.
—Nada. Después hablamos.
Ella notó su duda, pero no quiso presionarlo.
Sin embargo, cada vez estaba más cerca el momento en que Armando tendría que contarle toda la verdad.
Continuará...