La noche estaba tranquila, pero en la casa se sentía una tensión diferente.
Tania y Armando estaban sentados en la sala. Por primera vez desde que se casaron, ella veía a su esposo realmente preocupado.
—Tania, antes de seguir, quiero que sepas algo —dijo Armando.
Ella lo miró atentamente.
—Lo que voy a decirte no cambia lo que siento por ti.
Tania asintió.
—Solo quiero conocer la verdad.
Armando tomó aire.
—Además de ser CEO, soy parte de una organización que mi familia ha dirigido durante años.
Tania guardó silencio.
—¿Una organización?
Armando bajó la mirada.
—Sí. Es una parte de mi vida que siempre he mantenido separada de la empresa y de mi familia.
Ella intentaba entender sus palabras.
—¿Por eso las llamadas? ¿Las reuniones de madrugada?
Armando asintió.
—Sí.
Tania se quedó pensativa.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque acabábamos de conocernos. No quería que pensaras que te estaba involucrando en algo que no habías elegido.
Ella miró sus manos.
—Me sorprendió que me pidieras matrimonio en una biblioteca... pero nunca pensé que había algo más detrás.
Armando se acercó un poco.
—Sé que fue difícil aceptar una propuesta así. Y entiendo si necesitas tiempo para procesarlo.
Tania levantó la mirada.
—Estoy sorprendida, Armando. Necesito entender muchas cosas.
—Lo entiendo.
—Pero también necesito que me prometas algo.
—Lo que sea.
—Que nunca me ocultes algo importante otra vez.
Armando asintió con sinceridad.
—Te lo prometo.
Aunque la noticia era inesperada, Tania recordó todo lo que había vivido con él desde que se conocieron.
Recordó sus conversaciones, los momentos juntos y cómo siempre había intentado cuidarla.
No tenía todas las respuestas todavía, pero sabía que la historia de ambos apenas estaba comenzando una nueva etapa.
Continuará...