Los días siguientes fueron más tranquilos.
Armando intentaba pasar más tiempo con Tania y evitar que sus responsabilidades afectaran su vida juntos.
Una tarde, mientras estaban en la sala, Tania organizaba algunos libros y Armando revisaba unos documentos.
—Tengo una idea —dijo ella.
Armando levantó la mirada.
—¿Cuál?
—Quiero volver a estudiar algunas cosas que había dejado pendientes.
Él sonrió.
—Me parece una excelente idea.
—No quiero que mi vida sea solo estar en casa. Quiero seguir creciendo.
Armando dejó los documentos a un lado.
—Nunca quiero que abandones tus sueños por mí.
Tania sonrió al escucharlo.
—Gracias.
Al día siguiente, Armando la acompañó a realizar algunos trámites.
Aunque estaba acostumbrado a resolver todo con facilidad, esta vez quiso que Tania tomara sus propias decisiones.
—Me gusta que me acompañes, pero también me gusta sentir que puedo hacerlo por mí misma.
—Eso es lo que quiero para ti —respondió Armando.
Después de salir, fueron a una cafetería cercana.
Mientras hablaban, Tania notó algo.
—Antes pensaba que eras alguien muy serio y difícil de conocer.
Armando sonrió.
—¿Y ahora?
—Ahora sé que solo necesitabas a alguien que te escuchara.
Él se quedó en silencio unos segundos.
—Quizás tienes razón.
La tarde terminó con una caminata tranquila por la ciudad.
Al regresar a casa, ambos recibieron una invitación para una reunión familiar de los Carrillo.
Armando miró la tarjeta.
—Será importante que estés conmigo.
Tania tomó su mano.
—Iré contigo.
Aunque todavía estaba aprendiendo sobre la familia y las responsabilidades de Armando, ya no quería quedarse al margen de su vida.
Continuará...