El día de la reunión llegó.
Tania se preparó con calma mientras Armando esperaba abajo.
Cuando ella bajó las escaleras, él sonrió.
—Te ves muy bien.
—Gracias.
Antes de salir, Armando tomó su mano.
—Sé que mi familia puede ser un poco seria, pero no tienes que preocuparte.
—Estaré bien.
Al llegar a la casa Carrillo, Victoria los recibió con una sonrisa.
—Qué alegría verlos juntos.
—Buenas tardes, mamá —saludó Armando.
La reunión comenzó tranquila. Todos conversaban mientras compartían la comida.
Tania notó que la familia de Armando tenía una forma muy unida de convivir, aunque todos parecían tener grandes responsabilidades.
Ricardo se acercó a ella.
—Tania, quiero agradecerte algo.
Ella lo miró sorprendida.
—¿A mí?
—Sí. Desde que llegaste, Armando parece más tranquilo.
Tania sonrió.
—Él también ha cambiado muchas cosas por mí.
Más tarde, mientras los demás conversaban, Armando llevó a Tania al jardín.
—¿Te estás sintiendo cómoda?
—Sí. Tu familia me ha tratado bien.
Él sonrió.
—Me alegra.
En ese momento, Gabriel se acercó con una expresión más seria.
—Armando, necesitamos hablar un momento.
Armando miró a Tania.
—Vuelvo enseguida.
Ella asintió.
Desde lejos, Tania observó cómo la expresión de Armando cambiaba al escuchar las palabras de Gabriel.
Sabía que algo importante estaba ocurriendo.
Cuando Armando regresó, intentó mantener la calma.
—¿Todo bien?
—Sí, solo un asunto que debo resolver después.
Tania no insistió, pero notó que algo le preocupaba.
De camino a casa, permanecieron en silencio unos minutos.
Finalmente, Armando habló.
—Gracias por acompañarme hoy.
Tania lo miró.
—Siempre que me necesites, estaré contigo.
Armando sonrió.
Pero en su interior sabía que pronto tendría que enfrentar una situación difícil que podría cambiar la tranquilidad que habían conseguido.
Continuará...