Armando ya estaba despierto y se encontraba en la cocina revisando algunos mensajes en su teléfono.
—Buenos días —dijo Tania.
—Buenos días.
Ella se acercó y preparó una taza de café.
—¿Sigues preocupado por lo de ayer?
Armando guardó el teléfono.
—Un poco. Tengo que reunirme con algunas personas para solucionar el problema.
—¿Quieres que te acompañe?
Armando negó suavemente.
—Esta vez prefiero que te quedes en casa.
Tania entendió que era algo importante.
—Está bien. Pero prométeme que me avisarás cuando todo termine.
—Te lo prometo.
Después del desayuno, Armando se preparó para salir.
Antes de irse, se acercó a Tania.
—No quiero que pases el día preocupada.
—Intentaré no hacerlo.
—Volveré pronto.
—Aquí te esperaré.
Armando salió de la casa y subió al automóvil.
Tania lo observó alejarse desde la ventana.
Durante las primeras horas intentó distraerse leyendo, pero no podía evitar mirar el teléfono de vez en cuando.
Finalmente, recibió un mensaje.
Armando: Todo está bien. Todavía estoy resolviendo algunas cosas. No te preocupes.
Tania respiró aliviada.
Tania: Está bien. Cuídate mucho.
Mientras tanto, Armando continuaba con la reunión.
Sabía que debía solucionar aquel problema antes de que pudiera afectar la tranquilidad que había construido junto a Tania.
Por primera vez, tenía mucho más que perder.
Tenía una esposa que confiaba en él y una vida que realmente quería conservar.
Y estaba decidido a proteger ambas.
Continuará...