Tania estaba desayunando cuando Armando recibió una llamada de Elena.
—¿Sí?
Tania continuó con su desayuno mientras él escuchaba.
—Está bien. En unos minutos llego.
Armando terminó la llamada.
—¿Problemas?
—No. Solo necesitan que firme algunos documentos en la empresa.
Tania sonrió.
—¿Puedo acompañarte?
—Claro.
Poco después, ambos llegaron al Grupo Carrillo.
Al entrar, Elena los recibió.
—Buenos días, señor Armando. Señora Tania.
—Buenos días —respondió Tania.
Mientras Armando se dirigía a su oficina, Tania decidió esperarlo allí.
Sobre uno de los muebles había varias fotografías familiares.
Tania se acercó a observarlas.
En una aparecía Armando junto a Victoria y Ricardo cuando era adolescente.
—Qué diferente se veía —pensó.
Armando entró unos minutos después.
—¿Encontraste mis fotografías?
Tania sonrió.
—Sí. Eras muy diferente.
—Eso espero.
Ambos rieron.
Después de firmar los documentos, Armando se acercó a ella.
—¿Quieres conocer el resto del edificio?
—Sí.
Recorrieron algunos departamentos de la empresa y Armando le explicó brevemente qué hacía cada uno.
Los empleados saludaban a Tania con respeto y algunos incluso sonreían al verlos juntos.
Al terminar el recorrido, regresaron a la oficina.
Elena entró con algunos documentos.
—Señor Armando, estos son los informes que solicitó.
—Gracias.
Tania observó cómo Armando revisaba los papeles con mucha atención.
—Eres muy responsable con tu trabajo.
—Intento serlo.
Cuando terminaron, ambos salieron de la empresa.
De camino a casa, Tania tomó su mano.
—Me gustó conocer más de tu mundo.
—Me alegra. Quiero que cada vez conozcas un poco más de mi vida.
—Y yo quiero seguir conociéndote.
Armando sonrió.
Su relación había comenzado de una manera completamente inesperada, pero cada día encontraban nuevas razones para seguir eligiéndose.
Continuará...