Los últimos meses habían pasado rápidamente.
Tania estaba feliz con el crecimiento de su espacio de lectura y Armando había conseguido organizar mejor su vida entre la empresa, su familia y sus nuevas prioridades.
Una tarde, Armando llegó a casa con una pequeña sorpresa.
—Tania, ¿estás lista?
Ella salió de la sala.
—¿Para qué?
—Quiero llevarte a un lugar.
Tania sonrió.
—¿Otra sorpresa?
—Sí.
Después de un corto viaje, llegaron nuevamente a la biblioteca donde se habían conocido.
Tania abrió los ojos con sorpresa.
—¿Otra vez aquí?
—Sí. Quería regresar al lugar donde comenzó todo.
Entraron juntos.
Armando caminó hasta el mismo estante donde había visto a Tania por primera vez.
—Aquí estabas aquel día.
—Y tú llegaste y me dijiste la cosa más inesperada de mi vida.
Armando sonrió.
—Cásate conmigo.
Tania soltó una carcajada.
—Nunca dejarás que olvide esa frase.
—Nunca.
Se sentaron en la misma mesa donde habían hablado por primera vez.
Tania miró a Armando.
—Si pudiera volver al pasado, creo que volvería a aceptar conocerte.
—Yo haría exactamente lo mismo.
Después caminaron por la biblioteca, recordando los primeros días de su relación.
Antes de salir, Armando le entregó a Tania una pequeña fotografía.
Era una imagen de la primera vez que habían estado juntos allí.
—Quiero que guardes esto.
Tania la tomó con cuidado.
—La guardaré junto a la otra.
Al salir de la biblioteca, ambos caminaron tomados de la mano.
—¿Sabes qué? —dijo Tania.
—¿Qué?
—Creo que este lugar siempre será especial para nosotros.
—Porque aquí comenzó nuestra historia.
Tania sonrió.
—Y todavía no ha terminado.
Ambos regresaron a casa con la sensación de que estaban a punto de cerrar un capítulo importante de sus vidas.
Pero todavía quedaban dos capítulos antes de llegar al final.
Continuará...