Casi Siempre

Capitulo 6- Entre escenas

(Noa)

El aire de la noche estaba más frío cuando salimos del café. Clara caminaba a mi lado hablando sin pausa, todavía con la emoción pegada en la voz.

—Te juro que no esperaba que estuviera tan bueno —decía—. Pensé que iba a ser música indie rara y gente sentada mirando el celular.
Asentí apenas, acomodando la carpeta contra el pecho mientras cruzábamos la calle.

—Igual —agregó, mirándome de reojo—, lo mejor no fue la música.
Suspiré.
—Clara…
—¿Qué? Te habló.
—Me ayudo con la carpeta.
—Ajá.

Seguimos caminando entre comentarios sobre la facultad y entregas pendientes hasta llegar al departamento. Apenas entramos, todo volvió a la normalidad: mochilas apoyadas sin cuidado, luces encendiéndose una por una, el ruido del agua en la cocina.

—Voy a ducharme —avisó Clara desde el pasillo.

Respondí algo distraída y entré a mi habitación.
Cerré la puerta.
El silencio cayó de golpe.
Dejé la carpeta sobre el escritorio y me saqué la campera. Durante unos segundos me quedé mirándola sin abrirla, como si todavía perteneciera al café y no a mi rutina.
Finalmente la abrí.
Los planos seguían ahí, intactos. Líneas rectas, medidas anotadas al margen, correcciones pendientes. Tomé el lápiz e intenté continuar donde había quedado.
Medí una distancia.
Borré.
Volví a trazar.
Pero mi atención se desviaba sola.
Suspiré y apoyé el lápiz.
Fue entonces cuando noté la mancha.
Pasé el dedo por encima sin pensar.
No debería importarme.
Era solo una marca.
Aun así, me quedé mirándola más tiempo del necesario.
Cerré los ojos un segundo y, sin querer, hice un cálculo mental.
Cinco días.
Faltaban cinco días para el jueves.
Fruncí el ceño, incómoda conmigo misma, y volví a inclinarme sobre los planos como si eso fuera suficiente para concentrarme.
No lo fue.
La línea que estaba dibujando quedó apenas torcida y dejé el lápiz otra vez.

Antes iba al café por costumbre. Un lugar entre el ensayo y el resto del mundo donde nadie esperaba nada de mí.
Ahora el jueves parecía tener algo distinto.
No expectativa.
Solo… posibilidad.
Cerré la carpeta con cuidado, dejando la mancha hacia arriba sin saber muy bien por qué.
Probablemente no volveria a verlo.
Igual iba a ir.

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(Bruno)

Llegué al departamento pasada la medianoche.
El silencio era distinto al del café. Más limpio. Más predecible.

Dejé la cámara sobre el escritorio mientras me sacaba la campera y encendí la computadora. El proceso era automático: tarjeta de memoria, carpetas nuevas, descarga.
Las imágenes comenzaron a aparecer una tras otra.
Luces desenfocadas. El músico inclinado sobre el micrófono. Manos levantadas frente al escenario. Personas riendo sin notar la cámara.
Trabajo.

Avancé rápido eliminando tomas repetidas hasta que una imagen me hizo detenerme.
Ella.
No estaba mirando al lente. Sostenía una carpeta contra el pecho, apenas girada hacia alguien fuera del encuadre. La luz le caía de costado, marcando un gesto concentrado, como si estuviera pensando en algo lejos de ahí.
Fruncí levemente el ceño.
No recordaba haber tomado esa foto.

Pasé a la siguiente.
Volvía a aparecer, esta vez entre la gente, casi fuera de foco.
Y otra más.
Me recliné en la silla.
No suelo repetir encuadres sin darme cuenta.
Me quedé mirando la pantalla unos segundos antes de cerrar el programa.
Guardé la cámara sin revisar el resto.

Era probable que no volviera a cruzarla. La ciudad funcionaba así: encuentros breves que no necesariamente se repetían.
Apagué la luz.
Aunque, por primera vez en mucho tiempo, la idea no me resultó del todo convincente.




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