Casi todo... Nunca nada

Todo empezó sin importancia

Capítulo 1

(Ámbar: quince años de edad) Ciudad Los Tamboriles.

—No mamá, no es cierto.

—Claro que sí, vi como mirabas a ese libro —me miraba sonriendo —Ya, dime qué lees —ella seguía insistiendo.

—Nooo, eso sería como leer mi diario —le dije, alejando el libro de ella.

—¿Tu diario? —preguntó mamá, sorprendida —¡¿Tienes un diario?!

—Ups, mami ¿Por qué no te vas a revisar los vestidos que te encargaron? —le dije, para disimular —¿Te parece? Vi que estaban bien bonitos —le dije mientras la sacaba y cerraba la puerta.

Me quedé sentada sobre la cama, mirando la portada del libro.

La verdad, vivir sola con mamá no era para nada algo aburrido. Aunque a veces estar sola en casa no era la mejor opción.

Tengo a la mejor madre del mundo.

La habitación se veía hermosa, por la radiante luz que el sol daba en la ventana. De pronto la pantalla del teléfono se ilumina, con un sonido que me sacó de mis pensamientos mientras miraba el libro que estaba leyendo.

Casi no le presto atención, pero el nombre que apareció en la pantalla captó mi atención de inmediato.

Ese nombre me pareció familiar.

“Emmanuel Aybar” te ha mandado una solicitud de amistad. Era una notificación de facebook.

«No sabía que esa simple notificación cambiaría todo».

Entré a la aplicación, le acepté la solicitud.

Dejé caer el teléfono sobre la cama, para así poder seguir leyendo.

Otra notificación me volvió a llamar la atención.

Aquel chico me había escrito.

Hice una pausa. Le contesté.

Por alguna razón sentía que su nombre me era conocido, pero no me moleste en preguntarle.

Hablamos y los minutos se convirtieron en horas.

Me contó cosas personales demasiado rápido para alguien que acababa de conocer, y aún así yo también terminé haciendo lo mismo.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó.

—Quince—¿Y tú?.

—Yo tengo dieciocho.

En cuanto mamá se entere que hablé con un extraño y “mayor de edad” me va a matar.

Por alguna razón no me pareció extraño en ese momento.

—Ah, que bien —dije, como si no estuviera asustada por si mamá llegara a abrir la puerta.

—Sí, ¿Cuál es tu color favorito?

¿Mi color favorito?

Sí, esas típicas preguntas que se hacen cuando estás conociendo a alguien.

—El negro —contesté.

—Oh, el mío también.

Mentiroso

—Algo en común —Le dije.

Mentirosa

Yo solo confié en cada una de sus palabras. ¿Acaso eso está mal?

Pasaron dos horas y era como si él no tenía nada que hacer, y yo hasta me había olvidado de terminar de leer mi libro.

Yo no no fuí a la escuela este día, así que tenía mucho tiempo para perder.

Mientras hablábamos me contó que él había terminado sus estudios en la escuela.

Obvio, ya tiene dieciocho años.

Notificación “tienes un mensaje de «my boyfriend »

—Ah, ese niño... —dije—dando un suspiro.

Mi novio me había escrito, el es adventista pero no del todo. Nos conocimos desde niños, a los diez años recuerdo que él me gustaba; cosas de niños al fin.

Abrí su mensaje y era un collage de unas fotos de nosotros, junto con una pregunta.

—Muy entretenida ¿Verdad? ¿Con quién? —me preguntó él.

—Buenas tardes mi amor hermoso —¿Todo bien? —pregunté con sarcasmo.

—Solo respóndeme.

—Ash, ¿De qué hablas ahora?

—Te he querido llamar desde hace rato, dime ¿Qué pasó?

—Yo no quiero hablar por llamada —le dije, un poco fría.

—Esta bien amor mío.

No estoy segura de si él me quería pero yo estaba segurísima de que yo no, es obvio... ya no tenía diez años.

Puse mi teléfono a cargar y me fuí a dormir, eran como las 3:15 p.m.

Desperté a las 6 p.m. y lo primero que hice fue mirar la fecha, para asegurarme de que no había amanecido aún.

Fecha: Mar, 22 de nov

—Gracias a Dios —exclamé.

Mi mamá estaba analizando unos diseños de algunos vestidos, por lo que pasó casi todo el día sin estar pendiente de mí.

Yo me fuí a bañar.

Cuando terminé, entré a facebook a ver vídeos y vi que tenía un mensaje, al mirar era aquel chico.

—¿Tienes novio? —preguntó.

¿A qué venía esa pregunta?

Ignore el mensaje, y seguí viendo vídeos. Pero mi mente no dejaba de reaccionar preguntándose ¿Por qué no le respondí? ¿Por qué no decirle que sí y ya?

—Holaaa —me escribió aquel chico nuevamente.

—Hola, sigo aquí —le dije —solo que no quiero contestarte.

—¿Qué haces?

—Viendo vídeos, ¿Y tú?

—Esperando tu respuesta...

—Sí, sí tengo. ¿Por qué?

—Humm, por nada.

Ese “Humm” hizo que pensara que tal vez pudiera ser Mathieu escribiéndome en otra cuenta, así que lo dejé en visto.

Aunque Mathieu no sería capaz de hacerlo, eso creo. Siempre me ha demostrado que confía en mí.




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