Alexis mantuvo la linterna enfocada en el pasillo que llevaba al sótano, el sonido retumbando en sus oídos.
La inquietante atmósfera de la casa lo envolvía, y un escalofrío recorrió su espalda. Sin embargo, el instinto de supervivencia le gritaría que no debía investigar más.
No podía arriesgarse. Retrocedió rápidamente, girándose y corriendo hacia la puerta principal. Las tablas crujían bajo sus pies mientras su corazón palpitaba con fuerza, la adrenalina disparándose en su cuerpo.
Justo cuando abrió la puerta, escuchó un nuevo ruido proveniente de dentro de la casa, un sonido más pesado que el anterior. Una sombra se proyectó en el marco de la puerta.
El asesino seguía en la casa.
La noche oscura lo envolvía, y apenas pudo distinguir la silueta de un hombre que aparecía en la entrada.
Con la mente en blanco, corrió hacia el pueblo, sin detenerse, dejando atrás la casa que podría haber sido su tumba.
Al llegar al pueblo, el aire fresco y la luz de las farolas lo alentaron, pero la sensación de ser observado no lo abandonaba.
—¿A dónde ir? —se preguntaba, con la respiración agitada.
La estación de policía estaba cerrada, ni siquiera alcanzó a avisar de su llegada. El bar era el único lugar con luz en todo el pueblo, pero, no parecía muy amigable.
En su mente, la única opción viable para refugiarse era la iglesia, un lugar donde podría encontrar algo de seguridad y posiblemente alguna respuesta.
Rápidamente se dirigió hacia la iglesia del pueblo, su corazón latiendo desbocado mientras recorría las calles vacías.
La oscuridad lo rodeaba, y cada sombra parecía moverse. A medida que se acercaba a la iglesia, notó que la puerta estaba entreabierta. Sin pensarlo dos veces, empujó la puerta y entró.
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Editado: 11.01.2026