Caso 5 |libro Interactivo|

7

El detective no había sido asignado al caso por ser un novato; tenía años de experiencia. Lo primero que hizo, antes de retomar cualquier conversación, fue encender la grabadora escondida en su abrigo y obtener el nombre del hombre.

—No iré a ningún lugar con alguien que no conozco.

—Soy Luciano Marcello, amigo de Alfredo.

En el expediente no figuraba nadie con ese nombre, pero no tuvo otra opción que seguirle el juego; este hombre era el único capaz de hablar sobre el asesinato.

El rostro del hombre se tornó serio y observó a su alrededor antes de acercarse un poco más.

—Necesitamos hablar en un lugar más privado. Este sitio puede no ser seguro.

Alexis sintió un escalofrío, pero la curiosidad y la necesidad de obtener información lo empujaron a aceptar.

—Está bien. ¿A dónde vamos? —preguntó.

El hombre guió a Alexis hacia una puerta trasera que conducía a un pequeño callejón. La oscuridad del lugar contrastaba con la calidez del bar, y Alexis notó que el hombre miraba a su alrededor, como si se asegurara de que nadie estuviera escuchando.

—Dices que el padre Hilario no tiene nada que ver, pero ¿por qué...?

Alexis comenzó a formular una pregunta sobre los últimos días de Alfredo cuando, de repente, el hombre se giró hacia él con una rapidez inesperada. Antes de que pudiera reaccionar, Luciano se abalanzó sobre él, lanzando un golpe directo a su estómago. Alexis jadeó, sintiendo el aire escapar de sus pulmones mientras se encorvaba.

—¿¡Qué demonios...?! —murmuró, tratando de recuperar el aliento y alejarse.

Pero el hombre no le dio oportunidad. En un movimiento rápido, lo empujó contra la pared del callejón, con una mano firme en su pecho.

Alexis intentó liberarse, pero el extraño era más fuerte de lo que parecía. La fría hoja de un cuchillo brilló a la luz de la luna antes de trazar una línea fina por su cuello.

—Deberías haber rechazado el caso, detective.

La sangre fluía desbordada, ahogándolo. Escupía lo más que podía, pero la pérdida era tan grande y tan dolorosa que, lentamente, fue perdiendo el conocimiento sin dejar de sentir el ardor en su garganta.

~.~FIN~.~

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