El interior de la iglesia era sombrío, iluminado solo por la tenue luz de algunas velas. La atmósfera era pesada, impregnada de incienso y un silencio inquietante.
El sonido de la madera rechinando resonó en el interior, como si anunciara su presencia. La iglesia estaba vacía, salvo por un monaguillo, un niño delgado y pálido que encendía las velas en silencio.
Alexis, acostumbrado a interrogar a las personas para obtener respuestas, se acercó al niño con cautela.
—Hola, ¿sabes si el sacerdote está por aquí? —preguntó amable.
El monaguillo levantó la vista, pero no dijo una sola palabra. El chico hizo un pequeño gesto con la cabeza, señalando hacia una puerta lateral cerca del altar.
Intrigado por la actitud del monaguillo, Alexis asintió en agradecimiento y se dirigió hacia la puerta señalada.
La atravesó con pasos firmes, encontrándose en un pasillo estrecho que olía a incienso antiguo. Al final del corredor, encontró una pequeña habitación donde el sacerdote, un hombre de cabello alto y casi de su edad, estaba inclinado sobre unos libros antiguos.
—Muy joven para ser sacerdote —pensó el detective.
El hombre levantó la cabeza al sentir la presencia de Alexis.
—¿Padre Hilario? —consultó Alexis.
—¿En qué puedo ayudarle, hijo? —preguntó con voz suave, cerrando su libro y observándolo con atención.
—Soy Alexis Córdova, detective. Estoy investigando la muerte de Alfredo, un hombre del pueblo. Me dijeron que frecuentaba esta iglesia, y pensé que podría encontrar algo aquí que me ayude a esclarecer lo que ocurrió —dijo, intentando que su tono no sonara demasiado acusador.
El sacerdote lo miró un momento, como si evaluara sus palabras con cuidado.
—Alfredo, sí... Un hombre devoto. Sin embargo, dudo que la iglesia pueda ofrecerte respuestas. Aquí, solo encontraras oraciones y silencio.
Alexis frunció el ceño, poco convencido de esa respuesta tan directa.
—Si no hay nada aquí, ¿sabe de algún lugar donde pueda buscar pistas? Necesito resolver esto, y parece que Alfredo era un hombre conocido por los feligreses... —Alexis dejó la frase inconclusa, esperando que el sacerdote le diera alguna pista.
Hilario se puso de pie lentamente, como si estuviera reflexionando. Luego, se acercó un poco más al detective, sus manos se entrelazaron en frente de él.
—Si buscas respuestas sobre la vida de Alfredo, te sugiero que vayas a su casa. Es probable que allí encuentres lo que necesitas. Esta iglesia... —hizo una pausa, mirando hacia el altar como si fuera obvio— solo te desviaría de tu camino. Sin embargo... —la voz del sacerdote se tornó más baja— si prefieres hablar en privado, hay cosas que puedo compartir.
Alexis sintió una chispa de interés en las palabras del sacerdote. Era extraño que insistiera tanto en que no encontraría nada en la iglesia, pero aún más que le ofreciera información solo bajo condiciones.
El sacerdote se quedó en silencio, esperando la decisión de Alexis. Afuera, la bruma seguía acumulándose, y el viento comenzaba a soplar más fuerte.
Era el tipo de momento en el que una decisión equivocada podría significar perder una oportunidad vital.
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Hablar con Sacerdote: 9.
Ir a la casa: 10.
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Editado: 11.01.2026