Caso 5 |libro Interactivo|

9

Alexis miró al sacerdote, evaluando la situación. Algo en la actitud del hombre le parecía fuera de lugar, pero su instinto le decía que debía seguir adelante.

Las palabras de Hilario parecían esconder algo más, algo que tal vez no quería compartir en público. Si Alfredo era tan devoto como le habían dicho, y si algo oscuro había detrás de su muerte, el sacerdote tal vez tenía las respuestas que tanto buscaba.

—De acuerdo, hablemos en privado —dijo finalmente Alexis.

El sacerdote asintió con una ligera inclinación de cabeza. Alexis lo siguió mientras el sacerdote lo conducía hacia una pequeña puerta de madera detrás del altar.

Abrieron la puerta y entraron en un pasillo oscuro y estrecho, con las paredes de piedra rugosa y el aroma de humedad envolviéndolos.

El sacerdote bajó las escaleras primero, iluminando el camino con una pequeña linterna que llevaba en la mano. Los pasos de Alexis resonaban en el eco frío de la piedra a medida que descendía tras él.

Bajaron por lo que parecían ser varios metros, alejándose cada vez más del bullicio exterior, sumidos en el silencio sofocante del subsuelo.

—¿A dónde me lleva? —preguntó Alexis, mientras su mirada se ajustaba a la oscuridad y al tenue brillo que proyectaba la linterna.

—A mi lugar favorito, hijo. La reserva de vinos —una risa baja contagio al detective—. ¿Puede adelantarse para colgar la lampara? falta poco.

Alexis no tuvo de otra que obedecer, en el estrecho pasillo se hizo a un lado, bajando a penas dos escalones.

En un movimiento rápido, el sacerdote empujó a Alexis con una fuerza inesperada. El detective rodó por la dura escalera de piedra rasgando su ropa.

Cayó violentamente hacia el suelo, el impacto le arrancó el aire de los pulmones. Apenas tuvo tiempo de procesar lo que estaba ocurriendo cuando sintió un dolor agudo en su cabeza.

Alexis miró su mano, horrorizado a ver el líquido carmesí. La sangre comenzaba a fluir rápidamente, bajando por su nuca. Trató de gritar, pero el dolor era tan abrumador que apenas pudo emitir un débil gemido.

—Nunca tuvo que venir al pueblo detective.

Alexis trató de moverse, de levantarse, pero su cuerpo no respondía. Su visión se nublaba mientras el frío de la pérdida de sangre comenzaba a apoderarse de él.

Podía sentir cómo su consciencia se desvanecía mientras la figura del sacerdote se alejaba, dejándolo solo en aquella fría y oscura cripta.

~.~FIN~.~

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