Caso 5 |libro Interactivo|

11

Al llegar a la cocina, la escena ante sus ojos era aún más perturbadora de lo que esperaba. La puerta que daba al patio trasero estaba abierta de par en par

Había fragmentos de vidrio en el suelo, dispersos como si algo —o alguien— hubiera sido arrojado con fuerza contra los estantes, que ahora colgaban torcidos, con platos y objetos rotos esparcidos por doquier.

Alexis escudriñó la escena, y comenzó a analizar rápidamente los detalles. Todo apuntaba a un forcejeo: los estantes caídos, los platos rotos, y las señales de violencia en el suelo.

Sus ojos se dirigieron de nuevo a la puerta abierta, dio un paso queriendo inspeccionar el exterior, cuando un crujido leve lo hizo detenerse en seco.

Antes de que pudiera reaccionar, una sombra se deslizó rápidamente. Un hombre apareció en el umbral, alto y de complexión fuerte, con el rostro cubierto por un pasamontaña negro.

En su mano, una daga relucía bajo la luz tenue. Alexis no tuvo tiempo de pensar; solo pudo actuar por instinto.

Era el asesino, y lo estaba esperando.

El asesino avanzó sin dudar, lanzándose sobre Alexis con la daga en alto. El detective esquivó por poco el primer ataque, sintiendo el aire cortado por la hoja a centímetros de su rostro.

Alexis bloqueó un golpe con su antebrazo y lanzó un puñetazo al abdomen del asesino, haciéndolo retroceder. Sin embargo, el hombre se recuperó rápidamente y dirigió una patada al pecho de Alexis, que lo lanzó contra la mesa de la cocina.

Con la respiración entrecortada, el detective trató de levantarse cuando vio al asesino girarse hacia la estufa.

Con un giro rápido de su mano, el asesino abrió las válvulas del gas. Alexis escuchó el sonido distintivo del gas escapando, un siseo que llenaba el aire a su alrededor.

El pánico se apoderó de él. El asesino no solo estaba allí para acabar con él; estaba dispuesto a destruir toda la evidencia.

—¡Maldición! sí está dispuesto a morir es porque no es el asesino —pensó Alexis, sintiendo la urgencia de la situación—. Alguien lo envió.

El asesino se abalanzó nuevamente, pero Alexis lo empujó con todas sus fuerzas, haciéndolo chocar contra la pared. Sin perder tiempo, corrió hacia la puerta trasera, pero el asesino lo alcanzó, tirándolo al suelo con un golpe que lo dejó aturdido.

Alexis se levantó como pudo, luchando por respirar mientras el gas seguía inundando la habitación. Sabía que no quedaba mucho tiempo. El olor era fuerte, y un simple chispazo podría ser el final.

Alexis, sin perder la concentración, giró a tiempo para ver al asesino sacar un encendedor del bolsillo. El pequeño chasquido del encendedor resonó en la cocina, y una llama azul titiló en la oscuridad.

El fuego iluminó el pueblo de San Agustín, devorando la casa con el único hombre capaz de resolver el crimen dentro.

~.~FIN~.~

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