Alexis respiró hondo y, tras un último vistazo al monaguillo, decidió seguir al sacerdote.
Sus instintos le gritaban que se alejara, pero algo en el sacerdote lo atraía. Quizás era la oportunidad de obtener respuestas, de cerrar el círculo de preguntas que giraban en torno a la muerte de Alfredo.
—Sígame —dijo el sacerdote, con una calma que no coincidía con la urgencia que Alexis sentía.
Juntos caminaron hacia el altar, donde el sacerdote empujó una pesada puerta de madera detrás de él, revelando una estrecha escalera que descendía hacia una sala subterránea.
Alexis sintió un escalofrío recorrer su espalda mientras bajaban, el sonido de sus pasos reverberando en las paredes de piedra.
Al llegar abajo, se encontraron en una pequeña sala donde se guardaba el vino. Unas pocas velas parpadeaban en la penumbra, y una mesa de madera tosca dominaba el centro de la habitación.
El sacerdote lo invitó a sentarse y sirvió el vino con una sonrisa, el líquido rojo oscuro cayendo lentamente en las copas. Alexis observó cada uno de sus movimientos, agudizando su atención, consciente de que algo estaba fuera de lugar, pero sin poder identificar qué era.
—Espero que le guste el vino —dijo el sacerdote, extendiéndole una copa con una sonrisa extraña—. Es de una cosecha especial. Aquí, en el pueblo, solemos compartirlo en nuestras misas.
Alexis tomó la copa, pero no bebió de inmediato. Miró al sacerdote, intentando mantener su expresión neutral, pero cada fibra de su ser estaba en alerta.
—Gracias. Pero preferiría que comenzáramos. Tengo algunas preguntas sobre Alfredo. He encontrado cosas en su casa que no cuadran.
El sacerdote suspiró, levantando su propia copa y observando el vino como si estuviera contemplando el pasado. Luego, tomó un sorbo lento, sin apartar la vista de Alexis.
—A veces, la fe no es suficiente para esconder lo que llevamos dentro, detective
Alexis frunció el ceño, sin entender del todo a qué se refería.
—¿Habla de secretos? —preguntó, su tono más firme—. ¿Qué sabía Alfredo que lo llevó a la muerte?
El sacerdote se inclinó hacia adelante, bajando la voz como si estuviera a punto de revelar una verdad prohibida.
—Alfredo... conocía a la persona que le arrebato la vida. Sabía cosas que ningún hombre en este pueblo se había dado cuenta. Y esas cosas, detective, son las que lo condenaron.
El corazón de Alexis comenzó a latir más rápido. Sentía que estaba acercándose a la verdad. Tuvo que tomar de la copa para pasar la incertidumbre de la situación.
—¿A qué se refiere?
Una sonrisa diabólica surgió de los labios del sacerdote.
—A que él llegó a conocer al verdadero Padre Hilario.
—¿Que? —preguntó Alexis, su voz cargada de incredulidad y desprecio.
El sacerdote levantó la copa una vez más.
—No tenía otra opción. Mi hermano y yo huimos de la ciudad y al llegar, lo primero que vimos fue a un viejo esculido bajar del tren. Pero él lo vio todo.
El vino en la copa de Alexis parecía más oscuro ahora. Sentía una presión creciente en su pecho, como si el aire en la habitación se volviera más denso con cada palabra del sacerdote.
—¡¿Usted lo mató!?—Alexis se levantó de la mesa.
De repente, su cuerpo se tensó. El sabor metálico en su boca lo alertó.
Miró la copa de vino que aún sostenía y luego al sacerdote. El rostro del hombre de Dios seguía imperturbable, su sonrisa cálida y traicionera.
—Es una lástima, detective —dijo el hombre, con una voz tan suave como el veneno que corría por las venas de Alexis—. Me estaba empezando caer bien.
La copa cayó de las manos de Alexis, estrellándose contra el suelo. Su visión comenzó a desdibujarse, las sombras en las paredes parecían alargarse y retorcerse, como si la oscuridad misma lo estuviera envolviendo.
Intentó levantarse, pero sus piernas no respondían. El veneno actuaba rápido, paralizando cada uno de sus músculos y muy pronto, su corazón.
Su cuerpo cayó hacia adelante, golpeando la mesa con un golpe sordo.
El hombre que había planeado la muerte de Alfredo se quedó en silencio, y con calma, se sirvió otra copa de vino presenciando como la vida del detective se extinguía.
~.~FIN~.~
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Editado: 11.01.2026