Caso 63

Cómo es el futuro

La mejor manera de predecir el futuro es creándolo.
— Peter Drucker

 

 

 

 

2 de diciembre 2012

Vicente Correa

Estos últimos 4 días han sido extraños, no he podido trabajar ni hacer nada, aún tengo la imagen y la sensación de los dos sentados en el auto el sonido de la lluvia alrededor, recuerdo cada detalle de sus ojos y de sus expresiones y el movimiento constante de sus manos mientras me contaba su historia, una historia imposible.

Está es la llave que buscas, dijo. Mi historia es la llave que buscas y solo si crees lo que he compartido contigo solo si lo has creído, llámame y te estaré esperando.

Me dijo que su nombre es Beatriz y también dijo que iba a preferir llamarla por ese nombre y se fue.

Esta tarde sorprendí a María escuchando mis grabaciones con Beatriz, tenía los ojos húmedos y me dijo que quería hablar con esa mujer, me lo dijo con una calma que me sorprendió y me sorprendió su aceptación. Había escuchado sin previo aviso la narración de una historia imposible y fue como si ella también necesitara comprender la llave o su rol en este juego que parece no tener inicio o fin.

Accedí y no intente explicar nada, como puedo explicar a mi hija lo que no me puedo explicar a mí mismo.

5 días después de mi encuentro con Vicente me encontraba entrando a su casa para hablar con María, ella había escuchado y leído todo lo que Vicente tenía sobre mí y algo en eso había despertado su curiosidad, ahora quería verme y tenía una oportun...


5 días después de mi encuentro con Vicente me encontraba entrando a su casa para hablar con María, ella había escuchado y leído todo lo que Vicente tenía sobre mí y algo en eso había despertado su curiosidad, ahora quería verme y tenía una oportunidad para cambiar el futuro.

—Ella insistió. —Fue lo primero que me dijo Vicente cuando me vio.

—¿Escucho todo? — Le pregunte, aunque eso ya lo sabía, me sentía bastante nerviosa de estar aquí.

—Sí, yo estaba afuera. —Se detiene un momento, parecía preocupado. —Nunca lo hace, nunca se mezcla en mis cosas, nunca lee o se mete en mi celular o en mi computadora, me ha dicho que sintió que debía escuchar lo que había en esa grabadora... confió en que no le dirás nada que le haga daño.

—Te lo prometo. —Sonrió intentando lucir calmada pero no sabía qué hacer, lo que había pensado hacer con María antes de saber que era hija de Vicente ahora me resultaba incómodo y repulsivo.

Necesitaba intentar con otra cosa y lo único que podía pensar ahora era decirle la verdad.

Vicente asiente y me dirige a la habitación de María, toca a su puerta y escucho la suave voz de María del otro lado pidiendo que entre.

María se gira en su silla del escritorio para mirarme, su cabello era negro y corto y tenía pocos rasgos de Vicente, debía parecerse a su mamá.

—Bueno, las dejo solas... —Vicente dudo unos segundos antes de cerrar la puerta y dejarme con María.

—Gracias Vicente...

—Hola —La saludo.

—Hola – dice María, mirando a mi mano. —¿Registras todo? —Señala la pequeña grabadora en mi mano mientras se pone de pie.

—Tengo problemas con mi memoria.

—Escuche las grabaciones de mi papa...

—Lo sé, eran grabaciones terapéuticas privadas.

—Beatriz, dejemos de mentiras e intentar protegerme, ¿de verdad crees que eres lo que eres? —Me miraba con curiosidad.

—No importa lo que yo crea de mí.

—Mira, durante toda mi niñez y bueno, hasta ahora me sentía alguien especial, alguien única, una elegida, pero no como los pacientes de mi papa con un delirio mesiánico... no, solo que siempre pensé que iba aportar algo al mundo, mi madre me lo decía siempre: sé que cuando seas mayor vas a luchar por hacer de este mundo un lugar mejor y yo de alguna forma como que lo sabía. Por eso quise hablar contigo, mira no me importa si es mentira, si es una fantasía, si es verdad, Beatriz yo te creo.

—No deberías de creer en cualquier cosa que escuchas.

—Lo sé, pero yo decidiré que hago con lo que escucho, mira no puedo explicarlo bien, pero estoy segura que este es el lugar donde tengo que estar, por alguna razón tengo que escucharte.

—Ok, siéntate. —María hace lo que digo y se siente en el borde de la cama mientras yo me siento a su lado.

—El futuro... ¿Cómo es el futuro Beatriz?, —Dudo un momento, como si tuviera miedo de preguntar eso. —Para que puedas responder con comodidad... cómo será el futuro en tu episodio psiquiátrico.




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