Caso 63

El gran dibujo

No está en las estrellas mantener nuestro destino sino en nosotros mismos.

—William Shakespeare

 

 

 

 

Veo como Gaspar se aleja y rápidamente me pongo de pie y me meto en el baño al que me había traído, busco la cabina del baño donde había estado antes para viajar a este año.

Nuevamente estoy aquí en esta cabina, en este mismo baño todo se agolpa, los momentos, personas, lugares. El futuro cambia nada es seguro esa es la única certeza y en cualquier momento los eventos pueden alterarse radicalmente sin previo aviso.

Me siento en el váter intentando tranquilizarme, pero no dejo de preguntarme, ¿Cómo será morir?, ¿será como dormir?, ¿soñare?, recordare las cosas que he vivido, los miles de momentos que me definieron, que pasaron por mí.

¿Tendré conciencia en el último segundo del dibujo de mi vida?

¿Hay un dibujo final que cierre?

Que de un orden a todo lo que hemos vivido.

Vendrá algún ultimo recuerdo a visitarme, ¿Qué pasará con ellos?

Con el recuerdo de ese café al amanecer mientras nevaba.

De esa puesta de sol donde pareció salir un rayo verde y sentí ganas de llorar.

Con esa frase que subrayé en un libro y que volví a encontrar muchos años después y volvió a salvarme la vida.

Aferrar la mano de mi padre a los 5 años mientras caminamos entre las rocas en una playa que ya no recuerdo.

El primer beso salado como el mar bajo un árbol rojo.

Mi examen de grado y la sensación magnifica de hacerlo perfecto, mi madre leyéndome un cuento en una clínica después de una intervención, una pelea con mi hermana y miles de momentos hermosos con ella...

¿Dónde se ira todo eso?

Y la gente que amo... ¿la recordare en sueños en mi nueva vida?, ¿reconoceré a alguien y sentiré esa cercanía o empezare todo de nuevo? o solo quedaran ecos invisibles de lo que fui grabados por encima de una cinta con nuevos recuerdos.

Aquí en esta cabina todo es... todo se siente exactamente como hace no mucho tiempo atrás, un deja vu diría Vicente, todo se agolpa y siento el vortex, siento tres líneas que salen de aquí con tres posibilidades.

Salgo de la cabina abrumada hacia los lavabos para mojar un poco mi cara con agua fría e intentar calmar los temblores de mi cuerpo.

En la primera, salgo camino hacia Vicente y juego por una pequeña, por una fracción de tiempo a ser feliz e ignorar el futuro. Saber que nunca podre tomar el avión porque voy a morir mucho antes de poder abordarlo, ¿será un ataque cardiaco?, ¿me voy a desvanecer?, ¿será doloroso?

En la segunda línea un acto de locura descontrolada ante los ojos de María, decido sacar la semilla que sembré en ella le entrego de la peor forma el mensaje que no debe creer en mí, el dolor será inolvidable para ella y Vicente.

Y en la tercera posibilidad, la tercera línea es intentar algo imposible, si una persona puede alterar el futuro de otros, ¿por qué no puede alterar su propio destino?, romper las reglas, destruir las reglas, ¿por qué no es posible romper el puto mecanismo? porque no es posible algo así, porque no...

No sé cuánto tiempo había pasado, pero no podía quedarme mucho tiempo, salgo corriendo del baño mirando mi celular para ver la hora, maldita sea.

Dos minutos, tengo dos minutos.

Llego corriendo a la sala de espera agitada y con el pulso acelerado y por primera vez siento que pronto mi vida acabara, busco alrededor con la gente mirándome extrañada pero no logro verlos por ningún lado.

Donde están por la mierda, donde están.

María donde estas, Vicente...

Miro entre las personas hasta que veo el cabello corto de María, corro hasta ella y me sonríe mientras me ve acercarse.

—María, María... —La tomo de los brazos y su sonrisa se borra al ver mi expresión.

—Te estábamos buscando...

—María escucha, escúchame linda mírame a los ojos. —Lo hace preocupada y me sujeta de los codos cuando ve que estoy alterada. —El futuro no está escrito, ¿me escuchaste? ¡crea tu futuro!, el que tu elijas preciosa, crea tu propio futuro rompe el puto mecanismo...

Comienzo a sentir una presión en mi pecho y siento un dolor por el brazo y espalda, María me sujeta y siento que ya no puedo estar de pie, la miro por última vez y luego detrás de ella a Vicente, viene corriendo a nosotros, pero sé que ya no le dará tiempo, de nuevo nos perdíamos... justo cuando creí encontrar el lugar a donde pertenecía.

—¡Beatriz!, ¡¿Beatriz que pasa?! —María me mueve, pero yo siento que me falta el aire y puedo sentir como la vida sale de mi cuerpo, todos mis recuerdos se amontonan en mi cabeza y por un momento me aferro a la vida.

María no puede sostenerme más tiempo y caigo con ella intentando retenerme, escucho gritos alrededor de la gente, María y Vicente, pero cada vez son más lejanos.




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