Capítulo 9
Isis Ivanov
Coloqué brillo en mis labios cuidadosamente de modo que ahora se profundizaba más el tono rojizo de los mismos, me estaba tomando todo el tiempo del mundo pese a que en unos minutos debería de venir por mí el odioso alfa. Seguía retocando mi labial para cuando escuché sonar el tono de llamada de mi teléfono, lo tomé y al ver que era mi madre atendí mientras aún retocaba mi maquillaje.
-¿Si?
-¿Ya llegó Cassian por ti? ¿Ya estás en la cita con el?-preguntó mi madre.
-No mamá, lo estoy esperando. Estoy terminando de darme los últimos retoques en el maquillaje. ¿Solo llamabas para preguntar?
-En realidad no, quería hablar un poco contigo sobre las palabras que mencionaste el otro día. Sé que la cita no es de tu agrado y mucho menos la boda, pero mi deseo tampoco es casarte con él a la ligera solo para beneficiarme. Me preocupo por ti y tu futuro y sé que a su lado serás muy feliz como su esposa, solo dale la oportunidad de conocerte, háblale en la cita, pregúntale sus gustos, sus metas, y así al menos sabrás si realmente coinciden en algo.
El cambio en su actitud es notable, si yo le dijera a mi yo de hace un año que nuestra madre nos está diciendo estas cosas seguramente me reiría a carcajadas. Ella siempre fue una mujer que repudió el amor y los compañeros predestinados haciendo que inevitablemente me contagiara su odio por el género masculino. Por eso es ridículo que hoy esté casada con un hombre "de dinero" que dice ser su compañero predestinado y yo comprometida con uno igual por su culpa.
-No voy a decir que lo intentaré pero haré un esfuerzo-respondí.
-De acuerdo hija, espero que todo en la cita salga bien y recuerda que te quiero-con estas palabras cuelga el teléfono dejándome a mí con una sensación rara en mi estómago.
¿Qué me está ocultando mi madre?
Dejé el brillo labial en el tocador y tomé mi perfume para rociarme un poco. Nuevamente mi teléfono sonó pero esta vez no miré el número de quien me llama pensando que es mi madre nuevamente.
-¿Olvidaste decirme algo?
-Si, que ya estoy abajo-su voz de alfa es tan grave que mi omega reacciona a la misma. Mi piel se eriza de pies a cabeza y juro que si fuera un gato estuviera ahora mismo ronroneando por escuchar esa voz una vez más.
-Yo… ya iba a bajar-colgué avergonzada mientras tomaba mi cartera y caminaba hasta la entrada de la casa.
Mientras caminaba seguía reprochándome a mí misma el no haber leído de quien era la llamada pero todo eso paso a un segundo plano en cuanto salí de la casa y cerré la puerta detrás de mí. Lo primero que mis ojos captaron fue su elegante silueta vestida con un traje costoso apoyada sobre su propio auto mientras miraba su reloj, mismo que seguramente debía valer quince veces más que la renta que pago todos los meses. Al notar mi presencia sus ojos conectaron con los míos y luego procedieron a darme un repaso de pies a cabeza, internamente celebré que al menos arreglarme tanto había servido para dejarlo asombrado. Sin dejar de lado mi postura de indiferencia hacia él caminé hasta el auto y Cassian procedió a abrí la puerta de copiloto para mí.
-Buenas noches, Isis-mencionó el alfa antes de que yo entrara al auto, cruzándome con esos hermosos ojos color miel que siempre los encuentro mirándome en silencio.
-Buenas noches-respondí.
El alfa cerró educadamente la puerta para luego entrar y comenzar a manejar a través de las calles de Forest Green. Mientras el auto seguía avanzando mi vista estaba posada sobre el paisaje que se reflejaba en la ventana pese a la oscuridad en la que nos envolvía la noche, los árboles se mecían al ritmo que el viento les indicaba, las montañas eran indistinguibles y el murmullo del río seguía presente igual que cada noche.
-Te ves hermosa, todo lo que llevas puesto se te precioso. Aunque ya de por si cualquier cosa que te pongas hace que te veas así-comentó Cassian con su vista al frente lo que me sorprendió al ser tan repentino.
-Gracias, tú también te ves bien-respondí tímidamente.
El alfa me dio una sonrisa de lado que me hizo preguntarme si realmente mi comentario le agradó o solamente le subí le ego. El resto del camino transcurrió en silencio mientras mi memoria parecía recordar por pequeños momentos algunas calles de mi infancia y otras que jamás en mi vida había visto antes. En cuanto llegamos al restaurante Cassian se apresuró a bajar del lujoso auto rápidamente para ayudarme a bajar extendiéndome su mano.
Sin alternativa la tomé y luego me dio su brazo para que camináramos juntos hasta el restaurante, no estaba de humor pero por alguna razón su contacto me hacía sentir segura sin ninguna explicación, aunque me cueste admitirlo. Mientras caminábamos muy cerca del otro me di el lujo de ver de cerca al hombre más rico del estado y cuestionarme como es que un hombre tan exitoso como el nació en un pueblo tan pequeño y olvidado.
Su cabello es negro azabache igual que el mío, sus ojos son indiscutiblemente color miel al igual que su tigre, cejas perfectas, labios carnosos y buenas facciones, ahora entiendo porque todas las chicas del pueblo parecían sonrojarse cada vez que lo veían. Además no es un secreto lo bien trabajado que se encuentra su cuerpo, ni siquiera con un traje tan costoso se puede cubrir todos esos músculos. Su olor amaderado a canela tampoco pasa desapercibido, invade mis fosas nasales y me tienta a inhalar su cuello para buscar más.
Pasan unos segundos hasta que nota mi indiscreta mirada y me regala una sonrisa. Tan solo eso me faltaba, una preciosa sonrisa que iluminaria hasta mi día más oscuro. ¿Hay algo en el que no sea perfecto? Si tan solo las cosas fueran un poco diferentes él seria mi tipo ideal, si me hubiese hablado ese día en el supermercado, si esta boda impuesta no existiera incluso así hubiese caído enamorada de él de cualquier forma. Todo lo que ha sucedido en torno a mi vida me hace reflexionar con cada día que pasa y llego a la conclusión de que la luna castiga y regala al mismo tiempo, solo depende de la perspectiva con la que lo veas.