Capítulo 15
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Durante años me escondí entre las sombras, procuré ser una cambiaformas común y normal como las demás, supongo que nadie sabía que solo estaba siendo paciente. Solo estaba esperando el momento en el que tomaré lo que es mío, lo que me corresponde por derecho y que nadie debería de quitarme. Ni siquiera ella. Pero vayamos por partes para que pueda explicártelo.
Desde que era una niña me la pasaba sola en la escuela, sobretodo en los recesos. Nadie quería juntarse conmigo por no tener tanto dinero como ellos. ¿Acaso yo tenía la culpa? ¿Acaso yo pedí que me inscribieran en una escuela para los más ricos del pueblo? Y aunque así lo fuera mes con mes mi padre hacía un esfuerzo por pagarme la escuelita para que, según sus propias palabras, "yo si lograra salir adelante", podía faltar el pan en la casa pero nunca el pago mensual de la escuelita y aunque por fuera yo parecía feliz, por dentro las críticas comenzaban a llenarme de odio.
Teníamos problemas económicos, muchos. Desde que mi madre nos abandonó a papá y a mí tuvimos que mudarnos a casa de los abuelos quienes nos acogieron con amor, pero su situación no era mejor que la de nosotros. Fue desde allí que comencé a odiar todo. Yo solo era una niña, pero sabía perfectamente lo que sucedía en casa y mi ambición por cambiar la vida que tenía empezó a florecer.
Si nadie quería juntarse conmigo yo les haría la vida imposible a todos. Esa misma niña que antes se sentaba sola ahora se la pasaba en los recesos quitándole la comida y el dinero a sus compañeritos. ¿Si a ellos les sobraba el dinero por qué yo no podía tenerlo? ¿Por qué yo no podía tener al menos una vida cómoda?
Eventualmente como era de esperarse todos me tenían entre miedo y odio, pero ahora yo les había dado un motivo. Claro que muchas veces se quejaron con la maestra pero también aprendí a ser astuta, solo tenía que soltar unas cuantas lágrimas delante de ella y recordarle que a ellos no les agrado por mi falta de dinero para que creyera en mí. Y así fue como jamás recibí castigo alguno por lo que hacía, nunca nadie se dio cuenta.
Se podría pensar que fue entonces cuando empecé a ser más feliz, pero todo lo contrario. Ahora el desprecio se mezclaba con odio y rabia hacia mí, ya no solo era por no tener dinero, ahora era por lo que me estaba empezando a convertir, una niña que no le importa mentir o engañar con tal de salirse con la suya sin importarle los demás. Sin embargo, conforme seguían pasando los días las críticas seguían doliendo en lo más profundo de mi ser, porque aunque estuviera obteniendo lo que quería, por dentro me sentía cada vez más sola, sin un amigo, sin nadie que me entendiera y me sacara del pozo en el que me estaba consumiendo.
Hasta que llegó él.
Cassian.
Mi Cassian.
Todavía lo recuerdo como si fuera ayer.
Ese niño nuevo de 8 años que acababa de cambiarse de escuelita, ojos color miel, cabello negro que la caía desordenadamente por su rostro, esa cálida y hermosa sonrisa que hipnotiza a cualquier chica que la vea. Su suéter azul, su pantalón negro y su mochila de Superman. Ese mismo niño se acercó a mí durante el receso y me extendió un billete. Fueron quizás las primeras palabras que me dirigió.
-Deja de molestar a mi amigo Jay para que te dé su dinero. ¡Toma esto y no le vuelvas a pegar nunca más!-mencionó con su ceño fruncido, se veía enojado.
Yo tomé el billete bastante sorprendida e incluso... ¿Conmovida? Jamás ningún niño me había querido dar su dinero por las buenas, incluso tenía que pelear un poco con ellos y en algunos casos hasta morderlos para poder tomarlo. Pero él lo hizo por cuenta propia. Si claro, solo para que no siguiera quitándole el dinero a su nuevo amigo Jay. Pero él se dirigió a mí, habló conmigo y se encargó de que lo hubiera escuchado. De entre todas las niñas del salón me habló solo a mí ese día, eso tendría que ser una señal, ¿Cierto?
Ese chico nuevo que había llegado hace apenas una semana estaba demostrando ser mejor que cualquiera de los cambiaformas de aquí. Él estaba protegiendo a su amigo que conocía hace poco, quizás sea así de protector con todo. ¿Si me pasara algo también me protegería de esa forma? ¿Estaría interesado en mí?
Fue desde ese día que comencé a pasar horas en mi habitación imaginándome millones de escenarios en los que Cassian me salvaba vestido con la armadura de un caballero, me pedía ser su novia, me sacaba de mi casa y mi llevaba a vivir con él a su lujosa mansión. Desde allí se firmó mi propia sentencia, él sería mío, cueste lo que cueste. Él sería mi mejor salida a todo lo que me rodea, él me sacaría de la pobreza en la que me sumerjo cada vez que piso está casa, él tiene la capacidad económica de defenderme si algo me pasara. Él sería mi salvación a este mundo en ruinas en el que me tocó nacer.
Las palabras que me dijo ese día no salían de mi mente, su dulce voz se repetía en mi cerebro cada vez que pensaba en él. El niño más popular, rico y guapo de la escuela me habló, justamente a mí, no podía dejar pasar esa pequeña interacción. Tenía que llamar su atención ahora que él ya había llamado la mía. Comencé a verlo más de lo debido en clase. Me escondía detrás de un arbusto cerca de la salida cada vez que su madre lo iba a buscar en su lujoso auto.
Las fantasías en mi mente no paraban, al contrario, con cada día que pasaban se alimentaban más y más. Estaba segura de que él me entendía, me comprendía, quizás si le contara todas mis penurias podría estar entre sus brazos mientras él me consuela.
Solo tenía 8 años pero tenía la madurez suficiente para saber que lo quería para mí, no dejaría que nadie me lo quitara. Dejé de robarle la comida y el dinero a mis compañeros, empecé a ser más dulce y amable con todos, era obvio que algo había cambiado en mí y ellos lo notaban. Ahora yo tenía que parecer más amigable si quería acercarme a él, tenía que cambiar si quería que él me quisiera.