Capítulo 17
Cassian Stone
*La noche anterior a la boda*
El tercer florista me colgó sin siquiera permitirme explicarle la situación completa. Solté un gran suspiro mientras dejaba caer mi espalda sobre el respaldar la silla, mis ojos se fueron hacia mi teléfono el cual había dejado caer bruscamente sobre el escritorio frente a mí. Mi mente divagaba mientras analizaba como resolveré este gran problema que hay frente a mis narices.
Hace unos minutos estaba sentado en la oficina de mi apartamento revisando algunos documentos de la empresa para cuando llamaron del salón de festejos alarmados informando que según las cámaras de seguridad un individuo había entrado al lugar, especificaron que el “ladrón” en cuestión hurto algunas cosas y dejo un daño considerable en otras como por ejemplo la decoración. Ante la problemática me ofrecieron otro salón de festejo más amplio pero en un sitio que se encuentra alejado de la ciudad.
Al principio pensé en negarme, no veía conveniente tener la fiesta a último momento en un lugar tan retirado de la iglesia pero el tick tack del reloj llamo mi atención haciendo que por primera vez en la noche mis ojos noten la hora.
Sin estar muy convencido me ví obligado a aceptar su trato, de inmediato me dieron la dirección y tuve que comenzar a coordinar toda la parte logística de nuevo. No estuviera en este momento tan paranoico de no ser por la pesadilla que tuve hace unos días en la que todo salía mal, desde la ceremonia hasta el vestido de Isis, incluso la ví llorar y decir que no se casaría conmigo huyendo del lugar. Esa imagen no me dejo dormir durante noches enteras y en consecuencia ordené el doble de absolutamente todo, invitaciones, decoración, comida, música y todo lo que hiciera falta. Incluso le pedí ayuda a Diya para que Isis tuviera otro vestido, no iba a dejar que mi boda con ella saliera mal.
Ya me había encargado de llamar a Michelle y ahora mismo él y sus trabajadores se estaban encargando de adornar el nuevo salón con las decoraciones de repuesto. Pero hubo un pequeño detalle que no contemplé quizás, estuve tan preocupado de lo más relevante que olvide por completo lo más simbólico, las flores. No entendía como no recordé en lo absoluto de tener flores extras y por un momento pensé en ignorar ese detalle y hacer que la decoración tape lo obvio, pero la voz de Isis se me coló en mis pensamientos.
Un pequeño recuerdo vino a mí de cuando Isis y yo fuimos novios. Estábamos teniendo una cita en un jardín lleno de muchas rosas para cuando ella mencionó: <<Cuando nos casemos quiero que todo el lugar este lleno de muchas rosas blancas>>
Una sonrisa adorno mi rostro, recuerdo haber dicho algo como: <<Tan pronto estás pensando en cuando nos casemos?>>
Pero mi pregunta sarcástica se vio eclipsada por la suave y amorosa respuesta de ella: <<Nunca es tarde para pensar que te quiero para toda mi vida>>
Y eso, solo eso basto para recuperar la motivación que me faltaban. Abrí uno de los cajones de mi escritorio y saqué una hoja con los números de todas las florerías de la ciudad y del estado. No iba a tener esa boda sin flores, no decepcionaré a mi omega con su sueño.
*Presente*
Los trabajadores hicieron su máximo esfuerzo para que las rosas blancas adornaran el salón lo más rápido posible pero el tiempo no perdona y mientras comenzaban a llegar los primeros invitados todavía faltaban algunas mesas por colocarle las mismas. Inspeccioné de reojo el lugar asegurándome que todo estuviera en su sitio y mis ojos se posaron rápidamente en Isis quien se encontraba sentada en nuestra mesa jugando distraídamente con una servilleta.
Ella es tan dulce, me la quiero comer a besos.
Una vez que las rosas estuvieron listas agradecí internamente, sentía un gran alivio instalarse en mi pecho al ver que por lo menos pude cumplirle su promesa a mi panterita. Aunque probablemente ni siquiera lo recuerde.
El ambiente de la fiesta se sentía tranquilo y acogedor, la música de jazz llenaba el lugar suavemente haciendo que algunos invitados tararearan la letra de la canción, mientras otros se levantaban a bailar con sus parejas. La luz del lugar era cálida, el color dorado estaba presente en gran medida encontrándolo en las mesas, la decoración, los vestidos de las damas de honor, las corbatas de los hombres incluida la mía y en los girasoles que adornaban cada mesa, pero a nadie de aquí le queda mejor que a mi esposa, que con su hermoso collar dorado que yo mismo le regalé ilumina cada día de mi existencia.
Todas las mesas estaban llenas de los invitados repartidos estratégicamente. En una mesa estaban mis padres y mi hermana, en la otra estaban la madre de Isis junto con su esposo, el padre de Isis y su hermana con su pequeña bebe y en las demás se encontraban algunos socios de mi empresa, amigos míos y de Isis, compañeros de trabajo, uno que otro excompañero de la secundaria y por si no fuera poco el estúpido zorro que me mira con esa sonrisa ególatra que le quiero arrancar de la cara.
Para cuando tomé asiento mi personalidad posesiva que me he esforzado por contener salió a la luz y mi mano fue a parar de inmediato al muslo de mi mujer, haciéndola dar un pequeño saltito en su sitio, pero yo solo miraba al zorro intimidantemente, asegurándole entre líneas que ahora Isis es mi mujer y no dejaré que nadie me la quite.
-Qué crees que haces? Estamos en público-susurro mi panterita.
-Marcando territorio.
Ella suspiro con fastidio.
-Tonto alfa-refunfuño pero yo le sonreí y le deje un beso en su mejilla.
-Y tuyo, todo tuyo.
Llegó la hora del banquete y el delicioso olor de la comida inundaba las fosas nasales de cada uno de los invitados haciéndolos suspirar. Una tanda de meseros se encargó de repartir entre las mesas de los invitados una variedad de platos rusos y británicos, mientras otros pocos colocaron otra variedad de platos en una mesa rectangular con las intenciones de que los invitados pudieran disfrutar de más comida si lo requerían.