Cassian, Mi Alfa Destinado

Más secretos, Más Dolor

Capítulo 20

Isis Ivanov de Stone

-Un día como cualquier otro tu abuelo me llamó pidiéndome que por favor fuera a verlo para conversar un poco y conocer a Itris, quien apenas tenía un mes de nacida en ese momento. Pensé que si quería conocer a su nieta era porque en el fondo él estaba cambiando y quizás estuviera haciéndose la idea de aceptar a tu padre como nuero, así que acepte sin dudar ni un poco. En cuanto puse un pie en la oficina de él con tu hermana en mis brazos noté que estaba acompañado de alguien más, fué en ese momento que mis ojos se posaron en ese pelirrojo con ojos verde esmeralda, no hacía falta ser un mago para darte cuenta que era un cambiaformas y además un zorro, no entendía por qué tu abuelo podría querer tener una conversación con él siendo que siempre dijo que los odiaba, pero lo que me dijo en cuanto vió mi confusión fué aún peor. Tu abuelo deseaba que yo dejara a tu padre por Saimond, ya que a diferencia de Elías, Saimond venia de una familia bien posicionada económicamente por sus restaurantes y el éxito que han tenido, si lo hacia él pondría a mi nombre la empresa Ivanov que fundó con sus propios esfuerzos y no tendría que preocuparme por que falte el dinero en la mesa nunca más.

No podía creer cada palabra que escuchaba salir de los labios de ella. Me hace pensar por un momento que el villano de esta historia no es ni siquiera la mitad de malvado que Saimond y peor aún, es mi propio abuelo. Jamás me detuve a pensar que el mismo señor de canas apenas visibles pero aura elegante, que me recibía siempre con mimos y abrazos las pocas veces que lo veía fuera capaz de hacer todo lo que ella me relata.

-Era obvio que tu abuelo solo quería consolidar negocios con los Vulpes y yo era su moneda de cambio, aún si acababa de tener una hija eso a ellos no les importaba, no por nada él estaba allí ese día. Tu abuelo era capaz de tragarse sus palabras y pensamientos retrógradas sobre los cambiaformas solo por un estúpido negocio, y eso fue lo que más me dolió. Me negué rotundamente a la propuesta de tu abuelo y pese que solo habían pasado 10 minutos de haber llegado, salí de allí furiosa y juré que no volvería a visitarlo. El tiempo siguió pasando y para cuando tu hermana tenía 2 años tú naciste, llenaste cada rincón de la casa de felicidad con tu llegada, te amé y te adore tanto como incluso lo hago ahora sabiendo que triunfas en todo lo que te propones. Tú y tu hermana fueron creciendo y en un abrir y cerrar de ojos ya estabas comenzando a ir a la escuelita, pero junto con eso comenzaron a llegar los problemas en mi matrimonio. A tu padre ese mismo año lo despidieron de su empleo y yo repudiaba la sola idea de tener que vivir como cuando tu abuelo me echó de casa, simplemente no estaba dispuesta a ceder a una vida llena de carencias sabiendo que yo merezco mucho más que eso, así que día tras día le recriminaba el hecho de no haber conseguido trabajo y el de haber perdido el mejor que pudo haber tenido en su vida. Por cada reclamo que le hacia él me pedía perdón por no haber logrado conseguir empleo, y lejos de calmarme, mi enojo y desprecio hacia él iba creciendo.

Mi madre le dio un sorbo a su taza de té saboreando el dulce líquido y algo me decía que la parte más impactante viene en este momento.

-Pasaron solo unos cuantos días hasta que tu padre al fin logró obtener un empleo en una empresa pequeña, en consecuencia le pagaban muchísimo menos que en su anterior trabajo y en vez de alegrarme o al menos apoyarlo solo le recrimine más. No podía soportar vivir con el dinero justo y contado para todo el mes, jamás había vivido así y todo lo que deseaba era salir de esa pequeña crisis económica. Fueron pasando los años y nuestra situación matrimonial no mejoró en lo absoluto, de hecho, empeoró, ni siquiera habíamos logrado casarnos por los mismos problemas monetarios, así que cada noche mentalmente hacia una lista de todo lo que detestaba de tu padre mientras pensaba en cómo podía mejorar mi propia economía, hasta que una de esas noches recordé la propuesta que tu abuelo me había hecho. La idea ya no parecía tan descabellada, además él ya estaba demasiado viejo para seguir manejando la empresa y yo podía hacerlo sin problemas-soltó un suspiro antes de continuar-así que solo por curiosidad contacte a Saimond y pedí que nos reuniéramos en un restaurante cercano, para ese momento tenía mucho tiempo que no iba a uno. Cuando llegue y lo vi se veía más…atractivo, si antes lo era, en ese momento lo estaba aún más, tenía más seguridad, más madurez y astucia, así que para él fue fácil que yo cayera en su juego. Me sentía cautivada, admirada y escuchada, era esa chispa que sentía que con tu padre se había muerto, era como si volviera a ser una adolescente con las emociones a flor de piel. Estuvimos hablando unas cuantas horas reconociendo que teníamos muchas cosas en común, incluso me mencionó que aunque yo era una humana, él podía sentir que su zorro le decía que yo era su compañera predestinada. Y aunque odio admitirlo en voz alta, esa noche él y yo nos besamos.

Mis ojos y boca estaban muy abiertos incrédulos de lo que estaba escuchando.

-Lo besaste aún estando con papá?

-Fue una estupidez, si? Me sentía descuidada por tu padre y él me hacía sentir mariposas en el estómago cada vez que me hablaba. Esa misma noche llamé a tu abuelo luego de tantos años y le dije que aceptaba casarme con Saimond, él se escuchaba tan feliz por la noticia, me hacía pensar que yo estaba haciendo lo correcto. Pronto la noticia se esparció por todas partes y el último en enterarse nuevamente fue tu padre. Ese día llegó del trabajo más temprano de lo habitual con lágrimas en sus ojos, pidiéndome explicaciones o que al menos le dijera que todo lo que decían en la calle y en su trabajo no era cierto, pero sí lo era, mi corazón dolía al verlo de esa manera pidiéndome que por favor no lo dejara y prometiéndome que se conseguiría un mejor trabajo, pero mi plan ya estaba hecho. Le explique fríamente que quería casarme con otro hombre y lo vi derrumbarse en medio de su dolor, me hizo muchas preguntas pero ya no estaba dispuesta a respondérselas. Le pedí que se fuera de la casa y que solo podría visitarlas a ti y a tu hermana los fines de semana. No tuvo más remedio, esa misma tarde empaco sus maletas y ese fue el día que ustedes lo vieron irse.




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