Capítulo 21
Alexander Vulpes
Hoy me prometí a mí mismo que no dejaría que nadie arruinara mi día especial ya que hoy es mi cumpleaños. Me había preparado meticulosamente gran parte de la mañana luciendo mi camisa favorita y mis zapatos que hacían juego con mis prendas de vestir. Mientras papá me llevaba a la escuela pensaba que quizás hoy podía ser un buen día y todos me tratarían bien al menos por esta ocasión. Había llegado la hora del receso y abrí mi lonchera encontrándome con que mamá me había hecho mi sándwich favorito para desayunar y lo estaba acompañando junto con un jugo de uvas, mis pies se balanceaban de felicidad con cada mordida que le daba al sándwich reconociendo que estaba delicioso. Solo recuerdo haberle dado dos mordidas más hasta que escuché unas risas y unos pasos acercándose a mí que hacían que mi corazón latiera más rápido, llenándome de miedo rápidamente.
Aterrorizado levante mi vista y ahí estaban ellos, listos para hacerme sufrir como todos mis días desde que entré a la escuela. Uno de los niños frente a mi tomó mi sándwich arrancándomelo de las manos y lo tiró al suelo, otros niños me hicieron levantarme de mi asiento para tener el mismo destino que mi sándwich. Cuando caí en el piso de concreto con lágrimas en los ojos los niños comenzaron a golpearme sin parar mientras me arrojaban mi jugo de uvas sobre mi ropa.
<<Que débil eres, realmente puedes considerarte un cambiaformas?>>
Me hice un ovillo en el suelo buscando que los golpes los recibieran mis brazos, espalda y piernas. Era como abrazarme a mí mismo y ser mi único consuelo en esta situación tan repetitiva. Más de mis lágrimas bajaban por mi amoreteada mejilla quien recibió algunos golpes por parte de ellos. Lo que me dolía no eran sus golpes, era su desprecio.
<<El hecho de que seas un zorro es detestable, pero el que seas un beta es aún peor>>
Más de sus golpes e insultos hacia mí llegaban hasta mi cuerpo y oídos haciéndome sentir el cambiaformas más miserable de este reino. Mi cuerpo temblaba de miedo y mis ojos estaban cerrados con fuerza, deseando que esto solo fuera una pesadilla y que pudiera despertar pronto. Yo solo quería ser uno de ellos, no quería más daño, no les hice nada.
¿Entonces por qué me odian tanto?
Más niños llegaban hasta donde me encontraba viendo toda la escena, pero lejos de ayudarme solo avivaban el fuego. Algunos se reían de mí y de la situación en la que me encontraba, otros me miraban con desprecio y asco. A los profesores ni siquiera les importaba lo que me hacían día con día, preferían fingir ignorancia ya que ante sus ojos soy igual que todos los de mi raza.
¿Por qué tuve que nacer como un beta?
3:17am
Abrí mis ojos de golpe devolviéndome a la realidad, me encontraba en mi habitación con cada parte de mi cuerpo semidesnudo cubierto de sudor, mi corazón latiendo como loco y una que otra lágrima traicionera que se me escapaban. Me senté en la cama aún hiperventilando con la sensación de miedo en mi pecho, los recuerdos me atacan y abruman mi mente llenándome de imágenes que no quiero ver y no quiero recordarlas. Mis manos se fueron hacia mi cabello tomando mi cabeza en busca de tranquilizarme, como si eso fuera posible.
<<Solo fue una pesadilla
Ya paso
No te harán daño
Tienes que ser fuerte
Tienes que dejar de llorar como un cobarde>>
Ese siempre era mi mantra en este tipo de situaciones, odio recordar eso, odio tener que revivir cada trauma que esos idiotas me ocasionaron solo por ser beta, como si eso fuera mi culpa. Rápidamente limpié las pocas lágrimas que había en mi rostro sin permitirme soltar ninguna más.
<<Llorando solo por una pesadilla, que patético>> habló mi zorro, aunque siempre lo ignoro.
Me levanté de mi cama solo con mi bóxer puesto y camine unos pasos hasta la ventana de mi habitación, deslicé un poco la cortina que la cubría y mis ojos se encontraron con el cielo oscuro de Althea, como era de esperarse la madrugada llenaba cada espacio de la silenciosa ciudad. Visualicé cada uno de los altos edificios reconociendo lo que te puede dar el dinero y un buen estatus social, tranquilidad financiera, estabilidad, reconocimiento y lo más importante, poder.
El recuerdo de la pesadilla seguía perturbando mi mente así que camine hasta el baño sin preocuparme por estar descalzo, abrí la llave dejando que el agua fluya y con mis manos comencé a lavarme la cara refrescándome y permitiendo que mis pensamientos se aclaren. Al fin y al cabo toda la mierda que me lanzaron solo sirvió como impulso para llevarme justo hasta donde estoy, podré no tener dinero ni nada que se le parezca a mi nombre, pero puedo jurar que no falta mucho para obtenerlo. Solo tengo que mover unas cuantas piezas y todo será tal cual como me lo imagine. Y lo mejor de todo, sin tener que sacrificar nada, o al menos nada mío.
Todo este remolino mental solo me hace recordar a las mismas palabras que me decía mi madre de pequeño cada vez que le preguntaba porque nos odiaban tanto los otros cambiaformas: ”Cuando los cambiaformas comenzaron a surgir como parte de un experimento en el reino solo había dos clases, los alfas y los omegas, la mayoría de los alfas eran hombres y la mayoría de los omegas eran mujeres, por lo que socialmente comenzaron a ser recibidos y respetados por los humanos, pese a la consternación de diferentes especies en una sociedad humana tan retrógrada como lo era en ese momento. Pero un error, una pequeñísima falla surgió en uno de esos laboratorios dando como resultado en vez de alfas u omegas a los beta, somos diferentes a ellos y es lo que nos hace especiales”.