Catlas, la isla invisible

Prólogo

 Gea

Llegó la hora, he planeado este escape por semanas. Estoy esperando el momento justo en el que el guardia se acerque a la ventana. Deseo que salga bien ya que los cinco anteriores no han resultado como he querido, y solo conseguí que me transportaran a una habitación peor. Sin embargo, siento que esta vez dará resultado.

Perfecto, todo listo, el hombre uniformado se encuentra en el lugar.

<< Bien Gea, concéntrate >>

Cierro los ojos e imagino la suavidad de los pétalos de las rosas, el tamaño de sus espinas, el contacto con su tallo, el aroma exquisito que emana de ellas.

<< Yo... soy... la rosa, yo, soy, la rosa... yo soy la rosa >>

De mi cuerpo se libera una energía potente, pero fresca y relajadora. En ese momento escucho un grito, el del guardia. Abro los ojos y veo que del piso salen rosas como si crecieran de la nada. Trepan por la pared rasgando la pintura con sus espinas. Llena de orgullo, me entretengo mirando como mis creaciones arrasan toda la habitación. Gracias a la distracción, puedo falsear la cerradura y abrir la puerta. Los tallos siguen avanzando y cada vez hay más guardias armados, pero también más de ellos atravesados por las espinas. Sin que nadie me detenga, corro hacía la puerta y, antes de irme, contemplo cómo las plantas ya se han apoderado de toda la pared y siguen por el techo.

Abro y me encuentro con un largo pasillo de luces blancas que me dañan los ojos. Corro hacia el medio, donde hay una escalera y la bajo a toda velocidad. Todavía se escuchan los gritos del piso de arriba, no sé si sonreír o lamentarme. Es la primera vez que hago algo tan grande como esto y, la verdad, ha salido exactamente como lo planeé.

Corro tan rápido como puedo, hay muy pocos hombres uniformados en este piso, deben estar arriba luchando con la planta. Doblo a la derecha, luego izquierda, los pasillos de este maldito laboratorio son como un laberinto. Izquierda otra vez y ahora debo doblar a la derecha y encontrar la puerta que me saque de aquí, pero antes de llegar escucho que alguien me sigue.

Sus pasos son fuertes y cada vez está más cerca, por fin doblo a la derecha pero las pisadas continúan retumbando detrás, cada vez más y más cerca, casi puedo sentir su respiración agitada en mi nuca.

Llego a la puerta, la abro como puedo y me adentro en la selva, creo perder a mi perseguidor pero no es así. Sigo corriendo, saltando raíces y ramas. Yo sé perfectamente a dónde me dirijo y espero que eso sea mi salvación. Empiezo a divisar el río a unos metros de distancia y aprieto el paso.

Al llegar a la orilla me volteo y me quedo frente al hombre uniformado, está todo sudado y muy cansado. A mí, correr por la selva se me da bien, pero al parecer, a él no. Saca su arma y la apunta hacia mí, sus manos tiemblan y su respiración es agitada. Alzo las manos como si fuera a arrestarme, él parece bajar la guardia un instante; eso me basta. Le sonrío y me lanzo al agua de cabeza. La corriente es fuerte pero soy capaz de dominarla, claro que, estoy tan cansada que me es muy difícil. De todos modos, logro llegar al otro lado.

Observo al guardia que todavía está estupefacto, como si nadar por esa corriente fuese imposible. Sonrío. Me paro derecha, apoyo mi mano en la frente y la impulso para delante, como lo haría un militar. Giro y me pierdo en la maleza.

..........................................................***............................................................................

¡Hola! ¡Bienvenido querido lector! Espero que disfrutes de esta historia que empezó hace varios años con una amiga y que hoy me prepongo terminar a la vez que la subo por primera vez a la red. He decidido escribirla en presente porque se más atractiva. 

Ojalá te animes a darme alguna apreciación, ¡Es muy importante para esta escritora!

¡Nos leemos! 

Angie. 



Acilegna

#15906 en Fantasía
#6793 en Personajes sobrenaturales
#22026 en Otros
#3235 en Aventura

En el texto hay: naturaleza, amor y amistad, cientificos

Editado: 03.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar