Llegaba tarde a reclamar mi mano. Emma me seguía a paso apresurado tratando de tranquilizarme, pero yo no podía sentirme de otra manera que no sea indignada. A pesar que mi madre me habia previsto que esto pasaría desde los 10, por su parte mi padre me prometió que no me casaría con nadie si es que yo no lo quisiese. Yo lo único que le pedí en ese entonces era que no me casase con alguien a quién yo no amara y no me amase.
— Debe tener una razón importante para haber decidido hacerlo, recuerda que es el rey, tiene que tomar decisiones todo el tiempo.—Dijo algo nerviosa Emma.
— Y recuerda que también es mi padre, y yo puedo decidir por mi propia vida, él fue quién me prometió que así sería.
Había sido criada para algún día gobernar una nación si es que era necesario, también me habían previsto que algún día me casaría con algún otro rey y que a su lado debía ser perfecta para mi papel como reina, porque si bien el rey era inteligencia y ley de su reino, la reina era el corazón y futuro del mismo. Además en Aslagia habían naciones que eran comandadas por matriarcas, por lo que los nobles buscarían una reina que sea el futuro y ley. Debía estar lista para todo, pero desde la promesa de mi padre, no pensé que debía preocuparme por si un día me comprometen con un completo desconocido.
Mi paso fue tan apresurado que ya me encontraba frente a la gran puerta que daba a los aposentos de mi padre. Dos guardias estaban en cada esquina de la entrada.
Me volví hacia uno.—Dile al rey que me encuentro aquí, necesito hablar con él.
El guardia dió una reverencia y dió 2 toques a la puerta para luego entrar, pasaron un par de segundos y volvió a salir para retomar su puesto y dar un pisotón que era la señal para abrir las puertas.
Le pedí a Emma que esperará afuera, estaba segura que no tardaría, claramente hablaría con mi padre y podría anular el compromiso, debía haber una solución de eso estaba segura.
— Padre.— dí una pequeña reverencia.
— Mi luz de media noche,— se acercó mi padre a darme un cálido beso en la frente.— ¿Que te trae por aquí a estás horas?
No dude en abrazarlo, necesitaba tenerlo de mi lado, aun que sabía que no era necesario, él siempre había estado de mi lado, anhelaba que esto fuera una confusión.
— He escuchado una noticia que me tiene algo aturdida, padre.
— ¿Aturdida?—se alejó frunciendo el ceño preocupado—¿Pero que noticia mi luna Violeta?
— En el castillo, escuché que celebraremos pronto un compromiso.
Mi padre tomo aire asintiendo con la cabeza, ya sabía de que le hablaría y supongo que estaba tratando de prepararse para explicarme que era un rumor y que quizás el compromiso era de mi hermano Zackler, el cual lo sentía más coherente, dado que todo el castillo se había enterado que tenía una aventura con una princesa de otro reino.
Esperaba una respuesta pero al ver que tardaría y traía los nervios a tope decidí ponerlo sobre la mesa.— Mi compromiso, dicen que firmaste para comprometerme con el soberano de otro reino, que el banquete de celebración será para mí padre.
— No esperaba que fuera un secreto pero como tu padre y tu rey debo tomar decisiones, lo sabes mi luna. —dijo acarinciando una de mis mejillas.— Y debo decidir lo mejor para Zovaria como para tí, sé que estarás en buenas manos hija mía, estoy seguro que serás feliz al lado de tu futuro esposo.
Aquellas últimas palabras se clavaron en mi cuerpo y mente como un montón de cuchillos, había decidido no creerlo hasta este momento que todo se había hecho más real al oírlo hablar sobre mi futuro esposo y como daba por sentada mi felicidad junto a alguien que no conocía de nada.
— Usted una vez me prometió que yo podría elegir con quién casarme, que no me obligaría a contraer matrimonio con alguien que no quisiera.— alcé la mirada para ver directamente a mi padre.
— Aún no sabes quién es, pero claro que lo sabrás, Violette.—continuó— Y esto es por Zovaria, como el futuro de la nación es su obligación velar por lo mejor para nuestra gente. Los zovarianos confian en nosotros. Y yo confío en ustedes—dijo posando ambas manos en mis hombros, lo que era un gesto de confianza se había vuelto algo más pesado.— Confío en que desarrollaras tu papel como la futura reina para la que te educaron y confío en que el reino de Borrering estará orgulloso de tenerte.
Retrocedí aturdida, era mucha información. Borrering, el reino vecino, la tierra del león dorado iba a ser mi nueva nación. Se me hizo un nudo en la garganta que dolía de cierto modo, había sido criada para este momento pero me sentía como si no hubiera aprendido nada.
Mi padre me miró preocupado, sentía que podía vomitar, la noticia no debía ser tan mala, pero comprometerme con el rey de Borrering era lo que menos esperaba, porque sabía quién había ascendido al trono, Daniel Borrnazy. Como habría él aceptado comprometerse conmigo, sabiendo que nos conocemos desde que eramos niños, aún que siempre se llevo mejor con mi hermano, no volvimos a vernos luego de la estupidez que se me ocurrió hacer y obvio que me rechazó, porque era una pequeña niña al lado de él y mi hermano que ya eran jóvenes príncipes. Los años siguieron pero no había vuelto a verlo, supuse que mi presencia le causaba incomodidad.
— ¿Te encuentras bien, mi luna?—Preguntó mi padre regresandome a la realidad.
— ¿Porqué con él? O mejor dicho, ¿Esto es porque Zovaria necesita protección de Borrering, cierto?
La mandíbula de mi padre se tensó, aunque trató de disimularlo alcancé a notarlo, dio media vuelta para dirigirse a la hoguera, la razón que fuera era realmente preocupante para mi padre, tanto que no era capaz de decirmelo directamente.
— ¿Porque necesitamos ser protegidos si hemos sido un reino pacífico siempre?
Mi padre tardó en responder pero entre más demoraba más posibles respuestas se colaban en mi mente, y la que más rezonaba era que estabamos por enfrentarnos a una posible guerra.
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Editado: 22.10.2026