Alessia:
Desde el momento en que vi a Cristhofer Volkov frente a mi puerta una sola palabra vino a mi cabeza: problemas. Lo que más temí que descubriera que era que teníamos dos pequeñas hijas lo descubrió en un chasquido de dedos. Me odiaba, eso lo tenía más que claro. Tomó su teléfono y envió un mensaje y en cuestión de minutos dos hombres que casi tocaban al techo entraron a la casa. Las niñas se escondieron tras mis piernas asustadas.
—¿Cuáles son sus nombres pequeñas? —preguntó agachándose frente a ella pero estaban tan asustadas que no dijeron nada.
—Mía y Maya—pronuncié mostrándole quien era cada una, la única diferencia visible es que Maya tenía un lunar cerca de su oreja.
—Ya iremos a su nueva casa—pronunció—Vamos Alessia no me obligues a que sea por las malas—exclamó, un auto nos esperaba fuera y entramos. Cuando llevaba el chofer un rato conduciendo las niñas se durmieron.
—¿Por qué robaste mi diamante? —preguntó—me hubieras pedido cualquier maldita cosa y te la hubiese dado—apretó su puño con odio.
—Lo siento, puedo explicarlo...
—Es tarde para eso no crees—me interrumpió, mientras tanto el chefer miraba mi eacote pronunciado por el espejo y es que la verdad simpre he tenido un ar ma a mi favor, me veo bien y esos me abrió puertas en el negocio o como sea que se pueda llamar al robo organizado. Cristhofer se dio cuenta de eso y se quitó su sacó poniéndolo sobre mí cubriéndome. Vamos en su avión privado, luego cuando se detiene nos espera un auto que nos lleva hasta su mansión. Él entra y alguien en la sala, el hermano de Cristhofer, Caleb que es dos años menor.
—Al fin llegas me tenías preocupado—las niñas que salen de detrás de mí lo miran—pero que es esto, combo de 3 por uno—comenta acercándose. —Cuanto tiempo Maya—pronunció.
—No ea Maya su verdadero nombre es Alessia. —se adelantó a decir su hermano enarcó ambos ojos asombrado mientras yo bajé la mirada. —Mamá regresa al país en una semana.
—Suficiente tiempo para recuperar mi diamante y conseguir la custodia de mis hijas.
—Nunca permitiré que me alejes de mis hijas—exclamé. Las niñas se abrazaron de mí.
—Te mostraré su habitación, duerme a las niñas y luego hablaremos de como serán las cosas a partir de este momento. Lo seguí a la habitación en el segundo piso, era bonita con una ventana de cristal, miré afuera y la casa estaba rodeada de guardias.
—Me temo que no puedes escapar—exclamó pero la verdadera causa por la que no lo hacía no era la altura, ni los guardias, eran mis hijas, nunca las dejaría atrás pero tampoco las expondría al peligro y eso me dejaba de manos atadas. Las niñas estaban asustadas.
—Te espero fuera—pronunció al darse cuenta de que mientras estuviera allí las pequeñas no se dormirían.
—Papá si estaba vivo—dijo una de las niñas.
—¿Por qué te odia? —preguntó la otra y yo estaba sin respuestas, al menos sin una respuesta que a su edad pudieran comprender sin odiarme.
—Las amo, perdonenme por haberlas alejado de su padre todos estos años—dije abrazándolas a ambas.
—¿Es malo? —preguntó Mía, sus ojitos brillaban asustados.
—No, es un buen hombre, solo que está estresado—pronuncié—pero no se preocupen él nunca les haría daño...
—¿Y a ti? —cuestionó Maya—no queremos estar lejos de ti. —me abrazó.
—Les prometo que nada ni nadie nos va a separar. Muy pronto nos vamos a ir de aquí, las tres juntas y todo será como antes—las consolé. —pero ahora debemos dormir—ese día tardaron más que nunca en dormirse, el silencio en la habitación se mezclaba con mis pensamientos. Todo esto era unicamente mi culpa. Cristhofer tenía todo la razón del mundo para odiarme: lo ceduje y le robé como había hecho tantas veces antes, así era mi pasado, lleno de caps y enemigos, estar en esta ciudad me ponía en riesgo a mí y a mis hijos, ya que él no era el único que me odiaba por aquí. Y si miro atrás esto no empieza aquí, empieza cuando tenía 12 años y mi padre murió. Hasta ese momento nunca había conocido a mi madre o al menos no la recordaba. Mi padre siempre decía que cuando cumplí un año se marchó, no aguantó la monotonía de vivir en un kugar tranquilo, de tener un hogar, ella era más de fiesta y discotecas. El día del entierro de mi padre me quedé completamente sola, sin saber que sería de mí a partir de ese momento y es que la verdad ni siquiera tenía más familia, él había venido de su país aquí tras mi madre, toda su familia lo aconsejó pero él no escuchó, su único error fue amar a una mala mujer. Cuando acabó el funeral fui a la casa, tenía 12 años yno tenía idea de como iba a salir adelante a partir de ahora, sin embargo cuando abrí la puerta había alguien dentro, la misma mujer de la foto colgada en la pared que me sostenía siendo una bebé, la acompañaba un hombre alto delgado, de unos cuarenta años.
—Hija—ella se acercó y me abrazó mientras yo me quedó inmovil, en shock sin saber como reaccionar—soy tu madre. Tu padre no me permitió acercarme a ti en todos estos años—dijo acariciando mi cabello y mirándome detenidamente. —Alessia eres preciosa. Te prometo que no te voy a dejar sola nunca más. Recoje tus cosas, quiero que vengas a vivir conmigo, él ea mi esposo Max—señaló al hombre y yo que en ese momento no tenía a nadie más lo vi como mi única oportunidad y me fui con mi madre. Fuimos a una casa pequeña, con las paredes manchadas y el techo que goteaba cuando llovía, dos cuartos, un baño, una pequeña sala y un sótano. Los primeros días creí que mi padre se había equivovado, que había mentido sobre ella, me peinaba, me preparaba la cena, conversaba conmigo y me buscaba libros para que leyera, el esposo nunca estaba en casa, cuando llegaba ya yo dormía, se iba de madrugada y venía tarde en las noches. Una noche lo escuché discutiendo, que ya había pasado una semana, que ya era hora de que me pusiera a trabajar, a hacer algo. Pensé que hablaba de un trabajo normal. Al otro día me levanté y no había nada de desayunar, era casi mediodía y tenía mucha hambre, se lo dije y ella me abrazó.
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Editado: 12.05.2026