El agua de la piscina estaba helada, un contraste violento con el calor sofocante de la noche de junio, pero mi cuerpo no registraba el frío. Solo registraba la adrenalina.
Ajusté mi vestido de seda verde esmeralda, una pieza de diseñador robada —o prestada indefinidamente, según se mire— que sabía que se adheriría a mis curvas de forma espectacular en cuanto se mojara. Crucé las piernas, sentada en el borde de la piscina del Hotel de Paris, balanceando un pie descalzo sobre el agua.
A unos diez metros, en la zona VIP del bar de la terraza, se encontraba mi objetivo: Cristhofer Volkov.
El magnate , multimillonario de perfil bajo dueño de un importante imperio automotriz y una empresa dedicada a fabricar los mejores autos de carreras a nivel mundial, según se decía era uno de los mejores corredores . Llevaba un traje a medida sin corbata, la camisa blanca ligeramente abierta en el cuello y un vaso de whisky en la mano. Parecía aburrido. Los tiburones financieros se aburren fácilmente cuando no están destrozando a alguien. Yo estaba a punto de darle un tipo de entretenimiento muy diferente a su aburrida vida.Esperé el momento exacto. Cuando Cristhofer se despidió de sus socios y caminó hacia la barandilla de cristal que bordeaba la piscina, justo en mi línea de visión, actué.
Me deslicé al agua sin hacer ruido, dejando que el frío me robara el aliento por un segundo. La verdad no sabía nadar ,estaba arriesgando incluso mi vida en este plan. Entonces, dejé escapar un grito ahogado, cortado a la mitad por un trago deliberado de agua.
—¡Ayuda! —exclamé, forzando una nota de pánico genuino en mi voz mientras chapoteaba con violencia, agitando los brazos y hundiéndome.
A través del agua que salpicaba mis ojos, vi la silueta de Cristhofer tensarse. La mayoría de los hombres ricos habrían llamado a un guardia de seguridad. Pero los informes decían que era un hombre de acción, y un excelente nadador . Sabía que su instinto prevalecería sobre su etiqueta.
—¡Por favor...! —grité de nuevo, dejando que mi cabeza se sumergiera por completo. Bajo el agua, abrí los ojos, mirando la luz de los focos de la piscina, contando los segundos. Uno, dos, tres...
Escuché el impacto sordo antes de verlo.
Un cuerpo rompió la superficie del agua con una fuerza tremenda. Cristhofer no se había molestado en quitarse el traje, ni los zapatos, ni el reloj de cien mil dólares. En cuestión de segundos, unos brazos increíblemente fuertes me rodearon la cintura desde atrás, sacándome a la superficie.
—La tengo. Tranquila, ya la tengo —su voz era perfecta, segura y algo ronca, con ese acento impecable y calmado de quien parece tener siempre todo bajo comtroo que enviaba escalofríos por la columna, incluso en una situación ficticia.
Tosí con fuerza, mientras me aferraba a sus hombros anchos. El tejido empapado de su chaqueta de diseñador se sentía pesado bajo mis dedos. Me pegué a su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón contra mis costillas. Vaya, el témpano de hielo sí tenía pulso.
Él nadó con una facilidad asombrosa hacia los escalones de la piscina, arrastrándome consigo. Me depositó con cuidado sobre el borde de mármol y luego subió él, sentándose a mi lado mientras el agua escurría de su ropa en cascadas.
—¿Se encuentra bien? —cuestionó, sus ojos verdes recorrieron todo mi cuerpo y luego se fijaron en mis ojos.
—Gracias, estoy mejor...
—Debería ver un doctor—sugirió.
—No es necesario, estoy bien—pronuncié—pero nosé todavía a quien le debo la vida.
—Cristhofer Volkov—extendió su mano.
—Maya Rodríguez—pronuncié saludándole y nuestras miradas se cruzaron, la conexión había sido inmediata, mejor que lo planeado. Él me acompañó a la habitación y al día siguiente cuando desayunaba solo me acerqué para agradecerle de nuevo, él me invitó a acompañarlo. Ahí comenzamos una larga conversación, donde le conté que estaba ahí por negocios y que era la dueña de una famosa empresa de maquillaje que realmente existía y el nombre de su dueña era Maya Rodríguez pero era poco vista, todo estaba planeado meticulosamente, me invitó a cenar esa tarde enamorado de mis mentiras, cada instante cerca de ese hombre hacía que me gustara más y es que la verdad si algún día hubiera pensado en enamorarme creo que me habría gustado alguien como él: apuesto, inteligente, amable, caballeroso, algo misterioso , fuerte, unas manos amplis, una mirada intensa y su voz, esa voz podía descontrolar hasta a la chicá más reservada. En 15 días nos hicimos novios. Hacer el amor con él no fue algo planeado pero ese día en su auto simplemente los besos se salieron de control y para que mentir la atracción que sentía por él era exorbitante, por eso le entregué mi primera vez y se sintió tan real que por un momento inclusive pensé en abandonar el plan ¿pero que iba a pasar cuando aparecieran mis socios y le contaranquién yo era en realidad y que todo era una enorme mentira? Iría presa, esa es la verdad. Lo conocí tan bien que sabía que nunca me perdonaría una mentira así, me invitó ir de viaje y nos casamos, suena loco pero en tres meses nunca me había llevado a su casa así que acepté su propuesta de matrimonio, y fui su esposa una semana mientras cada día me presionaban para que tomara ese diamante y me marchara. Incluso me dieron un ultimátum que si no robaba el diamante me delatarían. Y así lo hice, tomé la llave colgando en su cuello y vacié su caja fuerte mientras dormía. Ahora empezaba mi propio plan, no busqué a la banda como estaba planeado ni compartí el dinero tampoco quería volver a ver ami padrastro ni a mi madre, todos eran unos desgraciados inclusive yo.
—Alessia te estamos esperando donde carajos estás—me preguntó al teléfono el jefe de ls banda.
—Haré el trabajo mañana, hoy fue imposible—mentí para ganar tiempo antes de comorar el boleto de avión lejos de allí a donde menos se imaginaran. Un amigo que había