Catherine
- ¡Catherine! - esa voz me resultaba muy familiar, aunque no podía reconocerla.
Catherine
Catherine
Abrí los ojos.
El maldito lobo blanco se encontraba sobre mí de nuevo. Me incorporé rápidamente, agitada.
-Catherine...- Sakharov se oía preocupado-. Las pesadillas pueden ser recurrentes en los vampiros recién transformados.
Miré a mi alrededor, aún era de noche y las llamas de la fogata seguían crepitando.
Ahora todo se veía más claro gracias a mis sentidos que se habían agudizado. Entre unos árboles más adelante pude distinguir una criatura que era de un color cremoso y lechoso.
- ¡Un demonio! - advertí en cuanto distinguí lo que era. Agarrando una daga que se encontraba al lado mío, me levanté y comencé a correr hacia ese demonio escondido entre el forraje y las sombras.
- ¡Catherine, no! - Sakharov se interpuso en el camino.
- ¿Qué estás haciendo? Esos demonios pueden ser peligrosos.
-Pueden serlo, pero este no, porque es mi esqueleto.
Di un paso atrás. El demonio salió de su escondite y reveló la estructura ósea de un canino que se puso al lado de Sakharov.
-Que... está... pasando- dije tartamudeando.
-No solo soy un Inguinois, Cath, también soy un esqueleto y él, pues bueno, soy yo.
-Aléjate de mí- le dije mientras le apuntaba con la daga, los esqueletos solían ser bastantes peligrosos y engañosos, eran la muerte misma que engañó a la vida, por lo que no me arriesgaría, aunque fuera Sakharov.
- Catherine, por favor, sigo siendo yo, déjame explicarte.
- ¿Explicar qué? ¿Qué estás muerto?
-No estoy muerto, Catherine, pero si no me dejas explicarte no lo entenderás. Por favor, cálmate.
-Está bien, está bien, explícate.
-Por favor, siéntate.
Hice lo que me dijo, pero aun así me generaba cierta desconfianza. Todas las experiencias que alguna vez tuve con un demonio (o con un esqueleto como lo llamaba él) no fueron muy buenas, generalmente siempre terminaba con alguien muerto.
-Primero que nada ¿Sabes lo que es un Esqueleto?
-Sí, una criatura que muere y que luego revive teniendo ciertas partes esqueléticas, aunque algunas veces llega a ser una estructura ósea completa- le expliqué.
-Bien, pues hace muchos años atrás estaba cazando un ciervo cuando me dispararon. Yo estaba tan débil que no me podía mover y apenas respiraba- la historia llamó mi atención y me relajé, pero sin bajar la guardia-. Luego de que me disparara, el humano que lo hizo dijo que volvería por mi piel, pero afortunadamente un alce esqueleto (o demonio como lo llamas tú) me encontró y con magia sacó mi esqueleto (literalmente) de mi interior para que se formara uno nuevo, y desde entonces fui mucho más ágil y rápido, como si hubiera renacido.
- ¿Así que ese demonio fue literalmente tu esqueleto? - pregunté, a pesar de mis veinte años de existencia, el mundo me seguía sorprendiendo.
-Así es.
-Eso... es un poco perturbador.
-Lo sé, pero no te preocupes, los últimos años ha estado ayudándome a resolver mi maldición.
- ¿Encontró algo?
-Se podría decir que sí, lo mandé a que buscara un derde que nos otorgue su magia para ver si eso funcionaba.
No sabía mucho de esos "derdes", solo que teníamos estrictamente prohibido cazarlos ya que eso desataría una peligrosa guerra en la que los humanos sin duda moriríamos.
Cuando era niña, mi madre me había llevado a una feria en la que un hombre aseguraba que había encontrado una pluma de derde; cuando mostró la pluma al público resultó ser la pluma más hermosa que jamás hubiera visto, era de un turquesa mezclado con un azul oscuro. Luego de ese día, el hombre desapareció sin dejar rastro alguno y tampoco nadie se gastó en irlo a buscar.
- ¿Cómo son los derdes? Solamente escuché historias sobre ellos- pregunté más calmada, decidí dejar mis armas a un lado, no valía la pena tener una lucha insignificante.
Sakharov y su esqueleto se acercaron un poco más a la fogata y se sentaron enfrente de mí.
-Son criaturas hermosas, con mucho poder, sus alas se vuelven más grandes a medida que aumenta su sabiduría, no por nada la reina del Territorio de aire es una derde.
-Oí historias en las que se dice que son panteras aladas- eran mis historias favoritas, aunque haya sido una psicópata imbécil podía quedarme horas escuchando a mi madre contarlas, nadie se le comparaba a la hora de contar historias fantásticas.
-Sí, generalmente son como los inguinois, una parte animal y otra humana.
-Suenan increíbles.
- ¿Quisieras ver uno? Estaría muerto, pero supongo que su belleza lo sigue acompañando.
-Me encantaría ¿Cuándo iremos?
- ¿Por qué no ahora?