Catherine
Luego de apagar el fuego de la fogata, seguí a Sakharov y a su esqueleto por un camino con denso follaje.
Al parecer ellos dos se comunicaban mentalmente porque, aunque no estuvieran produciendo sonido alguno, era obvio que estaban hablando pues a veces se le escapaba una pequeña risa a Sakharov. Quizás el esqueleto estaba poniendo al día a Sakharov, como yo lo veía, él también era un espía y mucho mejor que el lobo.
Después de aproximadamente un kilómetro, se detuvieron abruptamente, yo no veía ningún cambio en el paisaje y ni siquiera el olor a humedad y musgo se había disipado.
-Hemos llegado- me aseguró Sakharov.
"A nuestra muerte, muy seguramente" pensé.
El esqueleto se dirigió a lo que parecía un árbol cubierto de hierbas, enredaderas y musgos. De pronto empezó a tironear las plantas para sacarlas dejando ver algo que para nada era un árbol, era una puerta enrejada de color negro que, por más increíble que fuera, no mostraba ningún signo de envejecimiento u óxido, estaba como nueva a pesar de las extremas condiciones de ese bosque.
-Es un Sótano Verde- explicó Sakharov-. Son construidos en medio del bosque o algún lugar de difícil acceso y hechizadas para que nadie los encuentre pues generalmente en su interior hay tesoros y objetos invaluables.
- ¿Y cómo lo encontró tu esqueleto? - cualquiera que pasara por ahí no notaría nada.
-Meses de búsqueda y al fin encontró uno ¿Sabías que todos estos sótanos forman catacumbas laberínticas de las cuales es casi imposible salir?
-Debe de ser una muerte horrible ¿Pero entonces es seguro entrar? -. No podía imaginarlo ¿o sí? Estar desesperado por querer salir de la densa oscuridad que ya comenzó a tener efectos negativos en tu mente y solo hallarte rodeado de más oscuridad hasta que la hambruna o la deshidratación acaben contigo.
-Si, no te preocupes, no nos aventuraremos tan adentro, quizás unos cincuenta metros desde la terminación de la escalera- aseguró Sakharov emocionado por querer entrar de una buena vez, el esqueleto hizo un sonido extraño que provenía desde algún lugar de su esquelético ser lo cual interprete como un ladrido-. Cierto, ¿puedes abrir la puerta?
- ¿Por qué yo?
- ¿Por qué siempre tienes que cuestionar todo? Además, ¿Ves que tengo manos en este momento?
-Pues aún no sé muy bien cómo funciona todo eso de la maldición...
-Catherine... solo hazlo.
Lancé un suspiro de frustración, pues ya no tenía más para discutir. Sakharov tenía esa rara habilidad de convencer a la gente sin decir mucho. Me acerqué a la reja y vi que hacia adentro solo había la más espesa oscuridad que jamás hubiera visto, era casi segura que se podía tocar. Pude notar que había un peldaño que seguramente daría comienzo a una escalera descendente.
Revisé si la puerta tenía algún tipo de cerradura, pero nada; solo estaba la reja y nada más. Intenté jalarla para ver si se abría, pero me fue imposible, estaba trabada debido a los años sin uso. La jalé unas tres veces con gran fuerza, pero fue en vano hasta que de pronto se abrió hacia afuera sin previo aviso provocando que casi me cayera.
-Ahora tendrás que prender una antorcha, tú podrás ser inmortal, pero la idea de caer y romperme el cuello no me resulta divertida.
Mientras agarraba una rama y desgarraba una manga de mi camisa blanca para poder prender la antorcha, pensé en que el concepto de "inmortal" me resultaba muy extraño. Que bizarro, yo, la mejor Cazadora de Vampiros convertida en uno, un ser inmortal sin alma. Me preguntaba si aquella vez que llegué por primera vez a mi habitación me habría animado a tirarme de aquel balcón si hubiese tenido la fuerza necesaria. Esos pensamientos me llevaron a reflexionar sobre qué harían los humanos ahora conmigo.
Realizando una pequeña fogata a fricción con dos palos, logré hacer fuego para la antorcha; la luz del material me segó haciéndome pensar "¿Qué pasaría si meto la mano?". Llevé mi extremidad hacia el calor para saber si mi mano se quemaría o simplemente tocaría el fuego y quedaría ilesa.
- ¿Catherine? - la voz de Sakharov me sacó de la estupidez que estaba por hacer.
¿Qué me sucede?
Obviamente mi mano quedaría chamuscada por el fuego, no sería diferente a ser humana ¿O sí? Me concentré de nuevo en el presente y nos acercamos a la entrada del sótano, la espesa oscuridad se tragaba toda la luz que producía el fuego generando que solamente llegase a iluminar los primeros dos peldaños.
- ¿Catherine? ¿Estás bien? Casi te quemas- Sakharov demostraba esa típica preocupación tan de él que yo no podía comprender.
Asentí. No hacía falta hablar de todas las preocupaciones que empezaron a frecuentar mis pensamientos: ¿Eran normales estos pensamientos de hacerme daño? ¿Qué harían los humanos conmigo ahora que era un vampiro? ¿Qué otras cosas tenían que descubrir sobre mí?
Sin esperar que dijese nada más, comencé a bajar y como era de esperar, Sakharov y su esqueleto me siguieron.
Logré contar cerca de treinta escalones cuando llegamos a una especie de habitación subterránea, era ovalada, sus paredes estaban hechas con una mezcla de ladrillos, piedras y tierra. La pared frente a nosotros tenía dos desviaciones que, al parecer, daban comienzo a las catacumbas de las que me contó Sakharov. Y en el medio de estas dos entradas se encontraba colgada otra antorcha que apenas lograba iluminar lo que parecía ser un ataúd de cristal.
El esqueleto corrió hacia el ataúd mientras movía su esquelética cola con gran emoción. Se paró en dos patas y se apoyó sobre el cristal del cajón y observó lo que yacía dentro. Sakharov pasó a mi lado y se unió a su esqueleto que ya no podía más de la emoción, pues había empezado a dar saltitos de alegría.
-Sakharov... ¿Qué hay ahí dentro? - mi voz tenía un claro tono de miedo.
Por un momento me imaginé a mi madre adoptiva allí, sin vida y fría tal como la había visto por última vez.