Catherine
Sakharov se apresuró a ponerse delante de mí y empezar a gruñir hacia la oscuridad.
Mis sentidos, más fuertes ahora, me informaron que había algo , mi vista no lograba diferenciar a esa cosa de la oscuridad, pero mi olfato captó un olor parecido al azufre.
-Auxilio- volvió a pedir aquella criatura, que ahora su voz tenía un toque más femenino.
- ¡Muéstrate! - le ordenó Sakharov mientras seguía gruñendo en posición de ataque, yo saque la daga que me había devuelto el lobo hace un día.
Pude oír que esa cosa comenzó a caminar hacia nosotros pesadamente. Sakharov se puso más tenso a medida que avanzaba.
De las sombras salió una humana que parecía de mi edad, tenía el cabello de un color negro azabache y largo además de llevar puesto un vestido sucio y desgarrado que en algún momento fue marrón.
-Ayúdenme- dijo antes de caer de rodillas como si hubiera estado parada por días. En su caída pude notar que un extraño humo negro parecido a una sombra la seguía, antes de meterse en su interior.
Guardé mi daga y me apresuré a acercarme a ella. Sin embargo, Sakharov se interpuso en mi camino.
-No, Catherine, es una maldecida por Meldford ¿Ves esas sombras a su alrededor? - seguí su mirada viendo que, aún ocultas en la oscuridad, estaba esa especie de humo negro que no se separaba de ella-. Pertenecen al parásito que está en su interior. Suelen ser muy peligrosos e inestables y por eso los ponen en lugares como estos para que cuiden tesoros o cosas importantes. Dejémosla aquí, quizás muera en unos meses- dijo como si nada y se dio la vuelta para marcharse.
-Pero necesita nuestra ayuda- aseguré.
- ¿Y desde cuando te importan los otros? - preguntó y se volteó para mirarme.
No sabía la respuesta.
Sin embargo, algo me impulsaba a querer ayudarla como si nos necesitara urgentemente. Miré a la chica, sus ojos amarronados imploraban nuestra ayuda.
-Si ella tiene una maldición, hay que ayudarla, como lo estoy haciendo contigo.
-No es exactamente una mald...
- ¿Cómo te llamas? - le pregunté a la chica impidiendo que Sakharov continuara, de todas formas, sabía que no se separaría de mi lado.
-Pow... Powder- tartamudeó la maldecida-. Necesito su ayuda.
- ¿Por qué, Powder? ¿Por qué necesitas nuestra ayuda? - le pregunté.
-Por... porque él está oyendo todos mis pensamientos y no me deja en paz con sus consejos.
Eso no tenía sentido.
-Está delirando, Catherine, ella no tiene salvación- me dijo el lobo.
-Ven con nosotros- le ofrecí a Powder. Su mirada se llenó de esperanza.
-Catherine...- me advirtió Sakharov.
Me acerqué a ella y le toqué el hombro, ella se apartó rápidamente y me miró, sus ojos reflejaban que para nada estaba acostumbrada a ser tocada.
-Lo siento- me disculpé- ven- empecé a caminar hacia la salida y al principio pensé que se quedaría ahí, pero se levantó y me siguió.
Ya estaba amaneciendo, aunque el sol aún no se podía ver entre las copas de los árboles, el cielo estaba claro y luego de haber estado en la oscuridad más espesa de mi existencia, me sentí agradecida.
Me di vuelta para ver a Powder, estaba con los ojos entrecerrados y se podía apreciar claramente que su piel estaba pálida a falta de la luz solar, no pude imaginarme cómo se sentiría estar durante meses o incluso años sumergida en la oscuridad plena y de pronto ser iluminada por una luz verdadera y no una antorcha.
-Catherine- escuché que me llamó Sakharov-. Debemos apresurarnos y posiblemente lleguemos antes del mediodía al pueblo más cercano. Allí, utilizaremos la pluma para hacer una poción y con mucha suerte romperá mi maldición.
-Ven, Powder, síguenos- le dije a la chica que parecía estar completamente fuera de sí.
-Nombres- dijo Powder en un hilo de voz.
-Lo siento, creo que lo olvidé- le dije-. Yo soy Catherine Blass... - ¿Sería correcto presentarme con mi apellido de humana? Miré a Sakharov en señal de apoyo, pero él solo miraba a Powder, juzgándola y asegurándose de que no hiciera nada raro-. Él es Sakharov y su esqueleto- la otra parte del lobo se asomaba entre unos arbustos intentando mantener la distancia. No dije nada más y me alejé en la dirección por la que habíamos venido.
Luego de media hora, llegamos a nuestro campamento improvisado. Desaté mi caballo y le dije a Powder que lo montara porque claramente se veía inestable e insegura caminando en un paisaje desconocido.
Powder se tardó acariciando la cabeza del equino, su mirada estaba perdida en la nada de una manera bastante inquietante. Se montó con gran esfuerzo al animal, el cual se movió sin previo aviso provocando que casi se cayera de éste. Miré a Sakharov, pero él solo me devolvió una expresión de "te lo dije".
Agarré la correa del equino y comencé a caminar llevándolo detrás de mí. Powder aún seguía con su mirada perdida, Sus sombras se desprendían de ella como un oscuro y profundo vacío, pero que a simple vista parecían inofensivas.
- ¿Ella está con nosotros? - le pregunté a Sakharov que caminaba más adelantado que yo-. Me refiero a si nos escucha y nos presta atención.
-Ya te lo dije, delira; es solo una carga.
Jamás habría pensado que él diría algo así.
- ¿Cómo es su maldición? - pregunté.
-No es exactamente una maldición; alguien creó una criatura asemejada a un parásito, es muy peligroso y no puede vivir sin un cuerpo físico, por lo que habita en uno como un parásito e infecta a su anfitrión. Se adhiere a su cerebro y lo controla desde allí, lo vuelve loco haciendo que la voz del parásito sea lo único que escuche-. Miré a Powder que seguía sin prestarnos atención y divagando en algún pensamiento que se le cruzase-. Luego de un tiempo, como tres años después, si es que llegan a los tres años infectados, el parásito controla totalmente a su víctima hasta que solo queda un pedazo de carne sin vida con a penas un poco de conciencia. Muchos eligen suicidarse antes de llegar a ese punto. Me sorprende que aún ella siga luchando contra esa cosa.