Sakharov
La “nueva integrante” del grupo no le caía para nada bien a mi esqueleto; cada vez que estábamos juntos (que solía ser como máximo dos veces al mes) caminábamos juntos y nos poníamos al día sobre qué cosas descubrimos de la maldición que me afectaba. Sin embargo, esta vez se mostró más frio y cerrado sobre sus descubrimientos, seguramente encontró algo muy malo o quizás se sentía incomodo ante la presencia de Catherine, y ahora estaba aquella maldecida por Meldford que empeoraba la situación y lo hacía caminar mucho más adelantado que nosotros. De todas formas, no lo culpaba, pues al fin y al cabo yo había sido él durante bastante tiempo.
-Este es el pueblo? - preguntó Catherine en cuanto estuvimos frente a un cartel de madera que decía en letras blancas “Soroét Town” y debajo decía lo mismo, pero en Regron.
-Si, de día es triste, pero cobra vida en la noche con sus mercados- le expliqué-. Pasaremos el día aquí y mañana llegaremos al Territorio Escamoso.
Las guie a través del pueblo con los cascos del caballo indicándome que me seguían. Odiaba este pueblo, porque sabía que Fenec vivía aquí y me generaba un temor inexplicable pensar en que las posibilidades de encontrármela eran altas.
Llegamos a la posada principal del pueblo donde nos registró una inguinois de tipo jaguar y nos quedamos a esperar la noche.
...
La calle principal de Soroét Town estaba completamente iluminada por faroles de todo tipo. Al mismo tiempo, también había criaturas de todos los tipos posible, desde inguinois hasta vampiros y licántropos.
Nuestro objetivo era hallar a Lyndia, una bruja lo suficientemente poderosa para vencer una maldición.
- ¿Dices que aquí encontraremos lo necesario para deshacernos de tu maldición? - me preguntó Catherine.
Powder no estaba, yo había optado por que se quedase en la posada para evitar cualquier posible accidente.
-Si- dije mientras empezamos a entrar en una feria llena de puestos-. Necesitamos encontrar a una bruja llamada Lyndia.
- ¿La espectacular Lyndia?
-Si, ¿Cómo lo sabes?
-No lo sé- dijo y señaló un puesto morado que, en un cartel de madera, decían esas palabras en amarillo intenso.
-Hace unos meses me dijo que había conseguido crear una poderosa pocion para mitigar mi maldición, pero para eso necesitaba una pluma de derde para que sea más efectiva- le expliqué rápidamente.
Mi esqueleto, que nos seguía de cerca, corrió hacia el puesto y se apoyó en el mostrador de éste, emocionado. Sin duda, Powder, era la causante de su incomodidad. Porque con Catherine nunca se había sentido incómodo, lo mismo que pasaba conmigo.
Cuando nos acercamos, una mujer cincuentona nos atendió. Tenía la piel un poco oscura, su cabello era de un marrón claro y unas plumas de gorrión crecían al lado de su cabeza mezclándose con su pelo.
- ¡Bienvenidos! ¿En qué los puedo ayudar? - comenzó la mujer- Déjenme presentarme. Yo soy Lyndia Amstrong, inguinois de tipo gorrión...
-Lyndia, soy yo, Sakharov- la interrumpí poniendo mis patas en el mostrador para que me viera- traje lo que necesitabas.
- ¡Sakharov! - dijo sorprendida-. Por poco no te reconozco. Vamos, pasen, tú y tu novia- nos invitó mientras le pegaba una mirada rápida a Catherine.
-No somos novios- respondió rápidamente Catherine. Sin embargo, Lyndia no respondió y yo solté una pequeña risita de diversión, pude sentir la mirada asesina que me lanzó la vampira.
Entramos por la parte trasera de la carpa, recordé cuando estuve en esa tiende meses atrás con Lyndia prometiéndome una poción que sirviera.
-Sakharov... - comenzó a decir Lyndia con un toque desesperado.
-Traje la pluma, Lyndia, no te preocupes por eso- dije y le di una señal con la cabeza a Catherine para que se la mostrara. Afuera de la carpa, mostrar una pluma de derde sería como un suicidio pues no cualquiera tenía una y si había que matar para obtenerla, nadie dudaría.
-Sakharov... no es eso...
-Si necesitas otra cosa te la puedo conseguir, incluso si el precio subió- mi voz no podía revelar más felicidad.
- ¡Lobo sabio! No te conozco del todo, pero puedo sentir tu corazón fiel y valiente y por eso sé que tu inteligencia te llevará por el buen camino- dijo Lyndia seria, justo cuando en ese momento, Catherine, sacaba la pluma del interior de su chaqueta.
- ¿A qué te refieres?
-Tu maldición no tiene cura, lobezno, ya he intentado con una pluma de derde y no hizo ningún cambio.
- ¿Quieres decir que vinimos hasta aquí para nada? - preguntó Catherine.
-Lo lamento...
-Pero, Lyndia, eres una de las mejores hechiceras que conozco que no se encuentre con los vampiros y que tuvo resultados respecto a la maldición.
-Lo lamento querido Sakharov, pero si los hechiceros más importantes y poderosos no pudieron hacer nada, una hechicerita de feria menos.
Lo último casi no lo escuché, Lyndia había logrado romper la maldición de un inguinois por algunos minutos, y que descubriera que no podía alargar más el tiempo rompía mis últimas esperanzas de volver a ser “normal” ¿Tendría que vivir el resto de mi existencia con esta maldición? Tenía que cambiar de forma, lo necesita, de esa forma me sentía aprisionada como si algo me comprimiera por dentro.
Catherine le dijo otras cosas a Lyndia en un vago intento de cambiar algo que no se puede y que nadie pudo hasta el momento.
Mi esqueleto soltó un pequeño sollozo y se aproximó hacia mí. Podía sentir su profunda tristeza e intenté trasmitirle sentimientos de calma, pero fue en vano. No quería estar en ese lugar, no podía, así que me di vuelta y salí de la tienda con mi esqueleto siguiéndome.
- ¡Sakharov! ¡Espera! - me pidió Catherine.
Finalmente, afuera, tomé una gran bocanada de aire para poder digerir la situación. Oí los pasos apresurados de Catherine segundos después.