Cazadores de Deregron: El lobo y el vampiro

25- Pradera

Mi hermano era alguien muy ingenuo y a veces muy terco.

Todo el mundo lo ve muy tranquilo investigando la mejor forma para erradicar la maldición de los inguinois.

Pero yo veo mucho más allá de esa tranquilidad, veo desesperación, miedo, ira y tristeza. Sobre todo, después de robarle todos sus avances a una ingunois de un pequeño pueblo y amenazarla con matarle si descubría que intentaba seguir buscando respuestas a la maldición.

Yo sospechaba desde hace tiempo que él, en realidad, era el creador de la maldición, peo cuando finalmente me lo dijo... Lo culpé, lo culpé de la muerte de mi mejor amiga, Masha, y pude entender por qué sus cuerdas vocales ya no existían y su voz lo había abandonado.

“Todo fue magia Oscura” me había dicho, yo, no lo dudaba, él y Masha congeniaban bastante bien gracias a que tenían una particular (y peligrosa) curiosidad por la magia Oscura.

Aun así, el muy idiota, luego de esparcir la maldición y matar a mi amiga, decidió utilizar ese tipo de magia una vez más para recuperar su voz de nuevo.

Luego de saber la verdad, sin pensarlo dos veces, me mudé a la sección de pociones donde me dediqué a hacer suplementos aburridos para que criaturas que no tenían magia o, la tenían, pero en pocas cantidades, pudieran hacer hechizos simples durante algunos minutos.

Mazknét llamó a mi hermano por su nombre, esa hechicera tenía una especial atracción por las cosas extrañas y peculiares y el cabello semejante a la nieve que mi hermano consiguió gracias al precio de la magia Oscura no era la excepción... Por otro lado, sentía que ella sospechaba de la culpabilidad de mi hermano debido a su gran devoción a querer resolver la maldición cuanto antes. La culpa y la desesperación eran palpables.

- ¡Oye, Pradera! - me llamó mi superior con la traducción de mi nombre-. Espero que hayas terminado esas pociones de Belleza Eterna. El rey las quiere lo más antes posible.

-Ya casi termino- le respondí mientras me volvía a concentrar en los pequeños frascos de un verde turquesa brilloso.

Aun no puedo creer como el inútil de mi hermano haya podido enviar a la pobre princesa vampiro a una cacería sin sentido y no haya tenido las agallas de decirle la verdad.




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