Cazadores de Leyendas - El Devorapecados de Brumavale

Capitulo 3

—¿Me pueden decir por qué siempre me toca el trabajo sucio? —se quejó Braxton mientras saltaba dentro de una de las tumbas vacías.

Cayó con un golpe seco sobre la tierra húmeda, levantando un olor rancio que le hizo arrugar la nariz. Desde arriba, Chase lo observaba en silencio, con los brazos cruzados, sin ofrecer comentario alguno.

Braxton se agachó y pasó los dedos por la madera astillada del ataúd. Al instante, sus dedos quedaron impregnados de una sustancia negra y viscosa, espesa como brea.

—¡Rayos, esto es asqueroso! —volvió a quejarse, sacudiendo la mano y moviendo los dedos frente a su rostro, tratando de entender qué demonios era aquello—. ¡Malditamente asqueroso!

—Deberías dejar de quejarte y trabajar más —dijo Jasper, asomándose desde el borde de la tumba.

Braxton alzó la vista, enarcando una ceja.

—Claro. ¿Por qué no vienes tú aquí adentro y lo compruebas?

Jasper negó de inmediato, con una sonrisa divertida.

—Ni loco.

Braxton refunfuñó algo ininteligible y siguió examinando el interior del ataúd. Fue entonces cuando notó algo extraño: Chase seguía demasiado callado.

Alzó la mirada con más atención. Chase no solo estaba en silencio; parecía distante, como si su mente se encontrara en otro lugar. Y entonces Jasper también se dio cuenta de algo inquietante: Chase no llevaba guantes. Ni gorro. Ni bufanda. Y el frío era brutal.

—¿Chase? —lo llamó Jasper.

Chase parpadeó y le devolvió la mirada.

—¿No tienes frío? —preguntó Jasper, desconcertado.

Chase bajó la vista hacia sus manos desnudas. Las abrió y cerró un par de veces, como probando una sensación que no terminaba de comprender.

—No —respondió lentamente—. En realidad… no tengo frío.

Braxton dejó escapar un sonido seco y saltó fuera del agujero con agilidad, limpiándose como pudo las manos en el abrigo.

—Eso no es lo más raro —dijo—. Estos féretros fueron abiertos desde adentro.

Jasper y Chase lo miraron, sin comprender del todo.

—¿Cómo que desde adentro? —preguntó Chase.

Braxton se encogió de hombros.

—No lo sé —admitió—, pero las astilladuras no mienten. La madera está reventada hacia afuera, no hacia dentro. Algo… o alguien… rompió los ataúdes tratando de salir.

Un silencio incómodo cayó sobre los tres.

El viento se coló entre las lápidas con un silbido bajo y persistente, haciendo crujir las coronas secas y arrastrando hojas muertas sobre la tierra removida. Y por primera vez desde que habían llegado, no fue el frío lo que les erizó la piel.

Un sonido seco, como de ramas quebrándose con lentitud deliberada, surgió desde la línea oscura del bosque.

Los tres alzaron la vista al mismo tiempo.

La niebla se arremolinaba entre los troncos retorcidos, espesándose a medida que el bosque parecía cerrarse sobre sí mismo. Las sombras entre los árboles se movían de forma irregular, demasiado densas para ser solo sombras… demasiado quietas para ser viento.

—Es una mala idea —susurró Braxton sin apartar la vista de los árboles, con la voz más baja de lo habitual.

—Siempre lo es —respondió Jasper, ajustándose instintivamente la bufanda, aunque el gesto no logró disipar la tensión en sus hombros.

Chase dio un paso al frente, en dirección al bosque. Su expresión era concentrada, casi distante, como si algo lo llamara desde la oscuridad.

—Y aun así… —dijo— siempre lo hacemos.

Ninguno discutió.

Se movieron juntos, despacio al principio, dejando atrás las tumbas abiertas y el silencio incómodo del cementerio. Cada paso los alejaba de la seguridad relativa del pueblo y los acercaba a algo que no podían ver del todo, pero que sentían con claridad en el pecho.

El bosque los recibió sin protestar.

Las ramas crujieron otra vez, más cerca esta vez, y la niebla se cerró tras ellos, borrando el camino de regreso.

Sabían que era una pésima idea.

Y, aun así, avanzaron.

***

El bosque se cerró a su alrededor casi de inmediato.

Los árboles crecían demasiado juntos, sus troncos retorcidos formando pasillos irregulares que apenas dejaban pasar la luz. La niebla se filtraba entre las raíces como un animal vivo, enroscándose en sus botas y subiendo lentamente por sus piernas. Cada paso hundía los pies en hojas húmedas y tierra blanda, produciendo un sonido que parecía demasiado alto en medio de aquel silencio expectante.

—Genial —murmuró Braxton—. Si algo nos mata aquí, nadie encontrará nuestros cuerpos.

—Reconfortante —respondió Jasper sin mirarlo, atento a cada crujido.

Chase iba un poco más adelante. No parecía nervioso, pero su postura estaba tensa, alerta. Sus sentidos estaban demasiado despiertos, como si el bosque le rozara la piel.




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