La bruma se arremolinaba baja, espesa, arrastrándose por el suelo empedrado antes de desvanecerse entre los primeros árboles. No había luna. Solo un cielo opaco, cubierto de nubes lentas, y el murmullo constante del bosque aguardando.
Gideon Warf cerró la puerta tras ellos con cuidado, como si temiera despertar a alguien. Era un hombre alto, de hombros anchos y espalda curtida por años de trabajo duro. Su barba oscura estaba salpicada de canas prematuras, y sus ojos grises se movían con una atención constante, leyendo el entorno como otros leían mapas.
—Manténganse cerca —dijo en voz baja—. El bosque no es seguro de noche.
Avanzaron por el sendero apenas visible que nacía detrás de la posada. A cada paso, la bruma parecía cerrarse un poco más, como si el camino se arrepintiera de existir. Gideon caminaba al frente, sosteniendo una lámpara cubierta con un vidrio opaco que dejaba escapar una luz débil, suficiente solo para marcar el suelo inmediato.
—Este sendero no está en ningún mapa —continuó—. Aparece cuando quiere. Y cuando no… más vale no forzarlo.
Alexander avanzaba justo detrás de Gideon, atento a cada uno de sus pasos y a cada palabra no dicha, con los sentidos tensos como cuerdas listas para romperse. A su lado caminaba Cyrene, sorprendentemente serena, como si aquel bosque no le resultara ajeno. Su paso era firme, medido, y su mirada recorría los árboles con una calma que contrastaba con la inquietud del resto, como si reconociera viejas presencias entre la bruma.
Los árboles se alzaban altos y delgados a ambos lados del sendero, demasiado rectos, demasiado cercanos unos de otros. Sus troncos pálidos devolvían la luz mortecina de la lámpara, brillando como huesos antiguos clavados en la tierra. Las ramas crujían sin que hubiera viento, rozándose entre sí con un sonido seco e inquietante.
Braxton aminoró el paso de forma deliberada, dejando que el resto del grupo se adelantara unos metros. El bosque se cerró un poco más a su alrededor, amortiguando las voces y los pasos, hasta que solo quedaron él y Jasper caminando casi hombro con hombro, envueltos en la luz lejana de la lámpara de Gideon.
—¿Por qué no le contaste todo a Alexander? —preguntó Braxton en voz baja, sin mirarlo directamente.
Jasper siguió caminando, los ojos fijos al frente. Durante unos segundos fingió no haber escuchado, o quizá estaba buscando la forma correcta de responder.
—¿A qué te refieres? —dijo al fin, con un tono cuidadosamente neutro.
Braxton soltó una breve exhalación, una mezcla de cansancio y frustración.
—Sabes exactamente a qué me refiero —insistió—. Congelaste el suelo bajo el lobo. Y la forma en que le hablaste… —negó despacio con la cabeza—. Esa cosa no solo retrocedió. Sintió miedo.
Jasper apretó la mandíbula. Sus pasos se volvieron apenas más rígidos.
—No era el momento —respondió—. Mi padre ya tiene demasiadas cosas encima.
—¿Y cuándo va a ser el momento? —replicó Braxton—. Porque eso que hiciste fue diferente a lo que paso en Hailmoor.
Jasper se detuvo un segundo, obligando a Braxton a hacer lo mismo. El bosque pareció inclinarse hacia ellos, atento.
—¿Crees que no lo sé? —susurró Jasper, por primera vez dejando escapar algo de tensión—. ¿Crees que no lo sentí?
Alzó la vista hacia las ramas oscuras.
—Cuando el hielo salió… no lo forcé. Me respondió. Como si hubiera estado esperando.
Braxton frunció el ceño, bajando un poco la voz.
—¿Tienes miedo?
Jasper no respondió de inmediato. Reanudó la marcha con pasos más lentos, como si necesitara ese ritmo para ordenar lo que llevaba dentro. La luz de la lámpara se reflejó un instante en su rostro, revelando un gesto cansado, demasiado serio para alguien de su edad.
—Sí —admitió al fin—. Tengo miedo.
Exhaló despacio antes de continuar.
—Papá ya está bastante preocupado —añadió, sin mirarlo—. Y mírate a ti… —hizo un gesto breve con la cabeza—. Estamos a punto de tener al primer Wulver entre las filas de la Orden.
Braxton apretó la mandíbula, pero no discutió. Sabía que, detrás del tono práctico de Jasper, había algo más profundo: culpa, incertidumbre… y el temor de que todo se estuviera saliendo de control demasiado rápido.
—Entonces vas a cargar con esto solo —dijo finalmente.
Jasper negó con la cabeza.
—No —respondió—. Te lo estoy diciendo a ti.
Braxton lo miró de reojo.
—Qué honor.
Una sombra de sonrisa cruzó el rostro de Jasper, breve y cansada.
—Si pierdo el control —añadió en voz más baja—, necesito que alguien me detenga.
Braxton no respondió de inmediato. El recuerdo de su propia promesa a Diana le cruzó la mente como un golpe silencioso.
—Parece que todos estamos haciendo promesas peligrosas esta noche —murmuró.
Delante de ellos, Gideon levantó la lámpara un poco más alto, y el sendero volvió a abrirse. Jasper aceleró el paso para reunirse con el grupo.
#679 en Fantasía
#132 en Magia
brujas, criaturas magicas fantasia y poderes, cazadora de criaturas sobrenaturales
Editado: 10.02.2026