La puerta de la posada retumbó con un golpe seco y contundente, tan fuerte que hizo vibrar las paredes. El sonido se propagó por la sala vacía, amplificado por el silencio incómodo que había quedado tras haber echado a todos.
Thane y Lily alzaron la vista al mismo tiempo, sobresaltadas. Sus miradas se dirigieron de inmediato hacia Cyrene, que permanecía de pie junto al mostrador, serena, aunque con los labios apretados. La mujer no dijo nada; simplemente inclinó levemente la cabeza, indicándoles que confirmaran quién estaba al otro lado.
Thane se levantó con rapidez y avanzó hacia la puerta. Se detuvo a unos pasos, conteniendo la respiración, acercándose lo suficiente como para distinguir cualquier sonido al otro lado de la madera.
—¿Quién es? —preguntó, con voz firme, aunque el pulso le latía con fuerza en los oídos.
Durante un instante no hubo respuesta.
El silencio se estiró, incómodo.
—Soy Ember Brack —dijo finalmente una voz femenina desde el otro lado, áspera, cargada de una autoridad que no admitía dudas.
Thane giró la cabeza de inmediato y buscó a Cyrene con la mirada. La noche anterior, apenas Alexander y los demás se habían marchado, habían hecho salir a todos los huéspedes de la posada. Ahora solo quedaban ellos tres… y el espejo oculto en las profundidades del edificio.
Cyrene negó lentamente con la cabeza.
No.
Thane tragó saliva y volvió a dirigirse a la puerta.
—Lo siento —respondió—. La posada está cerrada. Vuelva más tarde.
La respuesta no fue aceptada.
La puerta volvió a estremecerse bajo un segundo golpe, aún más fuerte.
—Niña —escupió la mujer—, deja de decir tonterías y abre la puerta ahora mismo.
Thane apretó los dientes.
—Ya le dije que no.
El silencio regresó, más pesado que antes. Lily se acercó un poco más a Cyrene, instintivamente, como si su cuerpo reconociera el peligro antes que su mente.
Desde el otro lado, la voz de Ember Brack volvió a oírse, esta vez más baja, más fría.
—Volveré —amenazó—. Y no estaré sola.
Hizo una breve pausa.
—Traeré al alcalde.
Los pasos se alejaron, pero la sensación de amenaza permaneció, flotando en el aire.
Thane no se movió de la puerta hasta estar segura de que ya no había nadie al otro lado. Solo entonces exhaló lentamente.
Cyrene cerró los ojos un instante.
—Creo que esto esta a punto de terminar —murmuró—. Prepárense, porque pronto tendrán que pelear.
Lily desvió la mirada, casi sin querer, hacia el espejo. Estaba apoyado contra la pared. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Esa cosa… —murmuró, bajando la voz— me da una mala vibra.
Se abrazó a sí misma, frotándose los brazos, intentando entrar en calor, aunque el fuego de la chimenea seguía encendido. No era frío lo que sentía. Era otra cosa. Una incomodidad visceral, como si el espejo la estuviera observando incluso cuando ella no lo miraba.
El golpe volvió a resonar en la puerta de la posada.
Esta vez no fue uno solo, sino dos golpes firmes, que hicieron vibrar la madera vieja. Lily dio un respingo y miró de inmediato hacia la entrada. El corazón le latía con fuerza, todavía con la sensación del espejo clavada en el pecho.
Cyrene alzó una mano, pidiéndoles silencio.
Thane se acercó otra vez a la puerta, con pasos cautelosos. Se detuvo a un lado, apoyando la palma contra la madera fría.
—¿Quién es? —preguntó, repitiendo la pregunta, aunque esta vez su voz sonó más tensa.
Del otro lado se escuchó una respiración conocida, seguida de una voz grave.
—Alexander.
Thane exhaló despacio. Reconocería esa voz en cualquier parte.
Aun así, no abrió de inmediato. Apoyó la frente contra la puerta un segundo, como si confirmara que no se trataba de un engaño, y luego miró por encima del hombro hacia Cyrene.
Ella asintió.
—Abre —dijo simplemente.
Thane retiró los cerrojos con rapidez. La puerta se abrió dejando entrar una ráfaga de aire helado junto con el grupo. La nieve se coló en el umbral y el olor a bosque, a hierro y a sangre llenó la posada.
Alexander fue el primero en entrar. Tenía el abrigo cubierto de escarcha y el rostro marcado por una noche sin descanso. Detrás de él pasaron Diana y Chase, seguidos de Braxton, Leonard, Rigel y Jasper. Enzo entró apoyado en Jasper, caminando con dificultad, pero erguido.
—Cerrad la puerta —ordenó Alexander apenas cruzó el umbral.
Thane lo hizo de inmediato, asegurando los cerrojos con manos expertas. El silencio que siguió fue tenso.
Lily dio un paso al frente, acercándose al grupo apenas cruzaron el umbral.
—Qué bueno que están de regreso —dijo, y aunque intentó sonreír, el alivio no logró ocultar del todo el temblor en su voz.
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Editado: 10.02.2026