Diana y Chase corrieron hacia el salón principal, el corazón golpeándoles el pecho con violencia. Se detuvieron en seco al cruzar el umbral.
La escena era irreal.
El enorme lobo blanco se alzaba frente a Cyrene como una muralla viviente, el pelaje erizado, los colmillos al descubierto. Frente a él, otro lobo, más oscuro, más salvaje, gruñía con ferocidad. A un costado, la mujer de la capa púrpura y el cabello bermejo observaba la escena con una sonrisa torcida, llena de desprecio.
—Braxton… —murmuró Diana.
Su voz salió baja, temblorosa, pero aun así el lobo blanco la escuchó. Giró apenas la cabeza, lo suficiente para clavar en ella unos ojos amarillos que ardían con inteligencia.
Diana contuvo el aliento.
Lo reconoció de inmediato.
No era un monstruo. Era él.
Ese segundo de distracción fue todo lo que Ruairí necesitó.
El lobo oscuro se lanzó como un rayo, embistiendo con todo su peso contra Braxton. Ambos cuerpos chocaron en el aire y rodaron por el suelo entre gruñidos y colmillos, haciendo temblar el piso de la posada. El impacto sacudió muebles y levantó polvo y astillas.
—¡Braxton! —gritó Leonard, avanzando un paso antes de que Alexander lo detuviera.
Al mismo tiempo, la bruja se movió.
Ember alzó la mano, murmurando palabras antiguas, y una ráfaga invisible salió disparada directamente hacia Diana y Chase.
—¡Diana, no! —gritó Chase.
Reaccionó por puro instinto. Se lanzó hacia su hermana y tiró de ella con fuerza, haciéndola caer al suelo justo cuando el ataque pasó silbando por encima de sus cabezas y estalló contra la pared, arrancando madera y piedra.
—¡Rigel! —rugió Alexander.
La respuesta fue inmediata.
El silbido de una flecha cortó el aire y, un segundo después, un grito ahogado llenó la sala. La flecha de Rigel se clavó con precisión en el hombro de Ember Brack, haciéndola retroceder varios pasos.
—¡Maldito cazador! —escupió ella, apretando los dientes mientras se sujetaba la herida.
El caos era total.
Entre gruñidos y golpes, Diana logró incorporarse, el miedo transformándose en urgencia.
—¡Abuela! —gritó, con la voz quebrada—. ¡Enzo y su abuelo escaparon! ¡La habitación está vacía!
La frase cayó como un golpe seco.
Ruairí se congeló por un instante, separándose de Braxton. Giró la cabeza lentamente hacia Ember, sus ojos brillando con furia.
—No podemos dejarlo escapar —gruñó la bruja, con una sonrisa cruel—. Si huye, todo habrá sido en vano.
El líder de la manada no dudó.
Con un salto ágil, se apartó del lobo blanco y salió disparado hacia la puerta destrozada de la posada. Al cruzar el umbral, alzó la cabeza y lanzó un aullido largo, profundo, que atravesó la bruma y resonó en todo Brumavale.
La llamada de la manada.
Braxton se irguió de inmediato.
Pero no hubo confusión en su mirada. No hubo obediencia.
Con un rugido ensordecedor, el lobo blanco salió tras él, no respondiendo al llamado… sino persiguiéndolo.
No como parte de la manada.
Sino como cazador.
***
La nieve crujía bajo sus botas mientras retrocedían palmo a palmo, sin darse la espalda jamás. Thane, Lily y Jasper habían terminado formando un círculo imperfecto, espalda contra espalda, respirando con dificultad, los músculos ardiendo por el esfuerzo constante.
—¡No se detienen! —gritó Lily, descargando otra flecha que impacto contra el pecho de uno de los cuerpos.
La criatura apenas se tambaleó.
El impacto le arrancó un trozo de carne ennegrecida, pero el cuerpo siguió avanzando, los ojos vacíos, la mandíbula colgando en un ángulo imposible. A su alrededor, otros emergían de la tierra oscurecida, arrastrando piernas rotas, manos convertidas en garras, todos moviéndose con una voluntad ajena.
Thane tensó el arco una y otra vez.
—¡Esas cosas son invencibles! —gritó, lanzando otra flecha que atravesó el cráneo de un cadáver sin detenerlo—. ¡Están muertos, es inútil!
La flecha quedó incrustada, pero el cuerpo siguió caminando, como si el dolor ya no existiera para ellos.
Jasper jadeaba, la cabeza le palpitaba con violencia. Cada paso de aquellas criaturas era como un martillazo dentro de su mente. Levantó la ballesta e intentó concentrarse. Una onda de energía salió despedida y empujó a varios cuerpos hacia atrás… solo para verlos incorporarse de nuevo segundos después.
—Es inútil —dijo con la voz rota—. No sienten nada.
Un gruñido los obligó a girar apenas.
Entre la bruma, los wulvers se movían como sombras. Ojos amarillos brillaban en la niebla, rodeándolos lentamente, cerrando el círculo. Uno de ellos se lanzó y Lily apenas logró evadirlo lanzándole una flecha. El wulver esquivo la flecha haciéndose rodar por la nieve.
#679 en Fantasía
#132 en Magia
brujas, criaturas magicas fantasia y poderes, cazadora de criaturas sobrenaturales
Editado: 10.02.2026