El viento frío soplaba entre las lápidas, agitando las capas negras de los cazadores como sombras inquietas. Nadie habló mientras el ataúd descendía lentamente en la fosa, sostenido por cuerdas que crujían con cada centímetro que avanzaba hacia la tierra.
Thane se aferró con más fuerza a la mano de su padre, como si temiera que al soltarlo podría caer también ella.
El padre Lucien Blanc leyó algunos pasajes de la Biblia y pronunció un par de oraciones solemnes antes de hacer la señal para que comenzaran a cubrir el ataúd con tierra. Nadie se movió. El silencio era tan denso que parecía aplastarlos contra la nieve. Solo el llanto suave y entrecortado de Thane rompía aquel momento insoportablemente triste.
Cuando el rito llegó a su fin, Cyrene se acercó al sacerdote. Su voz fue baja, respetuosa, casi un susurro.
—Padre, espero que pueda acompañarnos a tomar un café. Creo que ambos sabemos que hay cosas de las que debemos hablar.
Lucien la miró con seriedad, entendiendo el peso oculto tras aquella invitación, y asintió sin decir palabra.
Uno a uno, los presentes comenzaron a retirarse. Pasos lentos. Cabezas gachas. Miradas que evitaban la tumba.
Hasta que solo quedaron Kane y Thane frente a la lápida recién colocada.
—Siento mucho… —comenzó a decir Braxton, rompiendo el silencio.
—¡Cállate, Braxton! —lo interrumpió Kane con violencia—. Nada de lo que digas va a cambiar nada.
Barret se acercó en ese momento, seguido por los demás.
—Kane, no seas tan duro —dijo con calma—. Solo queremos apoyarlos.
Kane giró el rostro hacia él, los ojos atravesados por una furia que no sabía dónde descargar.
—¿Apoyarnos? —rió, sin humor—. Mi hermana está muerta.
Luego se volvió directamente hacia Braxton.
—Y cualquier cosa que salga de tu boca no significa nada. A ti solo te importan Chase y Diana. Mientras ellos estén bien, nadie más te importa.
Braxton apretó los puños, luchando contra el impulso inmediato de golpearlo.
—¡Basta! —intervino Borja, dando un paso adelante—. Pelear así no va a solucionar nada.
Braxton alzó la voz, incapaz de quedarse callado.
—¿Y tú de qué hablas? Diana y Chase llevan semanas inconscientes. ¡Es posible que nunca despierten!
Kane apartó a Thane con cuidado y se plantó frente a Braxton.
—Es lo menos que merecen —escupió—. Después del genocidio que cometieron…
El puño de Braxton se elevó en una fracción de segundo y se estrelló contra el rostro de Kane, lanzándolo al suelo.
Un silencio atónito cayó sobre el cementerio.
Kane levantó la vista desde el suelo, la sangre brotando de su labio. Se la limpió con el reverso de la mano y sonrió con pura rabia.
—¡Maldito monstruo! —escupió mientras se ponía de pie—. Inténtalo de nuevo.
Alzó la mano, provocándolo.
—¡Hazlo!
—¡Kane, ya basta! —gritó Thane, desesperada—. ¡Si alguien tiene la culpa de que Lily esté muerta… soy yo!
Kane se giró de inmediato. Su expresión se quebró, la furia dando paso a un dolor desnudo, insoportable.
—No —dijo con la voz rota—. No es tu culpa.
Luego volvió a mirar a Braxton, los ojos ardiendo.
—Es culpa de estos idiotas.
—Se acabó —dijo Rigel, interponiéndose entre ambos—. Braxton, vete con Barret. Y trata de olvidar lo que acaba de decir este idiota.
A Braxton no le gustó recibir órdenes, pero terminó asintiendo. Dio media vuelta y se marchó junto a Barret, que más que acompañarlo, se aseguró de que no regresara para continuar la pelea.
—Tú también eres patético —escupió Kane—. Siempre…
—Cuida tus palabras, Kane —lo interrumpió Rigel, con voz firme—. Porque, aunque estés sufriendo, no voy a permitir que insultes a otras personas. Y menos a personas que me importan.
Kane apretó los labios, temblando.
—Lily está muerta —continuó Rigel—. Y no es culpa de nadie. Todos hicimos lo que pudimos. Incluso ella.
Rigel miró la tumba.
—Murió haciendo lo mejor que sabía hacer… ayudar a otros.
Rigel giró lentamente la cabeza y miró la tumba. La tierra aún estaba fresca, oscura, como una herida que no había empezado a cerrar.
—En lugar de buscar culpables —dijo al fin, con la voz baja pero firme—, o personas contra las que descargar tu dolor… deberías preguntarte cómo honrar su memoria.
Hizo una breve pausa.
—Porque seguir rabiando no la va a traer de vuelta —continuó—. Lily no era así.
Volvió la mirada hacia Kane, sin dureza.
—Si hay algo que podría darle paz… sería saber que su muerte no nos convirtió en personas peores. Que su recuerdo nos obliga a ser mejores.