Cazadores de Leyendas ̱ El Guardian de Everwood

Capitulo 3

—Continuaré rastreando a Jasper —dijo Alaric a su hermano, con voz firme—. Haré lo que sea necesario, pero te prometo que lo encontraré.

Alexander no respondió de inmediato. Permaneció en silencio, con las manos apoyadas sobre las rodillas, observando el fuego arder en la chimenea como si buscara respuestas en las llamas.

—Lleva contigo a Rigel… y a Kane —dijo al fin, sin apartar la vista del fuego.

—De ninguna manera —intervino Uzías de inmediato, con una dureza que no admitía réplica—. Kane se queda conmigo. A partir de ahora, mis hijos permanecen bajo mi guardia.

Los presentes se miraron unos a otros. Nadie discutió. En el fondo, ninguno podía culparlo por querer mantener a sus hijos cerca después de lo ocurrido.

—Rigel también se queda conmigo —añadió Griffin—. No quiero que me malinterpretes, Alexander, pero necesito al muchacho aquí.

Alexander levantó la vista y asintió con lentitud. No quería imponer nada; comprendía demasiado bien lo que cada uno estaba sintiendo.

—Yo iré con Alaric —intervino entonces Theron—. Me llevaré a Borja y a Barret. Así podremos ayudar en la búsqueda… y al mismo tiempo mantener un ojo sobre mis propios hijos.

Alexander lo miró y asintió, agradecido.

—Gracias a todos —dijo Alexander, poniéndose de pie—. Continuaremos más tarde.

Se dirigió hacia la puerta sin mirar atrás. La reunión había terminado, pero el peso de lo que habían decidido apenas comenzaba.

Alaric lo siguió hasta el pasillo.

—Alexander —lo llamó, obligándolo a detenerse—. ¿Estás bien?

Alexander se giró. El cansancio era evidente en su rostro; no había forma de ocultarlo. Parecía un hombre que llevaba demasiado tiempo sosteniendo un mundo que se desmoronaba.

—No —admitió—. No lo estoy. Todo está cambiando demasiado rápido.

Alaric frunció el ceño.

—No pueden hablarte así —dijo—. Eres el líder de la Orden…

Alexander negó lentamente.

—Tienen razón —respondió—. Yo nunca envié a mis hijos bajo la responsabilidad de otros. Siempre los mantuve cerca. Fui el primero en romper la regla de la rotación de cazadores.

Hizo una pausa breve.

—Así que es justo que ahora ellos quieran hacer lo mismo.

Alaric apoyó una mano firme sobre el brazo de su hermano y lo apretó, transmitiéndole una promesa silenciosa.

—Te juro que lo encontraré.

Alexander sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.

—Eso es lo que temo —respondió.

Y sin decir nada más, continuó su camino, dejando a Alaric solo en el pasillo, con la certeza de que encontrar a Jasper quizá no significaría salvarlo.

***

—Levántala con cuidado —indicó Sage, mientras Rigel deslizaba las manos bajo el cuerpo de Diana—. Su energía está inestable.

Rigel la sostuvo con firmeza.

—No tienes que decírmelo —respondió en voz baja—. Ya lo sé.

En ese momento, Alexander entró en la habitación y se quedó inmóvil en el umbral, observando el movimiento con evidente desconcierto.

—¿Qué están haciendo? —preguntó en cuanto su mirada se cruzó con la de Sage.

Ella alzó una mano, restándole dramatismo a la pregunta, aunque no dejó de responder.

—La llevamos con Chase.

Alexander frunció el ceño, claramente incómodo. Rigel pasó a su lado sin detenerse y entró en la habitación contigua, donde Lena los esperaba con todo preparado.

—¿Por qué están haciendo esto? —insistió Alexander, siguiéndolos.

Rigel colocó a Diana sobre la cama con sumo cuidado. Lena la cubrió de inmediato con una manta gruesa, mientras Sage se acercaba para acomodar ligeramente las cabezas de ambos, dejándolos más próximos, casi como si durmieran juntos.

—Porque están heridos —respondió Sage con calma—. Y porque están luchando.

Alexander observó la escena en silencio.

—Los hemos mantenido separados todo este tiempo —continuó—, cuando lo único que han hecho siempre es sostenerse el uno al otro.

Sage se enderezó y lo miró directamente.

—Braxton ocultó que su vínculo energético con ellos se había roto por completo. Eso los dejó sin equilibrio. Diana y Chase están… desequilibrados.

Alexander palideció.

—Están luchando por recomponerse —añadió Sage—. Y quizá sea ingenuo de mi parte, pero creo que, si están cerca, si sus energías vuelven a reconocerse, podrán luchar mejor.

El silencio se extendió en la habitación, pesado, expectante.

Alexander caminó hasta la cama y se sentó en el borde. Permaneció unos segundos en silencio, observando a sus hijos. Diana y Chase yacían uno junto al otro, respirando con lentitud, como si incluso inconscientes buscaran sincronizarse.

—Tienes razón —murmuró al fin—. Ellos odian estar separados.




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